lunes, octubre 02, 2006

Concentración

Llega el momento en que se sabe que se debe concentrarse en determinados temas. En mi caso, uno de ellos es la transexualidad, no sólo porque yo necesito saber qué soy, sino por lo que esto pueda servir para otras personas.

También puedo saber que mi manera de pensar para esto ha de ser teórica, porque lo que necesito primero es la verdad; podría encontrarla a través de la estética, pero necesitaría una llamarada de intuición, porque si no, me perdería en la confusión de esteticismos extraviados.

Quince años después de haber empezado a salir del armario definitivamente, puedo constatar lo que ahora digo:

Me siento varón, del tipo cerebrotónico (intelectual y sentimental), distinto del somatotónico (muscular y activo) y del viscerotónico (práctico, gozador)

Mi sexualidad, siendo muy fuerte y en general ginéfila, ha permanecido imprecisa en cuanto a las mujeres determinadas; y siento un gran amor por la belleza de mi madre.

Mi afectividad ha sido tenazmente homófila, confundiéndola con una homosexualidad o excitación por los hombres que nunca se ha hecho real. Los dos objetos de mi homofilia han sido la imagen de mí mismo en un amigo y la imagen paterna.

Socialmente, no puedo vivir como varón. Me tranquiliza y estabiliza vivir como transexual, dentro del refugio de esta identidad.

Subjetivamente, íntimamente, rechazo la genitalidad masculina, que me desagrada tanto anatómica como funcionalmente y tanto en mí como en los otros y me gusta con naturalidad la forma de mi cuerpo tras la operación (lisa; no me interesa la neovagina; casi prefiero ignorarla)

Los tres primeros puntos indican una masculinidad temperamental básica y definida, no evolucionada desde luego, pero el cuarto y el quinto señalan un trauma relacionado con la genitalidad.

Todo esto suena en efecto a trauma y no a predisposición natural por las siguientes razones:

No tuve ningún problema genital antes de la pubertad, cuando no sentí más que una curiosidad no muy fuerte por un órgano que me parecía tierno y delicado.

Lo que no pude asimilar fue la pubertad, porque no me adapté a mis compañeros, lo que hizo que no me aceptaran y que yo no los aceptara a mi vez y relacionara con ellos, a quienes rechazaba con profunda ira, mi pubertad y mi genitalidad.

El trauma consistió fundamentalmente en no querer y no poder ser como ellos, interpretados como la masculinidad personificada, así como en la falta de apoyo y la falta de entendimiento con mi padre por mi forma de ser (intelectual y sentimental, mientras que él era muy enérgico y activo) y por la suya (por su aspereza y su insociabilidad), sentimientos que se superpusieron por entonces al cariño.

En la crisis con mis compañeros, me faltó el apoyo paterno. Si hubiese tenido un amigo que fuera tal como deseaba y mi padre me hubiera demostrado más entonces su cariño y compañía, no hubiera sido transexual y mi evolución hubiera continuado quizás hasta hacer posible la heterosexualidad.

En vista de mi experiencia personal, extraigo una interpretación de mi transexualidad como trauma que interrumpe la evolución biológica y que da lugar a una reacción adaptativa: si no puedo y no quiero estar entre los varones, me iré con las mujeres; esta reacción fue seguida por varios automatismos parafílicos, que duraron mientras sólo fue imaginaria.

Dentro del debate sobre la homosexualidad o la transexualidad, observo que este esquema es coherente con el de Freud. Supone que hay en general una predisposición genética hacia la heterosexualidad, fundada en la tendencia primordial de la vida hacia su reproducción.

En mi historia personal puede que hubiera dificultades (carácter intensamente intelectual y sentimental, poca definición del deseo de la mujer), pero no impedimentos definitivos (intersexualidad biológica, por ejemplo) para esta evolución. Si no se dio, sería por un bloqueo traumático y la reacción de adaptación que le siguió.

Por tanto, en conformidad con la teoría de Freud sobre la homosexualidad, mi transexualidad se debería a una detención y fijación en un estadio inmaduro de mi evolución, que creo que debe considerarse definitivo, dado que cada fase supone un conjunto de circunstancias y experiencias que sólo se pueden dar en la edad correspondiente.

La teoría de Freud, aunque es psicologista, presupone un biologismo determinista. Ha sido vehementemente contestada por la escuela de Foucault, que hoy es la hegemónica (teoría de género o constructivismo)

Ésta supone una biología indeterminada y multivalente, sobre la que se construyen cultural y políticamente diversas formas de sexualidad, como las históricamente llamadas homosexualidad (que crea la llamada heterosexualidad y no al revés) y la transexualidad.

El desarrollo histórico hacia la liberación conduciría hacia una sociedad multiforme y sin reglas, en la que no habría ya orientaciones ni géneros (que serían regulaciones políticas del sexo)

Esta perspectiva es finalista, pero conduce hacia lo amorfo. La contradice la firmeza del biologismo animal, que conduce a preguntarnos si, entre los humanos, la cultura puede anular la biología.

Es cierto que el hombre está sometido sólo a la lógica, lo único que no puede violentar aunque quiera, por lo que potencialmente puede desbiologizarse, por lo que las extrapolaciones lógicas hacen concebible una razón humana no sometida a lo biológico (ya los tratamientos farmacológicos de las psicopatologías hacen posible esta insumisión)

Pero la vinculación de la afectividad con la biología hace que se pueda modificar pero no anula; la razón puede intentar justificar la anulación de lo existente y su recreación ex novo; pero también, la razón humana, limitada, puede intentar respetar la razón objetiva de la biología para intentar comprenderla, no negarla.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Pareces mi alma gemela pienso muy similar que mi caso o situasion tiene unos causales del mismo tipo

Kim Pérez dijo...

Gracias, tus palabras me hacen sentir más acompañada y que no escribo sólo de mí.

Kim

Andrea dijo...

Kim,

Lo que describes de tu infancia y pubertad...¿Nunca has pensado que te pasó que tu tenías un Sindrome de Electra (con tu Padre, por supuesto)pero escondido tras un Sindrome de Edipo, y quizas por eso, tenías y pienso que aun lo mantienes como cierto reparo al hablar con más cariño hacia tu Padre, ya que él no te mostró su cariño como a ti te hubiera gustado y por eso te refugiabas y refugias, solamente en el cariño de tu Madre? No sé...pregunto...

Por cierto me gusta la música que has puesto en el Blog

Besos

Kim Pérez dijo...

Hola Andrea,

Me parece que lo que formé fue un Edipo porque desde siempre he amado en mi madre su belleza física, pues ha sido guapísima, y por mi padre he sentido sobre todo una grandísima admiración.

Todo esto me refuerza mi hipótesis de que soy psíquicamente un varón muy traumatizado, que ha necesitado su transexualidad como forma de adaptación.

Kim

Andrea dijo...

Kim dijo...

...por mi padre he sentido sobre todo una grandísima admiración.

Todo esto me refuerza mi hipótesis de que soy psíquicamente un varón muy traumatizado, que ha necesitado su transexualidad como forma de adaptación.


Entonces si has necesitado tu transexualidad como forma de adaptación, en tu transexualidad escondes un Sindrome de Electra, ¿No? Tu misma has admirado grandemente a tu Padre (tu lo dices en pasado).

En el presente y por otros escritos tuyos, creo entender que buscas y encuentras un amor y una gran admiración por/en hombres que quizás te recuerden una gran admiración a tu Padre, sin necesidad de suplir uno por otro.¿No? ¿O me confundo totalmente?

Besos