jueves, octubre 05, 2006

Teoría del trauma

Estoy trabajando en una teoría del trauma para explicar la transexualidad.

La simple predisposición de tipo biológico no me parece una causa suficiente.

Primero, hay montones de varones hipoandrogénicos (tímidos, introvertidos, poco o nada dados a los deportes fuertes) y de mujeres hiperandrogénicas (audaces, extravertidas, deportistas), que no son transexuales y,

segundo, hay transexuales, de hombre a mujer, que no han sido hipoandrogénicas (han sido resueltas, mandonas, peleonas) ni hiperandrogénicos en el caso de mujer a hombre (han sido reflexivos, intelectuales, tranquilos)

Entonces, hay que dejar la biología básicamente fuera, aunque muchas personas transexuales, desde luego, hayan sido hipoandrogénicas o hiperandrogénicas, respectivamente. Pero esto funciona de otra manera. No es la biología la causa directa.

La causa directa puede estar en un trauma, entonces. Diré que creo que se trata de un trauma de inadaptación muy fuerte.

La inadaptación puede darse por muchas razones, pero creo que la más frecuente puede ser la conciencia de ser más o menos diferente de los compañeros del mismo sexo que han tocado en clase, o bien, otras veces, diferente del propio padre del mismo sexo, por los mil motivos concebibles.

El mundo de los niños y los adolescentes es muy cerrado; esta inadaptación se convierte fácilmente en un rechazo mutuo que, cuando es fuerte y duradero, puede dar lugar a una respuesta adaptativa que es el rechazo en bloque de la masculinidad en sí mismo o de la feminidad en sí misma.

Se abre entonces un proceso transexual que, cuando también es duradero, cuando ocupa sobre todo muchos años de la edad de la formación, se vuelve irreversible.

Es verdad que, muchas veces, la razón de la inadaptación es la hipoandrogenia en los niños o la hiperandrogenia en las niñas. Pero no necesariamente: niños hipoandrogénicos pueden tener la suerte de adaptarse bien a su medio y consolidar una identidad masculina y niñas hiperandrogénicas pueden integrarse bien igualmente y asumir, pese a todo su carácter, una identidad femenina.

La teoría del trauma consolida paradójicamente el valor de la transexualidad.

Si fuera sólo biológica, cabría entenderla como una disfunción, y podemos temer que, en el futuro, se hicieran análisis prenatales para determinar la cantidad de andrógenos que están bañando al niño o niña y corregirlos con alguna inyección.

(A nadie le gusta pensar que su condición esté destinada a extinguirse)

Pero el caso de los traumas es diferente. Golpes, heridas, traumas habrá siempre, en una existencia darwiniana señalada por la lucha y el dolor.

Y las respuestas a los traumas son creadoras y ratifican la adaptación mejor de quienes los han padecido y superado. Esto marca el valor de la transexualidad, su realidad positiva, afirmativa.

Y además permite relativizar el concepto del propio sexo de la persona transexual. No hace falta decir tanto como “soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre”, o al contrario, “soy un hombre atrapado en un cuerpo de mujer”, sino simplemente, “soy un hombre que he necesitado vivir como mujer” o “soy una mujer que he necesitado vivir como hombre”.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy muy de acuerdo contigo, y me quedo especialmente con una de las frases finales: “soy un hombre que he necesitado vivir como mujer”.

Un besote.

Aniel

Kim Pérez dijo...

Gracias, Aniel. Lo que no sé todavía es si es una teoría de valor general o sólo aplicable a una clase de transexualidad. Lo que sí sé es que conozco a personas transexuales en cuya historia veo estos traumas, que también supongo que a veces pueden ser como lentos, no visibles a primera vista.

Otro beso,

Kim

andrea dijo...

Yo soy una mujer atrapada en un cuerpo no totalmente de mujer.

Besos

Anónimo dijo...

siempre pensando, discurriendo, pero esto que es...sì que pensar es neceaario, filosofar parece que es necesario, o no...y la muerte donde está

Kim Pérez dijo...

Andrea,

la percepción de las diferencias personales es lo más grande en lo que nos podemos embarcar.

Kim

Kim Pérez dijo...

Anónimo o Anónima,

la muerte está delante de todo lo que hago, como un límite antes del cual tengo que resolver mis confusiones, para llegar a ella radiante.

Kim