sábado, enero 06, 2007

Un eje de simetría



Cuando hace dieciséis años entré en relación por primera vez con un grupo de gays, a la vez que me definía a mí misma como transexual, comprendí que sólo la barrera protectora que ponía entre ellos y yo, esta diferencia, me permitía empezar a querer a los hombres.

Muchos años antes, había entrado un momento en el gran bar de una asociación homosexual (fue en Holanda y todavía no se había creado la palabra gay) y me había tenido que salir convencida de que no eran los míos. Porque hablaban como hombres entre hombres, y yo primero tenía que separarme de los hombres, para poder mirar con tranquilidad y hasta con agrado a los hombres.

Fue lo mismo que sentí poco antes de aquello, al leer la primera homosexual que encontré, "Fabrizio Lupo". No era cosa mía, no hablaba de mí, puesto que hablaba de hombres que eran hombres.

Ahora, llevo esos dieciséis años reconciliándome con los hombres, simpatizando con ellos. Leo muchísima novela gay, porque en sus relatos de niñez o de adolescencia encuentro mucho de lo que que hubo en mi vida, aunque a la vez tengo que hacer suposiciones para comprender lo que hay de diferente entre ellos y yo.

Sin embargo, he hecho lo posible por estar al lado, por imaginarme como ellos, a fin de cuentas.

Pero insistir en los parecidos y olvidarme de las diferencias me está llevando a un territorio peligroso, en el que literalmente me descompongo emocionalmente.

Sé que no soy una mujer, pero tampoco puedo ser un hombre. Cuando en tu conciencia aparecen sólo emociones negativas ("no soy", "no puedo ser") todo se rompe y se llena de sentimientos de desagrado. El rechazo de todo puede acabar siendo pavoroso, si todo lo que ves alrededor te parece ajeno y feo, lo de las mujeres por ser mujeres, lo de los hombres por ser hombres.

La identidad es una organizadora de la personalidad, el eje de simetría alrededor del cual toda ella toma forma. Si no puedes tener de manera natural una identidad masculina, si tampoco puedes tenerla femenina, tendrás que tener alguna identidad, y yo me pongo en la de transexual.

Transexual es una palabra en la que yo pongo otras como ambigüedad, indefinición, intersexualidad, travesti, Priscilla, todas las cuales son mías y me agradan. En todas ellas puedo reconocerme con gusto y se convierten por tanto en ese eje de simetría en torno al cual puedo organizar mi vida.

Fijaos que no me pongo en lo de mujer ni en lo de hombre. Me sitúo en lo mío, lo que me gusta y me enternece, lo que me alegra y lo que entiendo.

3 comentarios:

Andrea Muñiz dijo...

Kim Pérez dijo...

"La identidad es una organizadora de la personalidad, el eje de simetría alrededor del cual toda ella toma forma. Si no puedes tener de manera natural una identidad masculina, si tampoco puedes tenerla femenina, tendrás que tener alguna identidad, y yo me pongo en la de transexual"

Muy sencillo Kim,

Seamos asimétricas.

Un beso

Anónimo dijo...

Hola, hace una semana que descubrí este blog, enlazado a personales-mundivia.es/trans, donde se escribe en castellano sobre lo outgender, pangenero y otras identidades no polarizadas, a las que me siento mas cercano-a.
Me alivia leer tu blog, e identificarme con lo que escribes, y la forma de cuestionarte la identidad, y como persona que me reconocia como trans hasta hace un par de años. Personalmente, me reconozco mas en la denominación Pangenero.
Seguiré leyendote.
1 saludo
Joseba

Kim Pérez dijo...

Andrea, yo creo que soy muy asimétrica!

Joseba, al decir "me alivia leer", me haces pensar que estoy consiguiendo lo que pretendo, que es dar una visión nueva del proceso transexual, que por otra parte es la de mi experiencia, al cabo de dieciséis años de haberlo empezado.

Tu concepto de pangénero entra en lo que estoy diciendo, como diferenciación entre sexo y género que lleva a distintas formas de expresión.

También es notable en lo que dices confirmar en tu historia que las identidades de género pueden migrar; a mí me pasa lo mismo.

Kim