sábado, agosto 05, 2006

Definiciones

Mujer. Encerrada en. Un cuerpo de hombre.

Lo pongo separado por puntos, porque son tres conceptos distintos y separables. El primero se entiende como mente de mujer. El segundo supone una necesidad de liberación. El tercero se refiere a un cuerpo masculino en lo visible.

Los tres conceptos son hermosos, y su unión es bella. Me producen una gran ternura, y también envidia: permiten que la vida sea más sencilla de lo que lo ha sido la mía.

No hablo aquí de vosotras. Estoy hablando de nosotras, las que sois como yo, y también por eso las que mejor puedo entender, al veros por dentro con la misma claridad que me veo a mí misma.

Éstas son otras definiciones que pueden servir para nosotras, las otras trans:

Ambiguo. Encerrado en. Un cuerpo de hombre.

Puede ser que a mí lo que más me define sea esto, si se considera ambiguo ser una persona traspasada por la estética o poco definida heterosexualmente.

Anne Lawrence se ha atrevido a decir la definición más valiente y sutil, no sin un factor de humor cáustico:

Hombre. Encerrado en. Un cuerpo de hombre.

Según esto, la forma de transexualidad nuestra sería un avatar de la masculinidad. Lo que nos diferenciaría de un hombre corriente sería el concepto de “encerrado en”, que implica una mente masculina y sin embargo unos sentimientos que chocan con un cuerpo masculino (Es posible ser algo y no querer ser ese algo)

No es cómodo asumir estos planteamientos, excepto el primero. Pero no se trata de comodidad, sino de verdad. Sólo si somos sinceras con nosotras mismas podremos entendernos, y disfrutar de la calma y la paz de la verdad. Por eso quiero practicar la sinceridad más completa, aunque sea a primera vista descolocadora. Pero tengo que ser fuerte, tengo que ser yo.

El primero, el de “mujer encerrada en un cuerpo de hombre”, es válido para quien es válido. La sociedad no trans lo puede comprender y respetar con facilidad. Nos lo dicen, suponen que la respuesta es afirmativa y comprendemos que por eso nos aceptan, y por eso digo que nos puede resultar cómodo.

Pero no es verdad para quien no es verdad, y los seres humanos necesitamos la verdad para vivir y lo experimentamos en la callada inquietud con la que oímos esas suposiciones, cuando no corresponden a la realidad. Nos sentimos entonces en falso, algo que lo dificulta todo cuando tienes que aprender a valorarte a ti misma.

Nuestra valoración propia y la social tienen que fundarse en lo que somos verdaderamente. ¿No descubrimos entonces los motivos de esa valoración? Habrá que buscarlos.

Por lo pronto, los más sencillos: La mayoría de las personas trans, nueve de cada diez según se calcula, son como nosotras.

Las más jóvenes, las de veinte años, lo dicen con toda naturalidad. “No soy una mujer”. Leed sus blogs.

Viven en un mundo de verdadera libertad sexual, donde todos son aceptados y por tanto ellas también pueden aceptarse a sí mismas, tal como son.

Las que tenemos más años que ellas podemos tenerlo más complicado, porque nos hemos educado en un mundo de sexos definidos y de identidades rígidas, y tenemos que aprender esa fluidez.

Pero cuando la aprendemos, descubrimos algo muy sencillo:

Somos trans.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Suelo entrar a diario a este blog desde que lo creaste, esperando poder leer algo nuevo cada vez. Me encantan tus textos, son hermosos y en muchas ocasiones me siento muy identificada con lo que escribes.

Un besote

Aniel
aniel.ender@gmail.com

Andrea dijo...

Querida Kim, realmente yo jamás me he sentido "una mujer encerrada en un cuerpo de hombre", en primer lugar porque mi cuerpo antes del tratamiento hormonal, no era de hombre, era anatomicamente ambigua/o, o dicho de otra manera o más explicito, era un cuerpo diferente al de los demás chicos, y más mucho más parecido al de una chica, jamas tuve barba, ni pelo por ninguna parte de mi cuerpo salvo en los genitales, tampoco en las axilas, y mis caderas eran más anchas que mis hombros, mi contorno de pecho se asimilaba más al de una chica de aquella edad que aun no ha desarrollado pecho aun, o está empezando a desarrollarlo, mis piernas estaban bien esculpidas, no soy en la actualidad un bellezón, pero que me quiten lo bailao!!!

Pero eso sí, si tengo que auto definirme lo tengo clarisimo, "NO soy una mujer ni fui una mujer encerrada en un cuerpo de hombre" simplemente soy una mujer, eso sí ante todo transexual, pero una mujer, pero ninguno de los dos conceptos en ningun orden preferencial, me importa un verdadero pimiento si soy una transexual o una mujer transexual o una transexual que es mujer, es que realmente me importa un pimiento, yo sé lo que siento y lo que soy, y esto nadie me lo puede negar, porque no es YO, es mi verdad absoluta, en definitiva mi YO absoluto.

Un beso

Anónimo dijo...

Hola Kim, tambien seguiras escribiendo los domingos en la página de Carla o ya solo lo harás aquí.
Un saludo

Anónimo dijo...

Hola Kim, seguiras escribiendo los domingos en la página de Carla o ya solo lo harás aquí.
Un saludo

Kim Pérez dijo...

Aniel, muchas gracias, los blogs se hacen con la esperanza de que se lean, y si encima se reciben las agradables palabras que tú me envías... las trans necesitamos que se nos quiera!

Kim

Kim Pérez dijo...

Andrea,

por lo que veo tu conciencia de tu cuerpo ha sido tan personal y tan distinta de lo que es un cuerpo de hombre, que bien puedes decir que basas tu identidad en ti misma, en el conocimiento de ti.

A ver si acierto en lo que entiendo de lo que dices:

¿Qué es Andrea? Andrea.

(Lo que Andrea ve dentro de sí cuando se mira a sí misma)

¡Está muy bien!

¡Hace falta estar muy segura de sí y de lo que se quiere para hablar de esa manera!

Kim

Kim Pérez dijo...

Anónimo,

Mi idea es seguir escribiendo en la página de Carla y a la vez en ésta.

En la página de Carla lo que escribo es más objetivo, más teniendo en cuenta que son escritos públicos y que tengo que hablar de lo que pueda interesar a quienes me lean, descubrir un terreno común.

En esta página, hablo de mí y como si fuera sólo para mí, porque lo necesito, aunque sé que también puede haber otras personas que se interesen y algunas que incluso se reconozcan más o menos en lo que digo, pero mi voluntad primera es hablar con toda sinceridad de lo que yo siento y si eso le sirve a otras, mejor.

Para hacer un comparación: En la página de Carla soy una maestra, que enseña lo que tiene que enseñar y sabe que puede ser útil para otras personas.

En mi página soy una poeta, que habla a solas de sus sentimientos, y si eso le gusta a alguien, mejor, a la vez que también sabe que puede no gustarle a alguien, pero a fin de cuentas, dice sólo: Yo soy así.

Kim

Andrea dijo...

Kim Pérez dijo...
Andrea,

por lo que veo tu conciencia de tu cuerpo ha sido tan personal y tan distinta de lo que es un cuerpo de hombre, que bien puedes decir que basas tu identidad en ti misma, en el conocimiento de ti.

A ver si acierto en lo que entiendo de lo que dices:

¿Qué es Andrea? Andrea.

(Lo que Andrea ve dentro de sí cuando se mira a sí misma)

¡Está muy bien!

¡Hace falta estar muy segura de sí y de lo que se quiere para hablar de esa manera!

Kim

____________________________

Eso es Kim, Andrea, es Andrea, y nadie me lo puede discutir, por eso tengo muy claro el no tener demasiados complejos, y muchisímo menos lo que piensa el entorno de mi si soy esto o lo otro, porque realmente me da igual, ya que Andrea, es Andrea, y al/la que no le guste, pues chica que mire para otro lado, o se descerebre en comprenderlo...pero eso sí, que no salpique por favor.

Un beso

Elena dijo...

Yo no soy... no sé lo que soy, pero cada vez sé mejor quién soy. Encerrado o encerrada sí me siento... aún.

No sé si es producto de un trauma, o de una escasa (no incompleta) masculinización de mi cerebro interior durante mi gestación. No lo sé, está bien saber que eso pasa, pero en realidad una vez que lo sabes ya no importa tanto. Lo que me importa de verdad es saber cuál es la verdad de mi corazón y actuar en consecuencia. Eso sí me parece complicado e importante, actuar sabiendo que asumes riesgos, no más de los necesarios pero sí los necesarios, no ajustarte a ningún programa preestablecido, sino al que tú mismo o tú misma decides poner en marcha.

En realidad eso es lo que importa, no con quién te identificas, sino ser consecuente con lo que sientes, las palabras vienen después. ¿Existe eso que llamamos mujer?, ¿eso que llamamos hombre? Yo creo que no. Existen personas que se sienten y viven como mujeres o como hombres, es decir más o menos dentro de un conjunto de centro claro y límites cada vez más borrosos (afortunadamente) que es el de las personas que se identifican a sí mismas en uno o en otro conjunto. Sin embargo hay quienes sentimos que estamos por ahí, viviendo cerca de la frontera, un poco como contrabandistas (podríamos decir también personas sin fronteras... de género), yendo más o menos graciosamente (ése sería el arte a aprender) de aquí para allá y de vuelta las veces que sea preciso. Haciendo una síntesis muy personal de emociones y sensaciones propias y expresándolas como te da la gana, algo que en segundo término identificas como propio de unos o de otras. ¿Te gusta salir un día con pantalón vaquero, con camiseta y botas a subir una montaña? No se me ocurre ponerme una falda ni maquillarme para eso, ni estoy especialmente preocupado por ser femenina entonces. Pero después tengo momentos en que deseo muchísimo ponerme un vestido, y unas finas sandalias de tiras, pintarme, ponerme unos pendientes y un par de pulseras y salir a pasear tranquilamente. La tranquilidad es aún mi reto, que es dejar también de preocuparme todo el rato de si consigo parecerme a una mujer que me guste a mí (además de que no me reconozcan aquellos a los que no quiero dar cuerda para sus comentarios), no sólo durante los preparativos sino en la presentación en escena, o sea conseguir estar cómoda y disfrutar en esa función. Me encanta feminizarme hasta mi punto personal, en el que yo me sienta bien, ni más ni menos, no me gusta lo recargado, ni estar llamando la atención del personal.

Eso sí es verdad, quiero conquistar la libertad expresiva que han adquirido las mujeres, esa sí la envidio... ¿será porque en el fondo querría haber sido una mujer? Unas veces sí y otras no.

Creo que es un problema de enfoque porque como no nací mujer ni me educaron como tal, en realidad no puedo saber cómo habría sido, quizás el mismo planteamiento de la cuestión no tiene sentido, y andamos haciéndonos un lio con nuestro coco.

Lo que creo es que sólo se puede aprender a jugar al ajedrez moviendo las piezas.

Besos
Elena

PD: pensar que mi cerebro es en buena parte femenino me permite ahora llamarme Elena sin rubor, aunque en la vida cotidiana respondo también como Alberto.