miércoles, noviembre 15, 2006

Pobre vida mía




Es mi historia como varón hipoandrogénico, inadaptado, que reaccioné llegando a un cambio de sexo, un exilio de mi realidad, un refugio acaso necesario. Al escribir este resumen de lo más importante, la veo en conjunto, intuitivamente, algo que no había conseguido hasta hoy.

Edad prenatal: Mi madre tuvo que tomar progynon antes de mi embarazo, para salvarme la vida. En 1940, sufrió un fuerte estrés de guerra. Ambos factores son desmasculinizantes. Tengo un recuerdo de esa edad: el tacto del cordón umbilical, liso y retorcido sobre sí mismo.

Niñez: Identidad masculina. Mi hermana, niña; yo, niño, sin problemas. Juguetes preferidos: avión que volaba de verdad. Canoa. Soñados: Un tranvía de madera. Otro avioncito (mi padre era aviador) Total indiferencia por “Gisela” de mi hermana. Amor por mi madre. Edipo normal.

Felicidad en Almuñécar. Barcos. Pesqueros. Mamparras. Una “novia” teórica, de mi edad. Uno de los gemelos me enternece.

7 años: Primera Comunión entre niños, sentimientos encontrados, no hay tiempo para formar amistades. Entre ellos, mi futuro cuñado Antonio. No envidio a las niñas.

7 años. Colegio: Traumático. Aspereza. Angustioso. Protección espontánea del Padre Pío, joven, alto y bueno, y busco la del Padre Espiga, cuarentón, equilibrado, facciones nobles.

8 años. Pavor por amenaza de un compañero. Reacciono creando fantasía masoquista. Nostalgia vida educada y civilizada del colegio de niñas, haber sido niña (Creo que en cualquier colegio de niños no me habría adaptado… Ni en los británicos)

9 años. Primer amigo, Juan, bueno, maniático, pero feo. Ya por entonces, me doy cuenta de que mi principal problema es la ira, que tengo que dominar. Se acaba Almuñécar. Terrible soledad en temporadas en el cortijo.

10 años. Rechazo de mis compañeros. “Mariquita”. Me sorprende. Soledad. El fútbol no me interesa, a ellos les apasiona. No sé jugar, ni quiero. “Capitanes intrépidos”, el niño igual que yo, aprende a ser grumete porque el pescador paternal le enseña. Lloro.

Todo sigue así hasta

13 años. Pubertad. Traumática, fea. Creo que el semen es pus podrido.

14 años. Ellos, 15. Indulto, me admiten. Pero su pubertad, son groseros. Rechazo radical por mi parte: No quiero ser como ellos, no quiero ser hombre. Espejo. Me travisto. Excitación contra mi voluntad. Culpa. De rodillas. Rezo. Llanto. Quiero cambiar de sexo. Desesperación, porque lo veo imposible. Pretendo llegar a un acuerdo con el demonio: ofrezco llevar a otras personas a lo mismo.

15 años. Rabonas continuas ("novillos"). Alhambra, ciudad, cines, robo en casa dinero para ir. Crisis moral terrible. Transvestismo. Voy a clase con bragas, sostén y medias. Masturbaciones. Culpa. Noches de verano. Lecturas que me erotizan (heterosexualmente) Amistad con Juanito y Enrique. Ciclo asexualidad-transvestismo.

16 años. Curso Preuniversitario ciencias-letras. Con Manolo. Reconciliación. Empieza la neurosis obsesiva. Terrible. Sigue el ciclo travestista. Empiezo Derecho con 16 años, 5 meses y medio. Facultad masculina, bancas llenas de obscenidades. Nuevos amigos, inteligentes, pero feos, lo que me impide identificarme con ellos.

18 años. Nueva crisis de rechazo, por cursi –lo fui-, en la Facultad. Nuevo acoso y burlas. No acabo el curso, 3º. Engaño con notas a mi padre.

19 años. Paso a Filosofía y Letras. Mayoría de mujeres. Ordenada, civilizada. Feliz. Amigos y amigas: Joaquín y Joaquín, Juana, Fina y… Hay un poeta alumno, mayor, y otro joven que escribe sonetos en la maravillosa Biblioteca. Jardín con magnolios. Juana, guapa. Coquetea conmigo, pero me obsesionan inventados rasgos físicos, mínimos pero insalvables (no hay libido en mí) La neurosis obsesiva se hace insoportable. En verano, a la Clínica Coronel Médico Dr. Escudero, en Madrid. Comas insulínicos. Fina me escribe amigablemente(tiene novio) Alicia, Pili. Estatuto asexuado, consciente y aceptado por mi parte. He empezado mi correspondencia con Philippe, homosexual de mi edad (homoafectividad muy fuerte, modelo de alegría y vitalidad, mi hermano mayor, muy guapo; por mi parte, asexual) Siguen los ciclos transvestistas.

20 años. En verano, en Torremolinos, una noche, bailo y beso a Michèlle. Todo dura sólo esa noche. Angustiado, descubrimiento del amor al amor. Al volver a Granada, lloro durante semanas. Ciclos transvestistas. Libido débil, de base heterosexual. Ningún deseo sexual, ninguna pasión, ningún amor. Pasados los años, comprendo que me faltaba cualquier deseo de relación física. Soledad. Sexualidad intensa, pero autoerótica, parafílica. Comprendo que es como un juego conmigo, un matrimonio conmigo mismo.

23 años. Beca en Poitiers. Amigas y amigos. Sigo asexual. Pero feliz, aunque impaciente de que terminen de abrirse las puertas. Escribo a Philippe: ha muerto. Encuentro a Philippe, su primo. París, con mis amigos rojos nicaragüenses de Granada. Pigalle, carne de sexo y olor de carne asada en la calle. Repugnante. Le Carrousel, primer contacto con travestis, encantadoras, Esperanza, ¡sevillana!, pero súbita aversión al ambiente: es el pecado. Me dura semanas. Visito con emoción y tristeza la casa de Philippe. Duermo con Philippe,su primo. Ningún recuerdo en particular. Vuelvo a Poitiers y de ahí, con mi amigo Joaquín, luego legionario, en autostop, a Suecia. Yo, sin dinero, llego a Jönköping. Milagrosa acogida, cortesía evangélica. Trabajo en “Bodegan”. Una húngara muy guapa, estilo Sofía Loren. Permanezco insensible. A Estocolmo, a proponer una idea cooperativa a un diputado. Me recibe en el Parlamento. Vuelta en autostop. En Soissons, por las calles solitarias, lloro durante horas. Recuerdo a Philippe. Fin de mi juventud.

24 años. Amistad con Pablo, para revivir la de Philippe, pero falla, porque no es suficientemente guapo. Luego, con Nono, por lo mismo (los tres son rubios), mejor, porque lo es más y puedo admirarlo e identificarme socialmente con su clase. Años de amistad, también con su mujer, Isa. He dejado los estudios, trabajo en una librería.

26 años. Ofrecimiento: Argelia como Agregado de Prensa Embajada de España. Esperanza liberación. Mi primer piso propio. Me travisto entre amigos: Monsieur Dominique, Carmen, Viviane, Lola, Rachid… Al cabo de trece meses, decido volver a España y terminar la carrera.

27 años. Profesor Encargado de Curso en la Universidad de Granada. Escribo mi tesina sobre el tema de los caballeros, el único que me interesa de la Edad Media.

28 años. En verano, a Amsterdam, invitado por Pili. Visitamos a un médico que hace cambios de sexo. Decido esperar, para ver si soy capaz de enamorarme de una mujer. Voy al bar del COC, organización gay. Me resulta ajeno.

29 años. En Navidad, voy a Londres y decido tirarlo todo por alto y quedarme allí. Trabajo de pinche en “hostel”. Fugaces contactos trans. Carnaby Street: impacto: “Sex made me come and go”. A bordo del “Belfast”, crucero de la II Guerra Mundial, decido renunciar a todo, puesto que me destruye, y entregarme tercer mundo. Espero a mayo, vuelvo.

30 años. Terrible golpe obsesivo-moral al recordar mi intento de pacto con el diablo. Como clavado en el pecho. Dura quizá dos años. Las yemas de los dedos se me llenan de verrugas, veintiocho. Sólo termina cuando comprendo que debo vivir y superar las dudas angustiosas. Las verrugas desaparecen solas. No trabajo. Acompaño a mi padre en sus últimos años.

33 años. Me mantengo firme en mi propósito de olvidarme de todo. Leo y estudio sobre el tercer mundo, pero no consigo concretar nada. Empiezo a trabajar en Centro de Formación Profesional Ameinon, en dos pisos, 100 alumnos. Coopero una noche con PSOE en clandestinidad, repartiendo hojas, en el barrio obrero de La Chana. Mucho miedo, porque me detengan y se entere mi padre.

40 años. Relación que pretendo que sea lésbica, con amiga, a petición suya. Esta condición me abre la sexualidad, pero la relación resulta moralmente muy dolorosa. Constato con sorpresa la fuerza de la naturaleza. El deseo se aprende con práctica y hábito. Si no hubiera sido por mis traumas bloqueadores, hubiera podido mantener relaciones normales.

44 años. Compramos entre compañeros de Ameinon y otros el Centro Ramón y Cajal, 8.000 m2, 1000 alumnos, grandísimo éxito profesional. Pero fracaso en intento del tercer mundo, desánimo. Escribo sin parar fantasías transexuales, excitación, pulsaciones en las sienes, miedo de apoplejía.

49 años. Masoquismo que deriva hacia sadismo, tintes demoníacos.

50 años. Sólo la realidad puede salvarme. Primeros pasos fuera del armario. Un apartado de correos sobre Estudios de Identidad de Género, un anuncio en El País, puesto con gran tensión. Empiezo a despertar del coma. Existe el teléfono. Una llamada trans. Conozco a unos homosexuales y empiezo sutilmente un proceso homoafectivo. Ambiente en Madrid. Dolor lacerante: he perdido mi juventud.

51 años. Nuevo repliegue, por miedo al sida.

52 años. Miriam, primer contacto en Granada. Merche: comparto con ella el proceso transexual. Mi querida Jenny. Mónica. La otra Myriam, en Madrid. Juana y la otra Juana, de Lavapiés. Me hormono, se extingue la parafilia, sigue el proceso. Segunda adolescencia. Discotecas, ambiente en Granada. Conozco a Pedro y Jorge, homosexuales. Mi proceso de homoafectividad se intensifica. En el colegio, ningún problema con mis alumnos, que me quieren. Mejores años como profesor. Pongo en marcha una revista semanal.

53 años. Entusiasmo y necesidad de amistades trans. Pretendo formar una familia, como “tita” de Merche e Iván. Me opero. Aventuras maravillosas, algunas señales de posible crisis. Muchos amigos: el Toni y el Paco. Jaime.

55 años. Me pongo falda en público por primera vez. Identidad social femenina. Intimamente, ambigüedad.

56 años. Fracasa mi intento de familia. Comparto mucho tiempo con Jorge. Entro en su círculo homosexual y de amigos y amigas estudiantes: Christian, Paquillo, Antonio, Alejandro, Óscar... Se acentúa el proceso homoafectivo. Me gustan los gays, estoy a gusto con ellos, los siento como afines, aunque distintos.

58 años. Contactos con Defensor del Pueblo Andaluz y diputada Carmen Molina fructifican en Resolución No de Ley del Parlamento de Andalucía, la primera en España. Miedo que tengo que superar: ¿está cumpliéndose mi pacto?

59 años. El 1 de enero de 2000 vuelvo a ir a Misa, para empezar así los nuevos años.

65 años. Llego a la jubilación. Poco después, Carla Antonelli me llama y participo con Andrea Muñiz y Gina Serra en la convocatoria de huelga de hambre para que el Gobierno presente la Ley de Identidad de Género. Tengo miedo, pero el Gobierno la presenta y no es necesario seguir.

8 comentarios:

Nina dijo...

Sociedad!!!

Que complicado resulta todo saliéndonos de lo que está "establecido" y que difícil nos lo ponen y nos lo ponemos a nosotros mismos ...

Un saludo y mucha suerte en todos tus próximos años.

Anónimo dijo...

Hola,

El título de tu comentario me resulta tan duro...No puedo evitar el recordar a una señora lesbiana de unos 60 años que intervino hace unas semanas en un programa de Documentos tv sobre gays mayores.
Al terminar su intervención dijo que se sentía muy decepcionada de su vida y rompió a llorar.Llorar por todos sus años perdidos, por todo el amor no dado..., y son las mismas lágrimas de muchas otras personas que han vivido su vida a medias. Me impresionó su testimonio y todavía la recuerdo con ternura.
En medio de la tristeza sólo tengo la esperanza de que las nuevas generaciones de gay, lesbianas, trans...lo tengan un poco más fácil y vivan sus vidas de una forma mucho más plena.

A.

Kim Pérez dijo...

Gracias, Nina, por tus buenos deseos.

Desde luego, antes todo resultaba dificilísimo.

Espero que ahora vaya siendo menos angustioso.

Quizás éste sea el valor principal de lo que estamos haciendo: que la gente trans sufra menos o que no sufra por eso.

¿Alguien puede decir que sea malo quitar sufrimientos?

Un saludo amistoso también de mi parte,

Kim

Kim Pérez dijo...

Gracias A., por tu sentido comentario, que es tan de agradecer.

Como ves, le he dicho también algo parecido a Nina. De lo que dices de llorar, me he quedado pensando.

Al poner por escrito el conjunto de mi vida, la verdad es que me he puesto al pronto un poco triste. He tenido un poco de compasión por mí misma, si se puede decir así.

Pero esta compasión también me ha dado paz. Ha sido ver las cosas tal como son. Pero siempre valoro la realidad, me gusta situarme en la realidad, a partir de ella es donde se puede construir el resto de la existencia.

Gracias por tu comentario, que me ha hecho sentirme bien.

Kim

Andrea Muñiz dijo...

Querída Kim,

Muy identificada con muchos capitulos de tu vida, pero en diferente generación, me impresiona mucho observar, que al menos yo, me identifico y me trae recuerdos muy similares sobre todo en niñez, pre-adolescencia, adolescencia y pre-adultez, si tu hubieses nacido en mi año, y contases tus capitulos, fuesen un clon de los míos, o si yo hubiese nacido en tu año, serían igualmente un clon

Un abrazo muy fuerte, por compartir parte de tus capítulos

Y un beso, por hacerme recordar a mi también los míos, ha sido todo un artículo de introspección.

Kim Pérez dijo...

Me impresiona lo que dices y sentirme acompañada por ti, en tantos momentos duros de mi vida, aunque no lo supiera y aunque entonces tú todavía no existieras.

Gracias por lo que dices, ése es el fundamento de la amistad de trans, lo parecidas que pueden ser nuestras vidas.

Gracias, querida amiga.

Kim

Bri dijo...

Absolubtamente Tierna,sublime....
Emocionante Kim...

No me salen las palabras....
Gracias
Bri

Kim Pérez dijo...

El tiempo me ha permitido hablar de todo eso, y tener así la sorpresa de un comentario tan afectivo como el tuyo, que te agradezco inmensamente, Bri, porque es tu visión nada menos que de mi vida...

Kim