sábado, enero 22, 2011

Más allá del género



Esta página se llama Outgender porque empecé queriendo decir que yo me sentía fuera del género.

Me doy cuenta de que ahora parece que se llama Outgender porque habla de cosas que siento con mucha fuerza pero que no son el género ni el sexo.

Sé que éste es el efecto de la transición. Gracias a haber transitado, soy ahora una persona equilibrada que puede pensar en otras cosas.

Sé que si no hubiera transitado... Dios mío, si no hubiera transitado estaría, en mi ancianidad, en la peor de las miserias. Mirando toda la existencia de las transexuales como una maravilla inalcanzable. Idealizándola hasta la irrealidad (está bien, pero no es para tanto)

La presencia en mi cuerpo de unos genitales que nunca he comprendido sería una cuestión obsesiva. Me acuerdo precisamente de dos amigas que todavía no han podido hacer la transición, que la ansían con todas sus fuerzas y que están en esa miseria. ¡Qué dolor lacerante!

Supongo que habría hecho el esfuerzo tremendo de olvidarme de todos estos sentimientos y de centrarme angustiadamente en las mismas cuestiones que ahora me interesan; lo habría conseguido pero al coste de una mutilación personal desgarradora y heroica: no poder ver mi cuerpo como deseaba verlo; no poder ser ante los otros quien soy.

¿Y quién soy? Pues, exteriormente, nadie muy definido. Ahora, en invierno, llevo pantalones, zapatazos de hombre (tengo una talla 46), un chaquetón de mujer pero gris e impreciso y eso sí, un pañuelo al cuello del arcoiris que me ha regalado un querido amigo. El cabello gris, más o menos en aureola rizada, y sin ningún maquillaje. Y mi muleta.

Supongo que, para quienes me miren con mi 1'87, no les pareceré siquiera una trans, sino un hombre ambiguo, o afeminado. Tampoco estarán muy lejos de como yo me veo, salvo en que de vez en cuando, también con total naturalidad, me pongo una falda.

Sé que, sin embargo, quedan detrás heridas incurables. He perdido mi juventud entera. Esto sólo se sabe lo que es, cuando se pierde definitivamente. Cuando lo recordaba, aun al principio de mi transición, el dolor me desgarraba, casi literalmente. Ya nunca conocería ciertas cosas. No las he conocido.

Hice mi cambio con más de cincuenta años. Pero lo que he conseguido, es que siento la seguridad, el bienestar, la despreocupación, de estar operada. Es algo en lo que no necesito pensar, pero que cuando me acuerdo, pasa por un momento con agrado por mi cabeza.

Y naturalmente, pienso en las otras cosas que me interesan, con absoluta relajación. Como cualquier otra persona interesada por ellas. Ahora sí que estoy más allá del género, porque puedo sencillamente no pensar en él.

Pienso en Genealogía, que me es un grandísimo entretenimiento (y me sirve para autoafirmarme en otras dimensiones) Pienso en otras cuestiones que sobrepasan el entretenimiento: en mis Filosofías, en mis Teologías, con las que profundizo en el sentido de la vida, ya que mi vida necesita tanto entender su sentido. En mis versos y mis narraciones, cuando los sentimientos alcanzan fuerza particular.

Escribo sobre ellas, me escribo con otras personas, algunas queridas, participo en foros. En general, me olvido de que soy transexual. Hablo por teléfono, con mi voz profunda, a veces se plantea un encuentro y sólo entonces tengo que pensar en lo que hago y si explico algo previamente, optando en general por la total despreocupación. ¡También tienen ellos derecho a conocer por fin a una persona transexual, y comprobar que es una persona como otra cualquiera!

Todo lo que acabo de contar hace de mí una privilegiada, que puede hasta bromear con su condición. Hace veinte años, no era éste el caso para mí, que me sentía obsesionada, tristísima, desequilibrada. Veinte años después, éste sigue siendo el caso de numerosas personas, de una manera u otra.

En general, ahora lo sé, son víctimas del binarismo de género. Es el binarismo el que supone que los cuerpos son inmutables y no entiende la transexualidad y la castiga con la irrisión, por si no fuera respetable el dolor que conlleva; es el binarismo el que no sabe que los géneros son culturales y construidos culturalmente, y supone la unión indisoluble entre cuerpos y géneros; es el binarismo el que nos fuerza a veces a elegir "entre hombre y mujer", cuando, si pudiéramos elegir de verdad, no elegiríamos ni lo uno ni lo otro; es el binarismo incluso lo que hace a los profesionales que quieren ayudarnos, proyectar sobre nosotras su binarismo y creer que, por nuestro bien, debemos ser mujeres estereotipadas u hombres supermachos.

En unas pocas palabras: yo estoy más allá del género y estoy a gusto. ¿Por qué todo lo relacionado con esto tiene que seguir siendo tan difícil y penoso para muchos seres humanos?

Les diría a mis compañeros, compañeras y compañeres que viven en la angustia, que la única manera de superar la angustia personal es convertirla en esfuerzo colectivo. Mucho es decir esto para personas tan encerradas en nosotras mismas como hemos sido obligadas a vivir las transexuales; pero es la única esperanza de paz, consigamos lo que consigamos o fracasemos en lo que fracasemos individualmente.

4 comentarios:

Mara dijo...

Precisamente todas esas reflexiones las hago yo. Me quedan pocos meses para los cincuenta y todavía ando dilucidando quién soy. Naturalmente esto consume gran parte de mi energía, que podría dedicar a cosas más productivas que el pensar sobre mi género. Pero parece que esta es una cuestión que precede a todas las demás y, si no se resuelve, se vuelve obsesiva y te absorbe. La transición de género resuelve unos problemas y genera otros. Esto es obvio. Pero sobre todo permite pensar en otras cosas. Esto también es obvio. He perdido mi vida, se fue por el desagüe del tiempo, pero si pienso en positivo, también sé que ha sido mi vida la que me ha traído a este punto del camino. Otras decisiones habrían conformado otra vida. Ahora estoy aquí, presente eterno, y toca decidir, de una vez por todas. Decidir y tirar para adelante.
El "quiero ser mujer" se convierte en una idea fija, que te da fuerzas al mismo tiempo que te las quita. Yo veo que si no resuelvo esto mi ancianidad tendría el "coste de una mutilación personal desgarradora y heroica". Pero ¿cómo se resuelve? Llevo así toda la vida, ahora parece que la bruma ha empezado a despejarse, pero aún no tengo una sola certeza.
En aquel reportaje de Canal Sur me fijé en ti, quizás intuyendo que yo, al cabo de los años, estaría en una situación parecida. El género es una construcción social, pero no menos potente, ni estable, ni, si me apuras, necesaria, que la construcción biológica, o sea, el sexo. Para no elegir nos podemos quedar en medio. Pero se fastidia nuestra condición social (actual, quizás no en el futuro).
Yo busco si existe en mí un "soy mujer" que tan claro ven otras personas. He pasado por el travestismo, la autoginefilia, la obsesión por la mujer del espejo. Esto ya ha pasado, afortunadamente. Ahora busco la respuesta dentro no fuera. El problema es que no hay un manual. Sólo quiero pensar en otras cosas.
Final: gracias por tus escritos, me han ayudado muchísimo, no sabes cuánto, a comprender. Pero no consigo llegar a ese sitio de mi interior donde está la respuesta.
Un beso y gracias.
M

Kim Pérez dijo...

Me impresiona, Mara, hasta qué punto tengo la sensación de que nos parecemos en experiencias y manera de ser.

En la realidad de que esto consume o ha consumido gran parte de nuestra energía (pero es natural que la consuma, es una cuestión inmensa que necesita alguna respuesta!)

El desagüe del tiempo... ¡cuánto dolor! Yo lo llamaba "lacerante". Aunque ya no me importa (veinte años después que tú, ando ya por otros parajes, en los que ese dolor no duele)

Me ha ayudado mucho, por el orden de mis prioridades, operarme y "estar ya al otro lado", aunque también me sobrecoge haber recurrido a tanto.

Estoy ya en mi interior, que identifico como el interés preponderante por los misterios de la existencia, a los que me acerco explorando, sin dogmatismos, pero con la urgencia de lo poco que sé.

¡Saber como un yogi, saber experimental, aunque me siento casi incapaz de esa disciplina!... quizá sólo sabiendo lo que dicen y ven otros, y analizándolo.

Kim

Ángela Yi dijo...

Mara, compañera, yo también me siento muy concernida por lo que dices, y por tu forma de expresarlo.

Nuestras historias se parecen mucho, dejando a un lado la impagable deuda de gratitud que tengo con Kim, y yo también estoy, a mis 44 años, enfrentando una "transición a mujer" bastante atípica, para los cánones actuales.

¿Crees que podríamos entablar una relación más estrecha, por mail? A mí me gustaría mucho conocerte más, y es mucho también lo que podemos ayudarnos entre nosotras (cuando tantas veces tenemos al mundo en contra).

Un beso muy fuerte!

Ángela.

Mara dijo...

¡Claro que me gustaría poder comunicarme contigo Ángela! Deseo tanto salir al mundo...
Pido disculpas a Kim por usar este espacio para algo personal. Mi correo es mara386@gmail.com
Un beso
Gracias Kim por escribir a mi comentario. Yo también siento una gran afinidad contigo.