miércoles, febrero 02, 2011

No estamos solos




En http://Carla Antonelli.com he publicado "Imaginaciones transexuales", de la que esta entrada se puede considerar una continuación.


Decía que siento que la sexualidad humana no me gusta, como si fuera un extraterrestre, y que añoraba, en el vacío, una sexualidad distinta, que incluso me atrevía a imaginarme, más suave, más gentil, menos binaria.

Podía parecer que era una cuestión de ciencia ficción. Al fin y al cabo, no conocemos más especie racional que la humana, y por consiguiente, nuestras particularidades tendemos a suponerlas universales y naturales, lo que nos ha llevado a definir, por contraposición, lo que hemos llamado contra natura.

Sin embargo, es verdad que no estamos solos. En nuestro propio planeta, estamos comprendiendo que tenemos a nuestro lado poblaciones de capacidad equivalente a los antiguos Australopitecos, nuestros antepasados, homínidos primitivos.

Los más cercanos son los del género Pan, chimpancés y bonobos, a los que actualmente se discute si deberían ser incluidos en el género Homo, como el antiguo Homo habilis.

Mirando a los bonobos, de los que quizá sobreviven ahora unos 10.000, nos encontramos con que su sexualidad es muy distinta de la nuestra, y sin embargo, hay que observar que es plenamente natural.

Físicamente, son gráciles, finos y delicados. Es verdad que hay también bastante diferencia de estatura entre varones y mujeres, pero los varones bonobos suelen ser bastante individualistas, mientras que las mujeres tienden a asociarse, lo que hace que la sociedad esté de hecho gobernada por un grupo de mujeres.

(Y tengo una buena razón para llamarles varones y mujeres: si los investigadores humanos les ponen un espejo -o si en la naturaleza encuentran un charco quieto y transparente, supongo- se reconocen a sí mismos. Esto quiere decir que son capaces de sentir el concepto que funda nuestra humanidad: la intuición de que yo soy yo; es decir: yo estoy gozando; o yo estoy sufriendo...)

En sus pequeñas sociedades, de unas cien personas, el sexo es muy promiscuo, y casi continuo. Las mismas personas pueden practicar una sexualidad heterosexual, variable en sus formas, y en otras ocasiones una sexualidad homosexual, tanto entre varones como entre mujeres.

Existen familias, cuyas relaciones afectivas son más intensas y puras, formadas por las madres y sus hijos, fundadas en unos cuidados maternales que duran varios años, y en los lazos afectivos y de reconocimiento mutuo que se pueden crear así.

Los varones son poco o nada agresivos, y suelen resolver las situaciones de tensión mediante algunas formas de contacto sexual mutuo, pero lo mismo que puede resolverlas una mujer con un varón; el sexo tiene para ellos un valor distensor muy eficaz.

Tengo derecho por tanto a sentir que la sexualidad humana no me gusta; no es la única; no es la única forma de la sexualidad que sea lógica y natural.

No quiero decir que esta forma de sexualidad tenga que gustarnos a todos; pero sí que es menos peleona y dicotómica que la nuestra; tampoco quiero decir que me guste ni siquiera a mí, pero sí que contribuye a que yo reclame el privilegio de la plena racionalidad: que pueda imaginar lo que no veo, y que tenga derecho a que no me guste lo que veo.

Lo que me ha hecho transexual.

4 comentarios:

Ángela Yi dijo...

Bravo, Kim!

No sabes lo que me alegra verte llamar así, personas, a los bonobos, víctimas muy posibles del "chimpacé grande" (nosotros, los humanos), hasta la extinción.

Ojalá tuviéramos más que ver con ellos que con los "pan troglodites", tan violentos y desalmados como nosotros...

En cuanto a la sexualidad, nada que añadir, cada un@ la vive a su manera, y desde su manera. Claro que tienes derecho a que te parezca mal!... Faltaría más!!

Besos, fuertes!!

Anónimo dijo...

Yo he vivido la sexualidad humana de una forma maravillosa y me da pena que otras personas no hayan tenido esa deliciosa experiencia, pero se me escapa por completo el porqué del asunto.

¿Quizá porque se busca el propio placer más que el de la pareja? No lo afirmo, pero sospecho que la cosa va por ahí.

¿Quizá porque se limita la sexualidad al momento del coito, separándolo del resto de la vivencia en común? Yo creo que la sexualidad es mucho más que el acto carnal y que, por no considerarse así en general, hay tantísimo fracaso.

Es entrega mutua total, desinteresada, leal, cariñosa, generosa, alegre, consciente de sus efectos: es la expresión del AMOR. Me pregunto: ¿puede aspirar la humanidad a algo superior al amor?

Con todo mi afecto, Kim.

Kim Pérez dijo...

Estimado amigo o estimada amiga,

Mi desinterés por la sexualidad se debe a la experiencia de sentir muchísimo cariño, pero poco deseo, ni por hombres ni por mujeres.

No he sentido una atracción sostenida, arrolladora, una pasión capaz de plantearse: "¡La vida entera!"

Siempre he mirado con admiración que me ha llevado hasta las lágrimas a quienes son capaces de enamorarse. Yo no me he enamorado irresistiblemente nunca. No he deseado de verdad. Me he encariñado muchísimo, pero sabiendo la distancia que hay entre cariño y deseo.

Creo que sé a qué se debe esa incapacidad: en mi caso, a que mi madre tuvo que tomar cierta medicación, para que yo naciera, que probablemente tendría efectos secundarios desmasculinizadores.

Este verano (a la vejez, viruelas) tuve una llamarada de sexualidad que me sorprendió por su intensidad. Era bastante similar a algunas sexualidades femeninas. Duró, en abstracto, dos meses, y se apagó.

En otras personas, las causas, o biológicas o biográficas, pueden ser otras.

El efecto intelectual que esto ha tenido ha sido hacerme ver fríamente la sexualidad humana y decirme: Podría ser de otra manera.

Sé que hay una mayoría que encuentra en ella esa llamarada que sentí durante dos meses o más. Mucho más.

El amor en cuerpo y alma. Yo no lo he sentido, no puedo sentirlo, y tengo que ver mis posibles aportaciones a la especie humana en otras dimensiones, quizá similares a las que han conocido los ascetas a través de los siglos, los que han renunciado a la sexualidad para dedicar todas sus energías a otras finalidades.

También es grande esa perspectiva, que es preciso hacer ver a unos y otros.

Esperando que me haya comprendido, le saluda en esa espera,

Kim

Mara dijo...

Mi opinión también va por el sendero que une (aunque sea de manera fugaz) el amor y el sexo. Veo el sexo como una forma de comunicación. Sin esa comunicación, breve o profunda, ese toque alma-alma, el sexo se deshumaniza, se embrutece (que no se animaliza) y pierde su belleza.
Besos
M