jueves, noviembre 29, 2012

Convergenciias y divergencias entre la Teoría Queer y la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero





Por Kim Pérez

Cronología. La Teoría Queer se forma en los años noventa. La Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero empieza a configurarse en la ponencia “¿Mujer o Trans?”, de las Jornadas Feministas de Córdoba de 2000. Por tanto, puede seguir la Teoría Queer y a la vez divergir de ella.

Nido. La Teoría Queer nace en el contexto de los debates sobre orientación sexual y Conjuntos Difusos en el seno de las cuestiones de identidad. La Teoría Queer pretende extenderse a todas las divergencias sexuales y Conjuntos Difusos, también. La Teoría Queer aspira a ser una Teoría General de la Sexualidad y Conjuntos Difusos, también.

La Teoría Queer nace en relación con teorías políticas, sociológicas y psicosociológicas (Foucault, Eve Kosofsky Sedgwick, Judith Butler), mientras que la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero se inspira en la Biología como condicionante y no determinante, lo que deja márgenes de indeterminación  estudiados por la Teoría de Pensamiento Borroso (o Lógica Difusa), formalizados con la Teoría de Conjuntos Difusos de Lotfi A. Zadeh (1963) y algunos elementos de la Teoría del Caos (matemática; la noción de atractor), la Estadística y la Sexología (Keynes y MacLean)

La Teoría Queer entiende la vida sexuada en sentido dialéctico o de pugnacidad social fundamental (dialéctica binarista straight/queer, siguiendo el modelo de la también binarista de machismo/feminismo y  el de la igualmente binarista de la lucha de clases o burguesía/proletariado), mientras que la Teoría de Conjuntos Difusos entiende la vida sexuada en el sentido de arraigo o condicionamiento (no determinación) biológico general, desarrollo biográfico multivalente, y validez universal de este esquema en un principio inconsciente y anterior a toda polémica;  la realidad histórica del conflicto represión/expresión no es dialéctica o binarista sino una patología circunstancial y no universal, el binarismo de género, que puede ser reformulada en términos  nobinarios.

Punto de partida. La Teoría Queer parte de que la  sexuación humana sea sobre todo un hecho cultural, relacionado con procesos políticos de represión/expresión. La Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero  busca en un nivel previo, infraestructural, el arraigo de las formas de la sexuación en la realidad  biológica, y en el nivel que le sigue, superestructural, que comprende la dimensión de lo cultural y político en la sexuación humana y los conflictos históricos de represión/opresión, protagonizados por varones dominantes contra las mujeres, los varones feminizantes, los varones homosexuales, las mujeres masculinizantes, las mujeres homosexuales, los bisexuales, las/los/les transexuales femeninas, masculinos o ambigües, y las/los/les intersexuales.

Para la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero, la relación de la biología con la cultura no es de determinación, sino de condicionamiento; lo biológico se completa con lo biográfico. Para la Teoría Queer, lo biográfico se puede considerar radicalmente separado de lo biológico. Pero una crítica inmediata puede señalar como ejemplo de la incidencia de lo biológico en lo conductual la experiencia del aumento de la tendencia a la acometividad en los transexuales masculinos como efecto del tratamiento con andrógenos. Más en general, la bioquímica condiciona fundamentalmente la percepción, las reacciones y toda la conducta humana. Una pastilla puede cambiar nuestro estado de ánimo.

El fundamento de la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero parte de la feminidad o asexualidad (= in-distinción genital) de la forma humana en los primeros momentos de su vida prenatal (compartiendo todos dos tetillas y un tubérculo genital) y su sexuación/masculinización diferenciada en los tiempos siguientes, controlada por los genotipos XX, XY, XXX, XXY, etcétera, que regulan los flujos de andrógenos sobre el cuerpo en gestación.  Estos flujos, por definición, son variables en cada persona, están sujetos a un “más o menos”. Los menores permiten que la forma desarrollada siga siendo la primigenia, en sentido femenino por tanto; los mayores producen una masculinización gradual y diferenciada.

Los flujos de andrógenos se producen en distintos momentos de la gestación. Algunos de ellos configuran el fenotipo o apariencia sexuada (diferenciada de la forma básica) en menos o más. Otros, configuran el cerebro, estructurado en zona arcaica, media y moderna (MacLean), pudiendo diferenciarse la masculinización en +/-  en  cada uno de ellos. La estructura del cerebro condicionará la conducta sexuada.

En general, forman dos atractores estadísticos, Masculino y Femenino, como entidades abstractas, en torno a los cuales se sitúan +/- cerca o lejos las distintas personalidades, en conjuntos difusos o abiertos, de manera que cualquier persona + cercana a cualquiera de ess conjuntos pertenece también en – al otro (excepto las mujeres XXX, cero-androgénicas) y algunas personas pueden estar igualmente lejos de uno y otro. Esto, intuitivamente real, podrá ser cuantificado cuando se pueda medir el grado de impregnación androgénica que sea constitucional en cada persona.  

Consecuencias. La Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero pretende explicar la sexuación en general como un continuo que parte de una androgenación 0 (en las mujeres XXX o supermujeres, muy maternales pero estériles, lo que sugiere que la androgenación detuvo una capacidad partenogenética original).

Esta androgenación llega hasta un máximo que puede variar empíricamente, por lo que todas las personas no XXX podemos considerarnos intersexuales y bisexuales y por tanto capaces de cierto grado de fluctuación en orientación e identidad.

La Teoría de Conjuntos Difusos coincide con la Teoría Queer en que no esencializa las diferencias mujer/varón, femenino/masculino, heterosexual/homosexual. Pero la Teoría de Conjuntos Difusos piensa que estas diferencias no corresponden a conjuntos cerrados (sí/no), sino que se insertan en un continuo de +/- androgenación, infinitamente matizado en cada persona, con significado estadístico (Kinsey), mientras que para la Teoría Queer son actitudes cultural o históricamente determinadas o por fin opciones absolutamente libres (pero desde la posición de Conjuntos Difusos se objeta que eso supondría que los humanos fuésemos conciencias desencarnadas)

La suposición de la Teoría Queer de que los hechos de orientación e identidad son solo construcciones sociales y que por tanto pueden ser construidos de manera diferente y liberadora, puede entenderse que corresponde de manera política y simplificada a las necesidades de libre expresión coartadas en un régimen de represión. Pero una vez superadas las condiciones de represión (hecho que va correspondiendo a las generaciones actuales, contemporáneas en paralelo a la eclosión de la Teoría de Conjuntos Difusos), emerge la conciencia de los condicionamientos biológicos, que se enfrentan, no con la represión social, sino con la necesidad humana de liberación de todo condicionamiento material.

Estos condicionamientos se van descubriendo gradualmente. La contradicción que oponen a la Teoría Queer alcanzó su nivel más dramático con la fallida intervención de John Money, en sentido constructivista, acerca de la educación de un niño, accidentalmente emasculado, a quien supuso que bastaría con educar (=construir socialmente) como niña para que fuera una niña, provocando en él un proceso “transexual” hacia su sexo interior. Esta demostración “a contrario” apoya los graduales avances en el sentido de que los cerebros de las personas transexuales o tienen aspectos comunes con los de las personas que no son de su sexo aparente o presentan valores intermedios.

Teniendo en cuenta la realidad de estos condicionamientos materiales, pero a la vez usándolos en sentido liberador de sus inconvenientes, una moral de la liberación de los condicionamientos materiales (muy visible en técnicas como el regadío o la aviación) conduce por tanto a la ingeniería biológica, tal como se produce ya hoy con tratamientos endocrinológicos y/o quirúrgicos, y como seguirá desarrollándose en los próximos decenios con la implantación de células madre, que generen órganos femeninos o masculinos; o con la imaginable modificación de las impregnaciones androgénicas, etcétera. 

Espero que la sociedad asociada a la Teoría Queer, tanto personas identificadas como queer, como las del espacio académico, pueda ir comprendiendo y aceptando,  por parentesco básico de posiciones, las afirmaciones de condicionamiento infraestructural de la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero para centrarse en la dimensión superestructural de la política y la cultura de sexogénero, en las que se valora el carácter abierto, difuso, de  todas las actitudes +/- hetero y +/- homosexuales (Kinsey) así como la naturaleza abierta, difusa, de toda la masculinidad y la feminidad (excepto en las mujeres XXX)

1 comentario:

Mara G dijo...

Magnifique. Cuando discuto sobre transexualidad siempre digo que la identidad precede a todo y por tanto a cualquier condicionamiento educacional. Una persona no es trans porque tenga una relación estrecha (admiración) con su madre o la figura y modelo paterno esté desparecida o rehuya a sus iguales (en apariencia). Es al revés. Como es trans pasa todo lo anterior. Tengo el convencimiento de que el condicionante biológico es previo a cualquier accidente biográfico. Todas estas cuestiones se explican muy bien con el concepto de "sexo subconsciente" de Julia Serano.
Besos.