sábado, septiembre 20, 2014

La belleza de Hermafroditus


Kim Pérez


Hay unas estatuas romanas maravillosas de Hermafrodita (o Hermafroditus), a quien alguna representa sobre un lecho, lánguidamente, incluso los brazos extendidos blandamente sobre su cabeza de cabellos largos bien peinados, dejando ver sus suaves pechos y unos genitales masculinos.

Es una imagen hermosa. Representa la belleza que se puede encontrar en Hermafroditus, la coherencia de su figura.

Siempre que veo alguna imagen parecida (por ejemplo, la de la italiana Eva Robin, desnuda), me asombra su naturalidad.

Quizá porque todas las personas tengamos en nuestro inconsciente la imagen de la mujer fálica, como algo natural, represente lo que represente.

Y es la de alguien que, entre dos, representa el tres, o que no es  ni uno ni dos.

Yo estoy también en el caso de ser el tres, pero de otra manera; mi mente es más bien ambigua, pero no he querido la genitalidad masculina.

O sea que existimos mujeres fálicas y personas ambiguas no fálicas…

Pero la cultura romana lo sabía y la nuestra sigue sin saberlo. Para la nuestra, siguen existiendo hombres y mujeres y punto.

Nosotres mismes lo hemos interiorizado. En nuestro esquema mental, siguen existiendo sólo hombres y mujeres: la consecuencia es que, cuando algo en nuestra manera de ser no encaja con este esquema, nos sentimos perdides (y encima en silencio, porque no nos atrevemos a decirlo), o equivocades o culpables.

Estamos acostumbrades a pensar en la a o la o! Qué trabajo nos cuesta aceptar la e, aunque es la que corresponde a nuestra naturaleza profunda!

Hace unos días, vinieron a mi casa a traerme una lavadora; uno de los instaladores,  me llamó, consideradamente, señora; pero en seguida dudó, y me preguntó “¿o señor?” Yo le respondí, “señora, que mucho trabajo me ha costado”. Pero me parece que no se quedó convencido, porque el uso lingüístico actual no es suficiente para nosotres.

En cambio, si hubiera caído en lo que ahora estoy pensando, le hubiera dicho “no soy ni señora ni señor” y él hubiera sentido que yo tocaba la realidad.  Le decía algo irrefutable, correspondiente a lo que él podía pensar. A lo mejor hubiera insistido “¿entonces cómo le llamo?” Y yo le hubiera respondido: “Entre los dos, prefiero que señora”.

Ésta es la cuestión de la belleza de Hermafroditus: no se sabe si es de hombre o de mujer pero los romanos sabían que existía, y la representaron con toda su delicadeza y su sensitividad.


La realidad es bella;  sabemos que no tenemos palabras ni desinencias apropiadas para representarla, pero no hay que cambiar la realidad, sino las palabras.

1 comentario:

Librado Javier Padilla dijo...

Sexo, números, combinatoria complementareidad e identidad. ¡Menudo jaleo! ¡y ahora no tanto, pero imagínese aquellas mitologías de centauros, sirenas... yo creo que los conceptos de physis, dinamis y potencia en Aristóteles pusieron un poco de realidad a aquel especular... imagínese imaginando a aquellas gentes, la sexualidad del hombre, la de la mujer, la del toro, la de la vaca, la del águila, la del..., y sus posibles combinaciones binarias, sus complementaciones, sus identidades..., ah qué anhelar el de aquellas gentes, y que impotencias o decepciones debieron sentir... A ver por qué Jorge Javier Vazquez no habla de estas cosas en sus programas..., ¿no? ¡imagine: el hermafroditismo de hombre y mujer, o el de el caballo y el gallo, o... si no la heterosexualidad de tales binomios, o la homosexualidad..., ¿¡estarían todas identidades sexuales barruntadas en base al fecundar-engendrar? Saludos.