domingo, agosto 13, 2006

La causa de la transexualidad




Sobre el origen de la transexualidad son posibles varias hipótesis:

O es el efecto de un trauma y la respuesta a ese trauma.

O es el efecto de una predisposición biológica.

O es la combinación de predisposición más trauma.

En el primer caso, el trauma consistiría sólo en la falta de los afectos que construyen los sentimientos de pertenencia o identidad, situación que puede existir desde que se recuerda, o desde unos años después. La respuesta sería una reacción masculina pero transformada en un símbolo: identificarse con lo deseado, con la mujer, más bien vista como imagen, por fuera. Pero se podría recomponer una vida masculina, aunque autoginefílica: identidad dual, etcétera.

En el segundo caso, habría una configuración especial del cerebro, feminizada por falta de andrógenos en la gestación. Esta hipoandrogenia no se ha demostrado suficientemente todavía, pero es fácilmente observable por cualquiera en la sociedad general (varones tímidos, introvertidos, delicados) aunque se puede ser hipoandrogénico y heterosexual, es decir, no va unida necesariamente, sino sólo algo frecuentemente, a la transexualidad o a la homosexualidad.

En el tercer caso, la hipoandrogenia sería la causa del trauma. El niño no sería aceptado precisamente por ser introvertido y delicado y de ahí se generaría la reacción transexual.

Tendría una base identitaria, porque correspondería a una manera de ser ambigua o ni femenina ni viril, la orientación sexual puede ser hacia el varón o la mujer, y se resolverá en una identificación “defaultaria” con la mujer. En el caso de la ginefilia, podría sentirse también autoginefilia, pero si se extingue (como en mi caso) sigue la reacción transexual, porque lo que expresa en realidad es una inadaptación profunda a las pautas más masculinas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He leído tu escrito en la pagina de Carla, titulado Soy trans ¿y que?...y estoy de acuerdo con lo que dices...pero el problema que yo veo para poder aceptar una transición, si es lo que se quiere y necesita para un equilibrio personal, no es, desde mi punto de vista, lo que puedan opinar en negativo las demás personas incluso la familia sino el hecho de poder vivir económicamente de una forma autónoma…aquí es donde yo veo el principal problema porqué ¿qué ocurre si a raíz de afrontar una transición te quedas sin trabajo? que es lo que haces entonces…

Elena dijo...

A veces tengo la duda de qué hubiera ocurrido si hubiera tenido éxito con alguna de mis pasiones amorosas, si no se me hubiera metido la desconfianza producto de no lograr lo que tanto ansiaba, si no me hubiera sentido sometido a la burla en mis años adolescentes. ¿Puede ser que haya alimentado mi predisposición interior, al ver que exteriormente no podía competir con los machitos?

¿Puede ser una salida compensatoria a mi rabia? ¿Una forma de romper los platos? Sí, lo he pensado. Algunos excesos vienen de ahí, pero eso no lo agota. Mi predisposición era anterior, eso ya estaba ahí. Sólo que yo no reconduje esas pulsiones púberes más polimorfas hacia el canal reglamentario, bueno ¿y qué?

Creo que son cuestiones de diferente índole, no pueden situarse en una relación causa-efecto.

Yo siento ser una persona sensible, puedo ser incluso, a tenor de lo que se ve, una persona extremadamente sensible. Y eso que muchas veces te deja expuesto o expuesta a situaciones duras, aunque nos lo parezca, a pesar de nuestras múltiples magulladuras, ha ido permitiéndome caer en la cuenta, aunque me ha costado, aún me cuesta, de que no es una carencia. Es la otra cara de la moneda de vivir intensamente. Es una carencia relativa, una carencia de adaptación, visto desde determinada escala de valores dominantes, pero no lo es en sí, todo lo contrario.

Nos desespera la incomprensión, pero debemos tener paciencia y perseverar con tranquilidad, con mesura, porque se está produciendo una importante revolución de los valores y lo estamos viendo. Seguro que vosotras que habeis sido mucho más valientes y decididas que yo lo habeis comprobado, hay muchos escritos tuyos, Kim, que lo corroboran.
Aún siguen, no obstante, los efectos del engaño.

Recuerdo lo que me impresionó a mí de pequeño, con unos 8 o 9 años, una película, un corto de un niño indio americano que tenía que matar a su mascota, un pequeño águila, como rito de iniciación a su vida como hombre adulto dentro de la tribu. El niño se rebeló, liberó a su aguilucho y abandonó la tribu. Al tiempo su espíritu volaba en forma de águila y era visible desde el poblado. Estaba en mi sensibilidad sentirme como aquel niño indio y sentir esa historia como mía de alguna manera. Aunque el premio de la iniciación era poseer a mujeres hermosas yo nunca pude dejar de ser yo, aunque lo he intentado penosa y fatigosamente durante mucho tiempo.

Los condicionales contrafácticos son trampas mentales, callejones sin salida, un engaño de la mente al corazón, acostumbrado a ceder el paso a la autoritaria neurótica que llevamos instalada arriba.

Pongamos que la transexualidad sea para algunos una reacción, no un impulso predefinido. ¿De verdad? ¿Se sostendría? Habrá que graduar en todo caso, porque si la causa que lo alimenta dejara de existir puede que el impulso ya no sea el mismo, pero entonces la persona tendrá la oportunidad de definirse con plena libertad, siendo quien quiere ser y no urgida y dominada por deseos insatisfechos.

Aprendamos de otras culturas para quienes los seres femenino-masculinos son personas a las que se respeta porque son portadores de comprensión, personas de amplias miras y corazón abierto.
En vez de ser carentes, no ser ni lo uno ni lo otro, no ejercer, ser por el contrario múltiples, posición activa. No se puede no ser, eso sí es el trauma no resuelto. Ser libre y espontáneo es un ser por su naturaleza sexuado, no un ser carente, otra cosa es que sea unilineal.

Las mujeres han abierto la brecha hacia lo libre, lo polimorfo, han conquistado de pleno derecho el mundo masculino, y aunque eso fue una lucha de siglos ya lo han hecho suyo. Ahora toca a los hombres. Algunos de nosotros, genéticamente hombres, queremos aprovechar esa brecha y cerrar una de las más trágicas escisiones que ha padecido el género humano. Durante siglos muchas mujeres por distintos motivos simularon ser hombres, muchas se identificaron plenamente con ese papel hasta que han conseguido su propósito de entrar con pleno derecho en territorio anteriormente vedado. Y no lo hicieron como producto de un cálculo racional, fue toda su subjetividad consciente e inconsciente la que les impulsó hasta el punto de conducirlas incluso al ostracismo, al destierro e incluso a la muerte, a no vivir si no podían vivir como querían. Ahora las mujeres beben de esas conquistas pero parece que han olvidado lo que costó a sus antecesoras.
Yo me siento esencialmente persona, no hombre ni mujer, pero en mi ser tengo de ambos.

Con mucho afecto
Elena