martes, septiembre 28, 2010

Ambigüedad o ninis




A veces lo más sencillo es lo más difícil.

Para mí, lo más sencillo es saber que no soy hombre ni mujer.

Y supongo que para otros miles de personas.

Lo sabemos por dentro, al recordar nuestra historia.

Pero lo más difícil es mantenerlo fuera, incluso acordarse cuando estamos en sociedad, situarse en lo que somos.

Porque nuestra cultura no entiende más que de hombres y mujeres.

Y no sabe ni ver lo que ve, como lo saben otras, cuando somos ninis, a nuestra manera!

lunes, septiembre 27, 2010

Cambio de sexo sin cambio social




Hay personas transexuales que se conforman con el cambio de sexo, sin el cambio social.

Sabiéndolo sólo ellas, pueden ser felices.

Un secreto íntimo, maravilloso.

La razón puede ser que no quieren el cambio de género o que no pueden, porque se lo impiden sus responsabilidades familiares o laborales.

Pero hay un hueco legal en España para ellas:

si quieren operarse por la Seguridad Social, necesitan ir a una Unidad, y en éstas se entiende que, para operarse, es preciso pasar por el "Test de la Vida Real".

¡Como si fuera lo más fácil! ¡Cuando es lo más difícil o para ellas, imposible!

¡Tienen derecho a salvar sus familias o sus trabajos (éstos, en esta época de paro masivo)!

¡Psicólogos, haced el favor de revisar vuestros protocolos!

Bienestar



Las personas transexuales estamos más que acostumbradas a pensar y observarnos.

No es fácil descubrir que eres transexual!

Después de la transición, solemos encontrarnos mejor, con mayor bienestar y tranquilidad.

Que esto nos sea suficiente! No seamos tiquismiquis!

Bendito sea haber encontrado una mayor paz!

Las reclamaciones, al maestro armero.

domingo, septiembre 26, 2010




¡Espera un poco, Kim!

Está bien que pienses en ideas tan abstractas.

¿Pero no sabes pensar en cosas más prácticas?

¡Estamos un montón de personas trans que necesitamos respuestas!

¡Tú puedes intentar hablar!

¡Mucho te lo agradeceremos!

Aunque no digas más que tonterías, pero por lo menos lo habrás intentado!

¡Venga!


jueves, septiembre 23, 2010

Filosofía transexual



Por Kim Pérez


Publicado en CarlaAntonelli.com el 13 de septiembre de 2010



Me pregunté la otra noche si yo había hecho algo que creyera verdaderamente importante, y me contesté que sí.

Me refería a estas ideas, que he escrito de nuevo y que caben en una página,

¿Tienen algo que ver con la transexualidad? Parece que no, pero sí, por lo menos con mi transexualidad y puede ser que con algunas otras.

Partí, desde los diez años, con el descubrimiento de que yo era yo. Ése nunca me ha abandonado: la sensación de que todo pasa por mi juicio, por mi aceptación o rechazo, por mi voluntad.

Esta filosofía es distinta de todo lo que ponga fuera de mí el fundamento de mi vida, sea la sociedad, sea un Dios externo, fuera de mí; y éste es el fundamento de mi transexualidad.



Yo soy yo.

Traducción:

Yo que pienso soy yo que estoy aquí. (Yo soy este cuerpo: miro mi mano)

(No es: yo sujeto del pensamiento soy yo, objeto del pensamiento; no es pensamiento sólo; es la realidad)

Yo: nombre propio que designa mi propia realidad. Inequívoco. No es un pronombre que valga para todos. Vale para mí. Debería sustituirlo siempre por Yo-Kim.

Unicidad de Yo-Kim: existo desde Junio 1940. No existo antes. Sólo Yo-Kim soy Yo-Kim. Cuando deje de existir, nadie podrá decir esta frase. Realidad única, en la inmensidad de las realidades. Valiosísima por ser única. El No-Yo-Kim seguirá existiendo por su lado, pero esta luz se habrá apagado.

(Sustituye en este párrafo mi nombre por el tuyo para saber lo que quiero decir)

En mi intimidad es suficiente con decir Yo soy yo o Yo estoy aquí, pues no hay más yo que yo.

Interioridad de Yo: Lo que yo veo no se puede ver desde fuera de mí. Yo soy un vértice que no existe en la inteligencia artificial, en el razonamiento maquinal.

Ésta es mi mano, la izquierda, la derecha, éste es mi cuerpo, éstos son mis genitales. Me miro en el espejo: ésta es mi cara. Sorpresa: todo eso me gusta o no.

Derecho natural

Publicado en CarlaAntonelli.com el 21 de septiembre de 2010

En el anterior comentario expuse el fundamento de la vida humana, incluso de la transexualidad, que es la conciencia de sí.

En éste voy a exponer cómo el Derecho Natural ampara la verdadera orientación o la verdadera identidad sexual de cada persona.

El Universo tiene una estructura matemática (Galileo, Newton, Einstein, Planck)

Luego la materia está organizada conforme a algo pensable (es natural, porque el pensamiento humano nace de la materia y reproduce sus estructuras)

Las Matemáticas están vacías, no contienen ninguna afirmación fuera de ellas. Son sólo un sistema de razones y relaciones. Son una sintaxis.

Lo que estructura el Universo es una sintaxis inmóvil y que parece no tener sentido (sentido como dirección) porque no se mueve.

Su forma es la del álgebra; algo más otro algo es igual a algo distinto. En esta fórmula, lo matemático son sólo las palabras “más” y “es igual”, debidamente ordenadas.

Pero esta estructura, propia del Universo, está por encima de la voluntad humana. Nos guste o no nos guste, tenemos que acatar la Lógica que es la Matemática.

Es una ley natural independiente en su origen de nosotros pero que está sobre nosotros. Incluso para contradecir la Lógica tendríamos que usar la Lógica.

¿Una ley natural gobierna nuestras vidas? ¿Es tan natural que de hecho todos la sabemos intuitivamente, sin necesidad de que nadie nos la explique?

Sí; esta ley natural nos lleva a lo que es bueno o es malo, porque podemos elegir entre hacer lo que sea lógico o no hacerlo.

Los humanos tenemos la experiencia de ser libres, porque tenemos que tomar decisiones. Nuestra libertad le da sentido o dirección a la ley natural porque la convierte en lo bueno o lo malo.

Primero. Es bueno lo lógico.

Segundo. Es malo lo absurdo.

Todos lo sentimos. Pero es difícil definir lo lógico y lo absurdo.

Requiere concreción:

Primero. Es bueno lo que ayuda a la vida humana.

Segundo. Es malo lo que daña la vida humana.

Ya tenemos con esto una multitud de hechos que se pueden definir como buenos o como malos.

Las necesidades y posibilidades básicas:

Viviendo libremente, como humanos, alimentarse, abrigarse, comunicarse, aprender y desarrollarse, es lo bueno.

Lo que impide o dificulta algo de esto es lo malo.

Comprobación:

Para saber si ésta es una ley natural, “grabada en el corazón de todos los hombres”, piénsese si los padres y madres de cualquier lugar del mundo piensan así o no respecto a sus hijos.

En un nivel superior de abstracción, es bueno lo que supera la maldad que estorba la vida: liberarse de la opresión, curar un daño...

También todos los hombres, incluso los malvados, saben que la realidad es ésta.

Es precisa una abstracción mayor cuando la opresión no es evidente; pero la norma a aplicar es de derecho natural cuando deriva de los principios anteriores: aquí se sitúa la liberación de homosexuales y transexuales.

No dañamos a otros (principio que excluye el mal)

¿Nos dañamos a nosotros mismos, al no procrear u operarnos?

No, si se tiene en cuenta que la vida humana es un equilibrio dirigido por la conciencia, a la que corresponde la primacía. Nuestra orientación o nuestra identidad son hechos de conciencia a los que les corresponde la primacía en nuestro equilibrio.

De la conformidad con el derecho natural, anterior a nuestra voluntad, depende la legitimidad de las leyes que establecemos voluntariamente los hombres. Por tanto, nuestra Ley de Identidad de Género será imperfecta, pero es legítima.

¿Es legítima, conforme a la ley natural, la Ley del Matrimonio Homosexual?

Aplicándole el mismo criterio, resulta:

No daña a nadie.

Beneficia a quienes desean contraerlo.

Luego es legítima.

La búsqueda de la propia orientación o la propia identidad descubre que están llenas de matices. Sólo cada cual puede llegar a conocerlas con precisión, libres de los estereotipos que se plantean desde fuera.

El derecho natural manda respetar la verdad, que es la correspondencia entre lo que es, lo que pienso y lo que hago.

En otro caso, me encontraría en el error, que me hace daño a mí y a los demás.

Por tanto, es de derecho natural que yo deba buscar mi verdad personal en cuanto a mi orientación o mi identidad, y que una vez encontrada, ésta deba ser respetada por las demás personas.

lunes, septiembre 13, 2010

SS + IVA

Por Kim Pérez


Publicado en CarlaAntonelli.com el 5 de septiembre de 2010


No todas; lo diré en honor de muchas buenas amigas; pero un sector de feministas ha caído en lo más primitivo que suelen caer algunas mujeres: un nuevo puritanismo, una beatería, una gazmoñería, una sexofobia de la que están siendo víctimas numerosos mujeres biológicas y transexuales: las que realizan el trabajo sexual.

Las palabras que he empleado muestran cuál puede ser la opinión general, el juicio de nuestra cultura de fondo sobre esas posiciones: puritanas, beatas, gazmoñas. Las pongo aquí y las repito para situarme en el terreno de la realidad y esperar que haya quien lo pueda ver y hasta quien se arrepienta de tanta exageración.

Es preciso decir, enseguida, que no son todas las feministas, no lo son, las que están involucradas en esta cursilería dañina.

En España, están libres de ella mujeres como Cristina Garaizábal, que hace tiempo que viene trabajando por los intereses de las prostitutas en la asociación Hetaira, incluyendo a las prostitutas transexuales.

No sé, de un sector y otro, cuáles serán las mayoritarias; pero sí puedo decir que las puritanas son las que están en el poder en este momento, bajo el calificativo de “abolicionistas”. Y sus aliados son inquietantes: las patrullas de vecinos.

Hago una llamada al sentido común. ¿Se puede abolir la prostitución? O dicho de otra manera, ¿se puede abolir el sexo?

El sexo en el que se integran parejas felices e individuos más o menos ansiosos de sexo, que tienen que pagarlo porque si no, no lo tendrían, así de sencillo. Supongamos que, con la más antigua y la más represiva de las mentalidades, se decreta que esta segunda forma de sexo es ilegal. Habrá multas, ¿pero se impedirá? ¿O simplemente se lo hará clandestino, añadiéndole toneladas de marginalidad?

Los puritanos de América ya consiguieron un éxito histórico, ante un deseo un poco menos fuerte que el sexual: el del alcohol.

Promulgaron una Ley Seca, una ley abolicionista del alcohol, y supongo que creyeron haber triunfado. Pero lo que consiguieron fue la creación de garitos con mirilla y contraseña, el desarrollo de un negocio clandestino del alcohol, el alimento para los gangs y los gángsteres, que lo vieron llegar como un maná.

A los pocos años, fue la Ley Seca la abolida.

¿Hay dudas de que si en España se ponen leyes contra la prostitución, se impide su publicidad legal, se la expulsa hacia los polígonos más invisibles, se llega a multar a las prostitutas o a los usuarios, etcétera, se están alimentando esas mafias clandestinas, endureciendo a esos proxenetas, dificultando la vida personal de las propias prostitutas, su normalidad, su buena integración social, sus amistades, su capacidad de regular sus propias vidas racionalmente?

El pretexto que se aduce para ilegalizar la prostitución es que es un ataque contra la dignidad y la libertad de la mujer.

Respecto a lo primero, dejen que cada cual defina su dignidad, y sus razones, y ustedes no se pongan a definir dignidades ajenas, porque puede ser que sus razones no sean las mismas que las de cada prostituta.

Respecto a lo segundo, alegan la existencia de un proxenetismo y unas mafias de proxenetas. Pero es como si, para imponer una ley seca, se alegara el alcoholismo. Prostitución y proxenetismo son dos realidades distintas, lo mismo que alcohol y alcoholismo. El proxenetismo y el alcoholismo son dos peligros relacionados con la prostitución y el alcohol, pero es perfectamente posible y frecuente ser prostituta y no caer en manos de proxenetas, o beberse unas cañas y no caer en el alcoholismo.

El proxenetismo, la trata de mujeres, deben ser ilegales, penalizadas, castigadas. Eso es lo que ataca la libertad de las mujeres; y ya está castigado por nuestra ley.

Pero algo falta; algo hace que en nuestra sociedad la prostitución siga siendo una realidad precaria y marginal, primitiva.

Hoy por hoy es libre, pero el trabajo sexual sigue haciéndose en condiciones distintas a las de otros trabajos, que favorecen que el Estado se desentienda o sólo haga caso a las represoras.

¿Cuál es la solución? La legalización definitiva y valiente de la prostitución.

La fórmula de esta legalización es muy simple: SS + IVA.

Para explicarla también sencillamente: todos los derechos de la seguridad social, en un régimen comparable al de los autónomos, gracias a haber pagado los impuestos correspondientes.

Y vigilancia contra el proxenetismo

Llamémoslo "Experiencia de la Vida Real"


Por Kim Pérez


Publicado en CarlaAntonelli.com el 23 de agosto de 2010




Pasar a la vida social como mujer es lo más difícil para una mujer transexual. Mucho más difícil que la cirugía.

Por eso, la “experiencia de la vida real” o EVR, como se la llama en las Unidades de “Trastornos” de Identidad de Género es la más difícil de las pruebas que hay que pasar, no la más sencilla, no la más elemental.

La más difícil. Mucho más que la cirugía, porque ésta al fin y al cabo es en la práctica un trámite privado que transcurre entre la usuaria (voy a hablar de las trans) y un reducido equipo, especializado y familiarizado con la cuestión, que te va a cuidar y ayudar.

La experiencia de la vida real es el gran salto social.

El salto desde un trampolín a la piscina, confiando en que tenga agua. Pasar de ser considerada como un varón, por todos, a esperar que te consideren mujer, y que te consideren todos.

No se puede minimizar la dificultad de ese tránsito. Hace falta ser trans y haberlo pasado para saberlo. Señores y señoras psicólogos de las U “T” IG, ustedes no pueden saberlo, sólo por no ser trans, por no haberlo pasado personalmente.

Los psicólogos no pueden ser jueces de los angustiosos esfuerzos de las trans para darlo, sin haber salido a la calle con nosotras, ni decidir que es una prueba “sine que non” para seguir adelante.

Mucho menos para obligar a que se dé al principio de todo, cuando muchas veces debería ser al final, cuando puede ser que la mujer trans no se haya depilado la cara, ni haya eliminado hábitos de gestos o modales masculinos, de cuando el objetivo era el contrario, que no se me note lo que soy.

Muchas personas trans somos tímidas, y tenemos que seguir un lento proceso interior de representación mental de lo que vamos a hacer, prepararnos, decidirnos, arrojarnos a la piscina, a la una, a las dos, a las dos y media, a las tres menos cuarto...

Y además vivimos en una época en la que existe la ropa unisex!

Muchas mujeres biológicas visten indistinguiblemente de los varones, pantalones, jerseys, camisetas, pelo rapado... ¿Por qué nosotras deberíamos vestir como las mujeres más conservadoras?

Los psicólogos han estudiado Psicología, pero no asesoramiento de imagen. No están capacitados -¿lo está alguien?; pero desde luego, ellos no- para dictaminar sobre la estética del vestido; no pueden condicionar nuestra vida, tomar sus decisiones pretendidamente soberanas sobre nuestra vida, sobre la base de que a ellos les parezca suficientemente femenino o no nuestro estilo.

Una amiga había elegido, y le va muy bien, el estilo “pin up”, provocativo, seductor. Coletas casi de niña, labios muy pintados, pantaloncitos cortos que dejan ver sus espléndidos muslos...

Pues bien, el estilo paternalista inducido por los actuales protocolos llevó a una médica de una U “T” IG a permitirse regañarle sobre su forma de vestir.

¿Con qué paciente haría otro tanto?

Pero mi amiga, rápida de lengua, le respondió lo de “creía que usted era una médica, no una asesora de imagen”.

Lo que podría tener gracia, si nuestro destino en algo tan fundamental no estuviera comprometido por esas extralimitaciones profesionales.

Hay unas trans que tienen la inmensa suerte de parecer lo que son. Una amiguilla mía, muy joven, es modelo de pasarela y desfila, guapísima, entre una fila de chicas guapísimas, literalmente igual que ellas; el mismo tipo de cara, de maquillaje, de silueta, de manera de andar, de estatura...

Las demás tenemos que arreglarnos como podemos y darnos por contentas si, a veces, medio pasamos.

A mí, a veces, algunas personas (una gitana en la Alhambra, vendiendo romero, una chica en el Corte Inglés) se me han dirigido como si fuera una guiri, por lo grandota (1’87, talla de baloncestista femenina)

Eso son mis trofeos, mis memorias de guerra. La voz suele terminar de fastidiarlo. Pero en fin, estoy acostumbrada.

¿Puede ser lo primero, requisito ineludible, dar el salto social?

¿Puede medirse lo que significa arriesgar la subsistencia de la propia familia?

¿O la del puesto de trabajo?

¿Se puede minimizar todo eso, con un pretexto como “quien algo quiere, algo le cuesta”, pero condicionando el llamado “diagnóstico” a que se sigan las instrucciones del psicólogo?

¿O ignorar que, “hecha la ley, hecha la trampa”, y que la propia usuaria trans, desesperada, puede vestirse convencionalmente de mujer para ir a la U “T” IG, incluso en casa de una amiga, y desvestirse en cuanto termina la sesión?

¡A dónde conduce un indebido autoritarismo psicológico, los protocolos en régimen de autorización actualmente vigentes!

¿Se puede forzar a una persona a que, sin que ella misma estudie “su” terreno y tome “sus” decisiones, se arriesgue, por no haber podido practicar suficientemente con su imagen, a pasar de ser una persona respetable a ser un pimpampúm de risas y comentarios por llevar una ropa inadecuada?

Yo siempre acabo hablando de mí, pero es que tuve a mi manera mi propia experiencia de la vida real; tuve que estudiar por mí misma, literalmente, hasta donde podía llegar y hasta dónde no. Y pasé una época de pimpampúm. Me asombro, y no me río, porque me duele, al ver algunas fotos.

Tenía que salvar mi trabajo como profesora cincuentona, el respeto de mis alumnos.

Estuve durante quizá un año vistiendo de chándal, lo más unisex que se me ocurrió, completándolo con algo de maquillaje, un collarito, alguna cosilla. Creyendo que iba bien: no iba bien.

Pregunto: ¿Habría eso sido considerado suficiente por una U “T” IG, seis años antes de que, por mi acción, se fundara la primera U “T” IG?

Por mi estatura, por mi voz, me parecía imposible dar un paso más. ¡Me costaba un mundo! Sufría comentarios de la gente a mi paso, en voz alta, unos con burla, otros con compasión.

¡Aguantaba sólo por el ansia de cambiar! Pero pude, poco a poco, muy poco a poco, encontrar un estilo discreto, el mío, que me iba bien y ante el que la gente parecía no reaccionar.

Era y es muy sutil; colores; líneas; estilos; todo experimentado muy poco a poco, mirando a quienes me miraban, ideando, cambiando. Un auténtico estilismo, muy femenino por cierto, muy paciente.

Fue un año después de haberme operado cuando me decidí a usar falda, en octubre de 1996, al volver a clase.

¿Podría eso sustituirse por un "ya", "a la orden" del psicólogo, lanzarse al agua de golpe, porque es la condición para seguir, para complacer sus requerimientos personales, sus gustos estéticos, y arriesgando incluso que parezcan un fracaso en la "prueba de la vida real" todos los estropicios y las angustias que una tenga que soportar, ya, por complacer al psicólogo?

Y, como fondo, en todas las preocupaciones de mi transición, había un dato a mi favor que no tiene que ver con mi condición de mujer transexual: que mi puesto de trabajo era mío, dato importantísimo para justificar mi seguridad.

¿Y si no lo hubiera sido? Simplemente, con una hipoteca y mi anciana madre a mi cargo, no hubiera podido.

Mi transexualidad hubiera sido exactamente la misma, pero si yo hubiera trabajado por ejemplo en un colegio privado, no hubiera podido ponerme falda, ni pasar de los chándales.

Y ahora, lo mismo. No se puede minusvalorar el miedo al paro, ni decretar que sea señal de que no se es “una verdadera transexual”.

Para este estado de cosas tan lamentable están contadas las horas, desde que el Gobierno ha decidido sumarse al movimiento de despatologización de la transexualidad, de autonomía transexual, se puede llamar.

Pero las guerras no acaban con la intención de firmar la paz, sino hasta que no se pega el último tiro.

Mientras, seguirá habiendo en España y en otros países personas amenazadas por este tiroteo.

Por eso escribo estas líneas, para los psicólogos de las U “T” IG que tengan conciencia. ¡Disparen ustedes alto, al aire, no al cuerpo, por favor! ¡La guerra ya está decidida!

Déjennos que las trans vivamos tranquilamente y sean nuestros consejeros, no nuestros jueces tan temidos.

Sexuación



Por Kim Pérez


Publicado en CarlaAntonelli.com el 16 de agosto de 2010


Este estudio de la sexuación humana es biologicista. Es verdad que existen otras dimensiones de la misma que son sociologistas o culturalistas o psicologistas, pero hay un orden en todo ello en que lo primero es la biología y los segundo lo social o cultural o mental, esto ya no sé decir en qué orden. Por encima de lo que querríamos que fuera, pero no es, la biología es bioquímica y la química ya sabemos el poder que tiene sobre nuestra vida: una simple pastilla nos mata o nos revive, nos hace delirar o nos estabiliza.

Los humanos, como lo mamíferos, empezamos nuestra existencia manifestando una anatomía muy uniforme, en la que aparecen estructuras comunes a todos como un órgano clitorideo y unas glándulas mamarias, sólo diferenciada por la existencia de grupos cromosómicos XX, XY u otros.

La presencia de uno o varios cromosomas Y determina un flujo de andrógenos que masculiniza al ser en formación, desarrollando el órgano clitorideo hasta convertirlo en pene, dejando las glándulas mamarias en su estado germinal y configurando el cerebro de una manera diferenciada que generará una conducta y una sexualidad igualmente diferenciadas..

Este flujo no tiene valores exactamente prefijados, sino que tiende a unos valores medios que pueden ser individualmente menores o mayores, hecho que puede ser denominado hipo- o hiperandrogenia XY.

También las personas XX experimentan flujos de andrógenos, procedentes de las cápsulas suprarrenales que, en una escala distinta a la de las personas XY, pueden ser también menores o mayores, en una hipo- o hiperandrogenia XX que, en sus valores más altos, puede alcanzar los niveles bajos de las personas XY.

Por tanto, los resultados del flujo de andrógenos en la gestación generan lo que en términos matemáticos se llama un conjunto difuso caracterizado porque sus elementos (cada uno de nosotros) se identifican por un “más o menos” de la propiedad que lo forma (en este caso, la androgenización) y no como un “sí o no”, con el que se forman otros conjuntos que son cerrados, no difusos.

No es el único conjunto difuso en que nos agrupamos los seres humanos; otro puede ser el de la estatura; o el de la fuerza física; o el de la inteligencia; o el de la belleza; o el de la generosidad; todos ellos caracterizados por ese “más o menos” de lo difuso, que estadísticamente da lugar a medias, medianas y modas. Precisaré también que “más o menos” no es “mejor o peor”, sino más o menos de una cualidad determinada, que puede ser “menos o más” de otra.

El conjunto difuso de la androgenización genera dos modas que son las personas con niveles más bajos y las personas con niveles más altos en andrógenos, llamadas en el lenguaje común “mujeres” y “varones”, que pueden interactuar en la reproducción sexuada.

¿Hay por tanto mujeres y hombres? Es evidente. ¿Puede haber mujeres y hombres que lo seamos desde dentro, independientemente de nuestra apariencia? Sabemos que sí. ¿Puede haber personas que no se identifiquen ni con los hombres ni con las mujeres? También, porque estas mismas personas lo dicen y sabrán por qué. Voy a explicar todo esto.

Recuérdese que, dentro de la gama de valores numéricos que constituye ese binario, existen en los dos casos hipo- e hiperandrogenias relativas, de modo que mujeres y varones no tienen valores de andrógenos homogéneos, sino caracterizados por el “más o menos” difuso.

Como la androgenización actúa sobre la configuración del órgano clitorideo, la distinción de las gónadas, el desarrollo de las mamas y la forma del cerebro, las diferencias del flujo de andrógenos pueden generar distintos grados de diferenciación sexual, todo ellos derivados del “más o menos” androgénico.

Todos corresponden por tanto a una intersexualidad difusa, un “más o menos” que los separa del binario mayoritario y también difuso. Esta intersexualidad puede manifestarse en particular en la intersexualidad fenotípica o perceptible a simple vista (a la que hasta ahora se ha reservado este nombre) y en otras que requieren estudios anatómicos más profundos. Muchas veces la intersexualidad se puede definir como desarrollos segmentados de ciertos órganos, masculinizados unos y no masculinizados otros.

Esta diferenciación sectorial puede darse también en el cerebro, cuya masculinización o no masculinización puede ser independiente de la del resto del cuerpo, puesto que ésta sobreviene en un flujo que tiene lugar hacia la cuarta semana de vida, mientras que la del cerebro se produce mediante un flujo especial hacia la octava, flujos que se dan todos dentro del más o menos de lo difuso.

La no-masculinización o la masculinización del cerebro, o sus rasgos intermedios, tienen máxima importancia puesto que de ella depende el concepto de nosotros mismos o identidad y nuestra conducta sexuada, muy en particular la sexualidad o conducta relacionada con la unión sexual misma.

Puede verse que las transexualidades, en sus distintas manifestaciones (transgenitalidad, transgenericidad, transvestismo) son hechos de identidad o autoentendimiento derivados de una diferenciación sectorial del cerebro, lo mismo que algunas homosexualidades, la feminizante XY o la masculinizante XX.

La importancia de los hechos sexuados cerebrales es que son los más específicamente humanos puesto que constituyen nuestra consciencia. Lo mismo que yo me veo existir como persona pero no tengo consciencia directa del funcionamiento de mis órganos por separado, se puede decir que tengo una consciencia de mi sexo cerebral diferenciada y más fuerte, intensa e íntima que la del funcionamiento de los órganos genitales, que pueden llegar a ser entendidos como ajenos. Así puedo decir legítimamente que soy mujer o soy hombre o soy ambiguo independientemente de lo que el resto –pero sólo el resto- de mi cuerpo afirme.

Lo mismo que no se puede apreciar que sea “malo o bueno” ser hombre o mujer, tampoco estas diferencias son “sanas o enfermas”, en cuanto que la persona que las experimenta puede vivir establemente e incluso reproducirse.

Se puede observar que las diferencias de “más o menos” en la sexuación corresponden todas a la variabilidad natural, presente incluso dentro del binario mayoritario, y que puede extenderse hasta fuera del binario. Muchas veces, se puede observar que estas diferencias son claramente útiles para la especie: mientras que la hiperandrogenia XY es útil a efectos de defensa física –agresividad, fortaleza-, los valores intermedios o la hipoandrogenia XY son más útiles para el desarrollo de la abstracción. Mientras la hipoandrogenia XX favorece el cuidado de los niños –maternalidad-, la hiperandrogenia XX desarrolla también la asertividad y la abstracción.

miércoles, mayo 05, 2010

Un nuevo feminismo, una nueva transexualidad



Publicado en el Diario Digital Transexual, http://CarlaAntonelli.com y republicado en los periódicos digitales Diagonal y Rebelión


El no-binarismo, cuya consecuencia es transformar los sistemas cerrados de sexogénero en conjuntos difusos, está teniendo una serie de efectos en todos los conjuntos identitarios y en sus políticas.

En el feminismo, ha transformado lo que ya se llama “feminismo clásico” en un “transfeminismo”, todavía incipiente, pero que manifiesta señales de representar el futuro.

En él, alentado también por la teoría de la decolonización, el feminismo supera cualquier riesgo de limitarse a ser un simple corporativismo o sindicalismo de las mujeres, que tutele sus intereses inmediatos en competencia con otros, para volver a su pleno entendimiento como liberacionismo de género, protagonizado por mujeres (difusas) y por cualquier otra persona con planteamientos afines.

Así se supera históricamente la paradoja de que, cautivado por el binarismo generalizado, el feminismo, el primero de los movimientos de liberación de género, haya caído hace ya tiempo en un binarismo radical, concebido biologistamente como lucha de “mujeres” contra “hombres”, o de “todas las mujeres” contra “todos los hombres”.

De hecho, apenas tomó fuerza el feminismo, y a imagen suya, surgió otro liberacionismo de género, el de los gays, que resultaban ser hombres que sufrían la opresión de otros hombres, en términos mucho más violentos e incluso letales que la que sufrían las mujeres. Esto visuabilizaba que la opresión de género no era sólo de los hombres contra las mujeres, sino de los hombres contra algunos hombres por lo menos; e incluso, hacía pensar que, si había algunos hombres víctimas de la opresión de género, también podía haber hombres que no quisieran funcionar como opresores, y que la línea de la opresión de género, aun siendo de género, no pasaba por la separación biológica entre “hombres” y “mujeres”, entendidos binaristamente.

Tiene gran interés a efectos dialécticos, es decir, a efectos de discusión histórica, y de clarificación de las ideas, un hecho que por tanto no considero negativo, sino la negación de una afirmación previa que deberá ir seguida por una nueva afirmación, a un nivel de comprensión mayor: me refiero a que, en las recientes e históricas Jornadas Feministas Estatales de Granada, al mismo tiempo que entraba en ellas en tromba el transfeminismo (nueva afirmación), se preparaba una fiesta de clausura reservada para mujeres, que se quiso cerrada para hombres (negación de la previa afirmación del dominio masculino), lo que despertó una fuerte contestación por los sectores más renovadores.

Si los efectos del no-binarismo en el feminismo son espectaculares (las consecuencias de todas estas aparentes minucias son inmensas), los que pueden tener en los colectivos trans son grandísimos en teoría, aunque en la práctica lo único que hacen es confirmar la validez de muchas prácticas personales.

Precisaré que, entre las personas trans, hay muchas que tienen una identidad definidamente femenina, otras muchas que tienen también una identidad definidamente masculina y otras muchas que tenemos una identidad o unas identidades que a falta de una mejor descripción definiremos como trans.

Pues bien, el no-binarismo y la teoría de los conjuntos difusos de género dan a cada una de esas identidades un sitio justificado lógicamente, a la vez que les permiten afirmar los puntos de contacto o intersección entre conjuntos.

Una vez afirmado y entendido que, más que mujeres, existe un conjunto difuso de mujeres, que abarca a una gran variedad de seres humanos, resulta natural que entre ellas estén las trans femeninas.

Lo mismo se puede decir frente al anteriormente entendido como conjunto cerrado de hombres, tan cerrado, que en definitiva dejaría fuera a numerosos varones. En cuanto vemos que en realidad es un conjunto difuso de hombres, resulta natural que entre ellos se considere a los trans masculinos.

Si, como efecto de todo ello, vemos que también existen conjuntos más difusos todavía, como el de los intersexuales o andróginos, que tengan identidad intersexual o andrógina (y no masculina o femenina), resulta también más natural que las personas trans con identidad intersex o neutra, o la que queramos decir, tengamos plenamente nuestro lugar en este conjunto difuso.

Por otra parte, por la manera de exponer lo que hasta ahora he dicho, se discierne claramente una de las intersecciones entre estos conjuntos difusos: la condición de trans, de personas que hemos hecho una transición de género, común a trans masculinos, trans femeninas y trans neutros, o ambiguos, o intersex, o como queramos decirlo.

El cambio de unos conceptos a otros es tan fuerte que, teóricamente, sería incluso conveniente ajustar con mayor precisión el mismo nombre de “trans-sexual”, entendido hasta ahora como persona que transita de un sexogénero (cerrado) al otro (no menos cerrado)

Se puede entender desde ahora como persona que transita externamente de uno de los conjuntos difusos a otro, bien sea de las formas más diferenciadas de uno a las formas más diferenciadas de otro, bien desde, o hacia las formas menos diferenciadas de uno u otro.

Es decir, se puede transitar hacia un modelo Stallone, con toda conciencia y voluntad, o hacia un modelo Jennifer López, con la misma conciencia y voluntad, y todo eso es legítimo, u optar por quedar en una zona menos diferenciada, y sin embargo difusamente masculina o femenina, y también es eso legítimo.

Si se piensa en esta segunda posibilidad, la transición resulta inmediatamente menos definida, e incluso se puede afirmar que a veces casi no hay transición, que la persona permanece simplemente donde está, en un lugar relativamente alejado de los centros más densos y definidos de esos conjuntos difusos.

Ni que decir tiene que las actuales "pruebas de la vida real", realizadas con presupuestos binaristas por las unidades de género, dejan de tener sentido. Yo (cualquiera) podría pretender una transición de hombre a mujer, y optar por vestir vaqueros y saquitos anchos.

Justamente, y ya históricamente, en su corta historia, el no-binarismo, o su consecuencia, la teoría de conjuntos difusos de género, lo que hace es darnos un lugar racional a las muchas personas trans, sea que entendamos nuestra identidad como cercana a los centros de los dos mayores conjuntos difusos, el de hombres y el de mujeres, sea que nos entendamos lejos de esos centros, en la periferia más difusa, es decir, que no queramos ser hombres (difusos) ni mujeres (difusas), sino simplemente nosotros mismos, asumir nuestra singularidad.

En los dos casos, la palabra transexual gana en agilidad o flexibilidad o comodidad al tratarse de la plena inserción en conjuntos difusos y no cerrados.

En los conjuntos cerrados, en efecto, era preciso afrontar su cerrazón; su definición cerrada, caracterizada por la lógica del sí o el no (XY sí o no; XX sí o no; o genitales de esta forma, sí o no; o de la otra, sí o no) podía siempre intentar cerrar el paso a quienes no coincidieran con ella.

En cambio, la definición difusa de hombres puede incluir por igual a varones XY o XX. La definición difusa de mujeres incluye por igual a mujeres XX y XY (y en los dos casos, a otras variantes cromosómicas) con las consecuencias revolucionarias que hemos visto para el feminismo.

Por otra parte, la persona transexual no tiene que preocuparse demasiado por no alcanzar una igualdad perfecta con las personas que están allí de nacimiento, pues en realidad, unas y otras pertenecemos al mismo conjunto difuso, en el que siempre hay un más y un menos. La lógica difusa es la del más o menos, no la del sí o no, y en esto consiste su adecuación a muchas de las realidades humanas.

sábado, abril 10, 2010

La existencia de la Lógica y el residuo extralógico




La Filosofía ha llegado a muy pocas nociones fundamentales, tales que se pueden poner en unos párrafos; cada filósofo puede poner en muy pocas palabras las ideas que ve como una revelación; el resto son vueltas sobre lo mismo y comentarios.

Las nociones básicas, aceptadas en general y ya como léxico común filosófico, son la de la Lógica y el razonamiento, la deducción y la inducción, la intuición, la determinación y el condicionamiento, la materia, el sujeto y el objeto, el fenómeno, y quizás los apriorismos y las estructuras del conocimiento. Creo que entendiendo este vocabulario se comprende lo poco, pero fundamental, que ha descubierto el hombre en Filosofía.

En general se está ya de acuerdo en que la noción de Dios no es una noción filosófica. Pero se puede plantear una cuestión previa: si puede existir algo que no sea material, puesto que Dios sería una realidad inmaterial (que no cambia), no observable materialmente, no manipulable, independiente de la voluntad humana.

Esto es lo que vieron los antiguos que convenía a las Matemáticas, una serie de enunciados que les sorprendían por lo exactos, por lo pensables, y por la imposibilidad de representarlos por medios materiales: el dibujo de un cuadrado no es un cuadrado.

Pero a la vez, una bola (un astro, una gota de agua en suspensión) es una bola, pero a la vez, un esferoide, cuyas relaciones interiores se acercan tendencialmente a las relaciones matemáticas; no es una forma enteramente irregular, sino un esferoide, lo mismo que hay hexagonoides (panales, copos), prismoides (cristales), todos ellos objetos más o menos irregulares pero tendentes a esas formas exactas.

También la relación que se nombra como número fi o proporción áurea (1,618...) está tendencialmente presente en las flores o la distribución de las hojas en un tallo o de las pipas en un girasol o en las falanges de los dedos humanos...

Por tanto, cada uno de esos objetos contiene neblinosamente todas las relaciones matemáticas, las que sabemos y las que no sabemos; sus superficies se detienen cerca de esas formas exactas o las sobrepasan, pero se sitúan relativamente cerca de ellas.

Por eso, la realidad material muestra una tendencia hacia las formas exactas, que por tanto le son transcendentes y existen independientemente de que las pensemos, como se manifiestan en esas formas materiales irregulares que se les acercan.

Las Matemáticas son transcendentales, y las Ciencias Matemáticas, como lenguaje convencional, las van describiendo poco a poco, y no se pueden hallar en su exactitud en el universo material, que sin embargo tiende a ellas.

De manera análoga a la observación de la naturaleza macroscópica, cuyas formas vemos atraídas por esas Matemáticas transcendentales, la observación de la naturaleza cuántica está estructurada de acuerdo con el Cálculo de Probabilidades, exacto, que es una parte de las Ciencias Matemáticas; las realidades observadas conforme a las Ciencias Matemáticas muestran cierto grado de incertidumbre al observador, pero las Ciencias Matemáticas determinan sus relaciones de probabilidad con precisión; pero no agota la realidad, por lo que los físicos cuánticos no pueden retirarse a su gabinete sólo con papel y lápiz para deducir matemáticamente la realidad; sino que tienen que permanecer atentos a los ciclotrones, haciendo investigación inductiva, no deductiva.

Hace falta distinguir entre Matemáticas Transcendentales y una realidad natural que se acerca a ellas pero que no llega a ellas. Las Matemáticas Transcendentales no agotan la realidad material, siempre particular. Las Matemáticas Transcendentales son universales, la realidad material es individual. Por eso, el conocimiento deductivo no llega a toda la realidad material, y debe ser completado por el conocimiento inductivo.

No ya las Matemáticas Transcendentales, sino el razonamiento, se elabora también formando conceptos, que son los elementos comunes entre seres distintos, y uniéndolos mediante proposiciones, a éstas mediante silogismos, etc, lo que deja por definición un residuo de cada ser no conceptuado y probablemente no conceptuable, el de su singularidad.

El residuo de la realidad que no es matematizable es susceptible en efecto de ser razonado en otros escalones de razonamientos; pero también es accesible a otro modo de conocimiento que es la intuición que no se puede conceptuar. No es discursiva, no es gradual, es instantánea, abrupta, se da o no se da. Los conceptos relacionados con ella, como el de bello, la enuncian y se retiran dejando un vacío, porque no pueden continuar el discurso lógico, y por eso las intuiciones son inefables, extralingüísticas en sí.

Únicamente se pueden mostrar, como hace el pintor, o el arquitecto, o el músico o cualquier artista. El novelista o el versificador usan como material el lenguaje, pero sus intuiciones sólo pueden sugerirse, provocarse, aludirse como entre líneas, pero no expresarse, como sabía con plena conciencia un poeta místico como San Juan de la Cruz al comentar sus poemas mayores..

No es lo mismo la critica de arte, que examina sus aspectos conceptuables, que la experiencia artística, o la intuición en general. La experiencia artística puede ser profundísima, pero mostrarse con más o menos arte, como pueden comprender los críticos. La intuición propiamente dicha no se puede razonar. Es una percepción, que se tiene o no se tiene. Los razonamientos son comunicables en lo fundamental (aunque no las intuiciones que suscitan) Las intuiciones son incomunicables. Sólo se puede dar vueltas en torno a las propias, para explicarlas, usando analogías, y teniendo la esperanza de que alguna de ellas libere en quien nos oye la percepción intuitiva; pero si se da, si manifiesta sus propias analogías de entusiasmo o interés, ni siquiera podemos estar seguros de que percibe lo mismo que nosotros.

La experiencia de lo divino, si existe, pertenece al orden de la intuición y por tanto no es comunicable lingüísticamente de manera racional entre los hombres. O se siente o no se siente, y en este segundo caso, por más explicaciones que se den, ninguna adquiere la irrefutabilidad de la intuición. Algunos conceptos aluden a ella, pero se detienen en sí mismos: Uno, Absoluto, Perfección, Pureza, Amor.

En resumen, la intuición percibe las realidades enteras, no fragmentadas conceptualmente, singulares, por lo que se puede decir razonablemente que la intuición de lo divino es legítima, pero no se puede razonar ni por tanto universalizar. Y será la intuición de la singularidad de lo divino.

La existencia de la intuición es para el razonamiento una prueba de que la realidad no es enteramente racional (aunque su racionalidad fuere muy compleja y no hubiere sido asequible a nuestra ciencia) La intuición percibe justamente, y no por un método racional, lo que nuestra racionalidad es incapaz de ver, y lo que ve es la singularidad de cada realidad. Por tanto, racionalmente se puede decir que (proposición condicional) si existe un instrumento de conocimiento tan poderoso como la intuición que no es racional, es que la racionalidad no agota la realidad, y que en ella queda un residuo no racional que es justamente su singularidad.


BINARISMO Y NO BINARISMO DE SEXOGÉNERO


Las Ciencias Matemáticas son la parte cuantitativa de la Ciencia Lógica, que en su conjunto está mucho menos desarrollada. Pero si las Matemáticas son transcendentales también la Lógica debe de ser transcendental, a menos que creamos que sólo las relaciones numéricas lo son..
Hecha la distinción entre Lógica Transcendental y Ciencia Lógica, resulta posible distinguir en ésta entre el conocimiento sistemático, propio de los especialistas, y el conocimiento empírico, propio de la mayoría de la población.

Éste se desarolla también mediante el razonamiento, aunque más fragmentario y más expuesto al error que el ordenado. Pero todos los humanos razonamos, en lo rutinario o en lo acuciante, para entender nuestro medio natural, para manejarlo, para entender nuestras vidas.

Ttambién nos guiamos siguiendo golpes de intuición, pero aún así, no podemos dejar de comprobar racionalmente lo que vemos por intuición. Un “¿por qué?” y su respuesta son las unidades mínimas del razonamiento.

De hecho, no podemos dejar de razonar, ni de saber que las conclusiones lógicas son conclusiones. Por eso, la Lógica nos es soberana. No nos limitamos a expresar en cualquier lenguaje lo que vemos, sino que sabemos que debemos respetar lo que hemos visto, que está sobre nosotros, por encima de nuestra voluntad o nuestros gustos, aunque luego decidamos no respetarlo.

Tomamos de hecho nuestras decisiones basándonos en cadenas lógicas fragmentarias,
que se fundan a la vez en la visión empírica del mundo, que es coherente con la Física newtoniana.

Estas cadenas se forman a partir de un axioma condicional, que se puede enunciar así:
“Si (esto) es verdad, entonces...”. Algunos de estos condicionales están implícitos y fundan órdenes civilizatorios enteros.

Podemos verlo así en una definición fundamental, la de justicia, que los juristas romanos enunciaron como “justicia es dar a cada cual lo suyo”. Si la aceptamos como axioma condicional, entonces extraemos y hemos extraído deductivamente de hecho una serie de consecuencias teóricas y prácticas.

La más importante sería constatar la diferencia entre la justicia ideal y la justicia material (que nos remite a la interpretación platónica de la realidad), lo que insiste en que resulta imposible medirla exactamente su aplicación material sino por aproximaciones, existiendo a la vez una tensión o tendencia a conseguir el pago más exacto que se pueda, y descansar sólo cuando se consigue. Jueces y profesores sabemos de la dificultad y hasta casi imposibilidad de “dar a cada cual lo suyo”, y a la vez de las tensiones propias o de los justiciables para conseguir una remuneración que sea lo más aproximada que se pueda.

Puede decirse que esta diferencia entre justicia ideal y material es suficiente en el orden empírico de la realidad.

En otros campos de la realidad parece observarse esta diferencia. Una cuestión análoga es la sexualidad, que podría definirse lógicamente como “la relación entre un varón y una mujer, estimulada por el deseo y el placer, tendente al intercambio de genes para la reproducción”. Es sólo análoga porque la definición de la justicia es la de un “debe ser”, en manos de los humanos, mientras que la de la sexualidad es la de un “es” abstraído de la observación de la realidad.

Esta definición ideal es binaria, no porque sea un acto que tiene lugar entre dos personas (podría especularse con una relación sexual que requiriese tres personas y dos actos), sino porque supone un “sí o no” en cuanto a su cumplimiento.

En ese binarismo ideal reside la tradicional moralidad sexual, que pretende trasladar a la vida material la integridad de esa lógica, lo que es un error tan grave como si pretendiese realizar materialmente el cuadrado perfecto; de hecho, la planificación imperativa es otro caso de voluntad de racionalización íntegra de las realidades a las que afecta que excluye sus singularidades (este error no se da en la planificación indicativa)

El binarismo lógico puede sostener la trama informática porque traza relaciones basadas a priori en un “sí o no” en las que después se cuelgan los contenidos o programas; otras relaciones, por ejemplo las de contabilidad, se fundan en rigores matemáticos suficientes; pero lo que hay colgado en esas relaciones, tiene todas las complejidades lógicas y extralógicas de la vida real.

Porque la vida material tiene unas condiciones de individualidad que no pueden ser absorbidas dentro de ese binario lógico; no se contienen sólo en un “sí o no” sino también en un “más o menos” (la lógica difusa comienza a aplicarse con gran éxito a grandes partes de la realidad material) No sólo hay uniones entre hombres y mujeres que no pueden reproducirse. También hay personas que no son exactamente hombres ni mujeres, pero tienen una sexualidad, y tienden a unirse con otras personas. Las naturalezas masculinas y femeninas son difusas, hasta el punto de que lo más general es que sean más o menos masculinas o femeninas.

Igualmente hay hombres que no desean unirse con mujeres, y prefieren unirse con hombres, con quienes obtienen esa sensación de placer. Y mujeres que hacen y sienten lo mismo con mujeres. Y también personas calificadas como hombres o mujeres cuyo bienestar depende de cambiar su posición sexogenérica.

Finalmente, la experiencia de las personas que se encuentran más cerca de los bordes de los conjuntos difusos de sexogénero puede ser no renuncian a su individualidad, a su singularidad, y que se definen como personas (un paso más sería definirse por su nombre propio)

Nada de esto es deductivo. Todo requiere una comprensión inductiva, porque es material, y por tanto único en cada persona. Se ajusta más o menos a la sexualidad ideal, o no se ajusta. He pronunciado la expresión “más o menos”. Esto es no-binario, entra dentro de la lógica no-binaria (de las relaciones no-binarias que intervienen entre seres reales) Si pretendiéremos ajustarlo al binario, haríamos la desgracia de muchas vidas, no sólo las de estas personas muy no-binarias, muy fuera de la abstracción binarista que exige un “sí o no”, sino de las personas a las que forzadamente se unieren binaristamente.

Se trata del residuo material y particular de la racionalidad universal y requiere una nueva moralidad cuyo punto primero tiene que ser el respeto a estas realidades individuales aunque no sean lógicas, pues la condición de su existencia es precisamente la falta de lógica; si todos fuéramos completamente lógicos, no existiríamos materialmente. Seríamos teoremas, no personas.

Somos las personas más difusamente alejadas de las abstracciones de la Lógica binaria las que mejor garantizan la libertad individual de todos. Muchos de los que están más cerca de esas abstracciones pueden quedar seducidos por ellas. Sucedió así con las abstracciones binarias que definían a los nobles y sus privilegios en el Antiguo Régimen; fueron los empresarios y financieros, que no tenían lugar en esa abstracción, quienes necesitaron la libertad de abolirla.

De la misma manera, las personas que estamos fuera de la abstracción binaria relativa al sexogénero, necesitamos abolirla. En este proceso encontramos muchas veces la incomprensión y hasta el odio de los no-binaristas, hasta el punto de que el respeto a las minorías sexuales suele ser modernamente el termómetro de la libertad social. Lo que hace que nuestra necesidad de libertad sea visceral, literalmente.

Haré aquí una mención, que al final revelará su interés general, sobre la preocupación sobre la etiología de la homosexualidad o la transexualidad, frecuente entre quienes pertenecemos a las difusas minorías sexuales para justificar nuestra realidad; con ese fin justificatorio de lo que otros veían como irracionalidad, y por tanto condenable, se han usado tanto las etiologías biológicas, primero, como después biográfica, y hasta especialmente política, como rebeldía frente a lo constituido.

Podemos advertir que esta perspectiva que ve a la vez la Lógica y lo que no es lógico, larealidad no-binaria de todo lo material, no necesita usar la Etiología más allá de su naturaleza de ciencia fáctica, sobre lo que es, no sobre lo que debe ser; versa sobre realidades tendenciales, pero fácticas de hecho; la sexualidad tiende por ejemplo hacia una sexuación dual, pero una vez constituída una intersexualidad, existe y debe ser reconocida.

La Etiología, encuentre causas biológicas, o biográficas, o ambas no tiene que ser considerada como legitimadora o no legitimadora de determinadas conductas consideradas como anómalas o extralógicas, queriendo llegar a un logicismo absoluto que incluya la sexualidad regular y la irregular.

No; la realidad material es siempre más o menos lógica, como todos los sistemas no-binarios son más o menos lógicos, no lógicos o ilógicos, es bueno en un plano metafísico que las todas las realidades sean lo que son, individuales, imperfectas, aunque experimenten la atracción del modelo lógico, que cumplirán también en más o menos. En ese más o menos está su moralidad.

miércoles, enero 06, 2010

Mística no-binarista

Una cuestión cultural mayor, que funciona como cuestión previa, es la elección de un método de pensamiento. Digo elección, porque es prácticamente imposible decidir entre la verdad o no-verdad de las distintas opciones. Yo me aparto del materialismo, porque no tiene en cuenta los muchos indicios existentes de la realidad como pensamiento (el principal, la correlación entre matemáticas y materia) También me aparto del idealismo puro, en la medida en que la materia no es enteramente, sino sólo tendencialmente matematizable. Me quedo en un realismo (o quizá postrealismo), en el que es preciso observar empíricamente la materia o lo que cambia, a la vez que se tiene en cuenta sus tendencias hacia lo que no cambia. En este realismo o postrealismo, tengo sitio para un análisis childeano (neomarxiano) de la estructura histórica, en el que debo añadir las observaciones sobre los hechos culturales que están fuera de ella, como los derivados de la intuición estética o ética.

Conviene detallar este último párrafo: estoy convencida de que las formaciones históricas se explican en una medida grande por la relación entre infraestructuras tecnoeconómicas y superestructuras ideológicas y políticas y en otra medida grande por la presencia o ausencia de intuiciones como la de belleza o la de bien, ajenas a esta relación estructural; la prueba fundamental de que dispongo para esta aserción es que las formas del arte paleolítico nos sigan pareciendo bellas después de que hayamos pasado por sucesivas formaciones estructurales.

Porque hay en efecto dos formas de conocimiento: el razonamiento, basado en la elaboración de conceptos, que son las partes comunes de las distintas realidades, y en el establecimiento de relaciones entre ellas (que es gradual y objetivo) y la intuición, que es la percepción de esas realidades en su integridad (que es instantána y subjetiva y por tanto, puede darse o no darse)

Trazada así mi respuesta, la de toda una vida, a la cuestión previa, me encuentro con que mi atención en la práctica ha tenido que centrarse en las cuestiones de la transexualidad, que me han llevado a las de género y éstas a las del no-binarismo.

Al observar empíricamente la realidad superestructural actual, advierto que la mayor parte del pensamiento no-binarista se sitúa dentro del método materialista, creo que más por inercia cultural de la tradición libertaria, que por una reflexión nueva sobre las estructuras de la realidad y lo que las sobrepasa.

Como consecuencia, si yo me sitúo dentro de un método realista (postrealista), tendré que definir cuáles pueden ser las consecuencias de su aplicación al no-binarismo.

O dicho más detalladamente: si entiendo cuáles son las del no-binarismo materialista, hoy predominante, podré explicitar mejor, las del no-binarismo realista (o postrealista)

El no-binarismo materialista vigente, por su inercia libertaria, comprende la liberación de género como un fin en sí, una exención de los sistemas de poder que abruman la vida humana (Foucault), cuyo resultado final se puede definir en términos de fiesta, más allá de la cual su teleología calla. No hay lugar para la perfección estética ni ética en esta fiesta, no hay nada fuera de la celebración de la propia fiesta.

En mi no-binarismo realista o postrealista analizo el género como decreto fundamental de un código de género, cuyo sentido último es el mantenimiento de una relación de poder determinada. Por tanto, no le doy legitimidad intemporal, sino sólo estructural. La liberación “del” género procede de la subjetivación, que descubre las discrepancias entre las dinámicas personales y las prescritas por el código de género, y en este sentido contribuye a la liberación de la subjetividad frente a las circunstancias que la atenazan.

Se puede añadir que el descubrimiento de la subjetividad es un hecho de intuición, no de razonamiento, que por tanto resulta preestructural, extraestructural y postestructural. Lo subjetivo aparece como una realidad distinta de todo lo objetivo. Se diferencia gradualmente y se separa de todo.

También aquí debo detallar esta noción. El descubrimiento de la subjetividad, que es el de que “yo soy yo”, es el de la intuición de una realidad hasta entonces no percibida; espacio interior, única realidad vista desde dentro que se opone a toda otra realidad, vista desde fuera, objetiva. Mi propio cuerpo, mis manos, que muevo ante mis ojos, mi sexo, mi situación social, las otras personas, animales, cosas, el Universo entero menos yo, son realidades objetivas. Esta diferenciación me libera de ellas. no son yo.

Pero la noción básica del realismo (o postrealismo) binarista, que parte de la noción de límite matemático, es la de la tendencia de las formas materiales a su perfección conceptual. Hay una ascética implícita en este proceso y por tanto, una mística.

La concepción del ser humano como tendente a una subjetividad libre de cualquier determinación, empezando por las de género. La puesta en práctica de esta libertad. La experiencia de esta libertad y de sus dificultades. La generalización intuitivamente solidaria de esta liberación. Lo que se halle más allá de una consciencia liberada de sus determinaciones. Éste es el programa de esta ascética guiada por esta intuición mística.

lunes, diciembre 14, 2009

Realidad no-binaria, conjuntos difusos

Por Kim Pérez
Publicado previamente en http://conjuntosdifusos.blogspot.com



Los conjuntos difusos son un concepto de Lotfi A. Zadeh, publicado en 1965, que se refiere a realidades que se pueden agrupar sobre un criterio de más o menos y no de sí o no.

La lógica que se desarrolla a partir de este concepto es una lógica multivaluada, en la que hay muchos valores de verdad, mientras que la lógica que se desarrolla a partir del concepto binario de sí o no (o 1,0) es una lógica bivaluada.

No es que la primera sea verdadera y la segunda falsa. Es que la primera es aplicable para ciertas realidades y la segunda para otras.

Por ejemplo, si clasificamos los paisajes que conocemos según su belleza o su fealdad, estaremos situándolos en conjuntos difusos de bellísimos, muy bellos, bellos, corrientes, feos, muy feos, feísimos. No es una operación mental puramente subjetiva ni especulativa: sobre ella se montan de hecho estrategias de viajes, desde los tiempos del Grand Tour de los ingleses, que tienen las consecuencias económicas que conocemos,

Por otra parte, toda la informática está fundada sobre un sistema binario de 1,0, o de lógica bivaluada, cuyos valores de sí o no resultan imprescindibles para conseguir los propósitos a los que responden los ordenadores.

El binarismo no es por tanto el uso de la lógica binaria, sino la pretensión de tratar binariamente realidades que no lo son ni lo pueden ser conceptualmente.

Pero la distinción entre binario y difuso no es binaria. Quiero decir que no hay sólo realidades binarias y realidades difusas. Hay realidades no binarias que no son difusas, y cuando se está en una práctica no binarista hace falta distinguir entre unas y otras. Es preciso tomar en consideración lo no binario, pero no difuso, y lo no binario y difuso como lo que son.

Partimos de que la lógica binaria aparece a nuestros ojos con un prestigio y una radicalidad que nos incita a querer que sea binario lo que no lo es. Queremos que haya una belleza (1) y una fealdad (0), un bien (1) y un mal (0), al que coherentemente se ha definido como “la falta de bien”, pero sabemos que en estas realidades existe verdaderamente una amplia zona de grisuras.

Lo mismo se puede decir de la pretensión de que sólo existan hombres y mujeres. Pero esta frase es binaria (1,0) si partimos de una definición rigurosa, por ejemplo basada sobre el sexo cromosómico: ¿Es persona XY? Entonces, contamos el valor sí; ¿no es persona XY? Entonces, contamos el valor no. También podemos hacer la misma operación con las personas XX.

Encontramos entonces la definición de hombre como no XX y la de mujer como no XY. Pero la frase que consideramos empieza diciendo “sólo”, es decir, que supone que “todos los humanos somos XX o XY”, lo que sabemos empíricamente que es falso, puesto que existen personas que no son XX ni XY. Por tanto, el sexo cromosómico no es una realidad binaria y empeñarse en que lo sea es binarista. Más adelante veremos que el sexo cromosómico, no siendo una realidad binaria, tampoco es dfusa.

Lo mismo, o más, sucede si usamos otro criterio para definir hombre y mujer, por ejemplo, la forma de la región genital, en la que nos encontramos todas las variaciones de la intersexualidad en una proporción relativamente elevada, de alrededor de un 2% de los nacidos. La realidad es por tanto no binaria, y la negación de la realidad conduce por ejemplo a imponer reasignaciones quirúrgicas para ajustar a la persona intersexo a los dos únicos conjuntos supuestamente existentes.

En cambio, alcanzamos lo no binario o difuso cuando se trata del género como conducta, y se trata de definir lo masculino y lo femenino. Sabemos que esto, que a simple vista resulta inasible, se convierte en los sistemas binaristas necesariamente en un Código de Género autoritario, puesto que no corresponde a la realidad y sólo se puede imponer por miedo, que de hecho, y de manera no escrita, enumera cuidadosamente las profesiones, conductas, ropas, arreglos, gestos, posturas, maneras de hablar, etc que se consideran masculinas o femeninas, e impone a quien lo contravenga penas que van desde la irrisión pública al destierro familiar, la pérdida de empleo, la cárcel o la de muerte, impuesta por linchamiento o crimen de odio, o por ley escrita.

Mientras que la estructura no binaria y no difusa, en el dominio somático, es cuestión de mayorías/minorías, en el terreno del género la estructura no binaria y difusa afecta a todas las personas, como una liberación de la falsedad, puesto que en un sistema binarista todas se ven obligadas a ceñirse a los preceptos del Código de Género binarista, unas convirtiéndose en opresores, incluso contra su voluntad, y otras en oprimidas, incluso aunque no lo sepan.

La cuestión del no binarismo de género no es por tanto cuestión de mayorías/minorías, sino de humanidad. Para convencerse, basta con retroceder con la ayuda del cine a una de las épocas más rigurosamente binaristas, la de los años cincuenta, y examinar cómo nos ajustaríamos personalmente a los dos modelos de vida extremados que se proponían con valor moral.

Puesto que la realidad sexual y de género no es binaria, cabe preguntarse por qué no forma un continuo indiferenciado, un más o menos infinitamente gradual, sino conjuntos o núcleos.

En parte es por razones objetivas, según el elemento definidor que usemos. Existen verdaderamente conjuntos de personas XY, o de personas XX, o de personas X0, o de personas XXY, etcétera. No hay un continuo de más o menos, sino de diferencias cualitativas. En este caso hay que hablar de una realidad que no es binaria, pero tampoco difusa.

La realidad difusa se encuentra cuando se puede definir por un más o menos, y esto es lo que ocurre precisamente con el género, en el que las conductas se pueden definir fácilmente con un más o menos masculinas o femeninas (hay un verdadero continuo que va de lo extremadamente masculino a lo extremadamente femenino) y hay una amplia zona más o menos indefinida entre los dos extremos.

En esta realidad es donde podemos preguntarnos por qué se forman conjuntos difusos y cuál es el mecanismo que los forma. Es decir, por qué no nos limitamos a pensar que soy más o menos masculina/femenina dentro de un solo conjunto en el que todos sus integrantes se definen lo mismo, en una serie infinitamente graduada y por tanto no significativa de diferencias cualitativas.

Aventuro como respuesta que es una cuestión en la que las diferencias cualitativas somáticas que hemos visto se doblan por formas de consciencia o identidades. Se trata de núcleos de consciencia que, por la misma naturaleza de la consciencia, se forman difusamente.

Por ejemplo, la cualidad XX se reviste de una multitud de formas de consciencia. Estas formas de consciencia, semejantes en muchas personas, forman el concepto difuso Mujer, que hay que distinguir de la cualidad XX. Efectivamente, hay personas XX cuya consciencia de sí o identidad se forma separándose del concepto Mujer por una gran diversaidad de razones e incluso hay personas XY que en cambio se integran en el concepto Mujer por otra gran cantidad de razones.

Por tanto, se observa que el concepto Mujer no tiene que ver con la biología, por lo que carecen de valor los reduccionismos biologistas a efectos de quién es Mujer y quién no; es un hecho de consciencia o de identidad, y como tal, es un hecho que forma un conjunto difuso, puesto que hay muchas personas que se definen identitariamente como mujerees, pero poco, etcétera

Entonces es la consciencia o identidad la que define otros conceptos o conjuntos difusos. Puede haber un concepto de Intersexo en el que se agrupen quienes cualitativamente sean distintos cromosómica o fenotípicamente o incluso cerebralmente de la mayoría de las personas que se afirman como Hombres o como Mujeres. Puede haber un concepto de Transexual, en el que se integren quienes se identifiquen como Transexuales, y no como Hombres o Mujeres (aunque pueda haber otras personas en las mismas circunstancias que se identifiquen como Hombres o Mujeres) O puede no haber conceptos Intersexo o Transexual, y formarse otros, como el concepto Queer, que aglutina a las personas de otra manera, tan inclusivo potencialmente que cualquiera puede incorporarse a él como “raro”.

Etcétera. Estamos en el terreno de las identidades, de las formas de consciencia, que pueden apoyarse o no en determinadas cualidades somáticas, pero que son de por sí variables y fluidas, aunque forman esas agrupaciones circunstanciales a las que llamamos conjuntos difusos de género.

Y sin embargo, como formas de consciencia son capitales, por cuanto el ser humano se puede definir específicamente como una forma de consciencia. Sólo que es útil tener presente el carácter difuso y fluido de las formas de consciencia relacionadas con el género.



Panorama del no-binarismo



Por Kim Pérez
Publicado previamente en http://conjuntosdifusos.blogspot.com


¿Cómo es la sociedad que se puede entrever creada sobre la base conceptual del no-binarismo de los conjuntos difusos de género?

Una sociedad muy abierta y con una gran variedad y fluencia de manifestaciones de género. Para poner el punto de la nueva ética de género, se puede aceptar que los dos mayores conjuntos difusos serán los de quienes se identifiquen como +/- hombres y como +/- mujeres, como +/- masculinos y +/- femeninas. Pero la nueva cultura tendría siempre presente que en todos los conjuntos difusos hay un +/- y una ausencia de límites definidos.

Ciertos hechos patentizarían en esos conjuntos difusos la realidad de la aceptación del no-binarismo: la presencia entre los +/- varones y +/- mujeres de personas que no serían biohombres ni biomujeres, sino hombres trans, mujeres trans y también intersexos que se reconocerían a sí mismos dentro de esos conjuntos de género; todo ello no clandestino, sino explícito; y la presencia, junto a esos conjuntos difusos, de otros definidos diferentemente por quienes prefiriesen adscribirse a ellos: el conjunto difuso de las personas +/- intersexuales (que quieren permanecer en su intersexualidad), de las +/- transexuales (que quieren transitar más o menos y ser reconocidas como personas en tránsito), de las +/- asexuales (que quieren eludir cualquier referencia al sistema sexogénero), de las +/- rompegéneros (provocadoras), de las +/- drags (kings y queens; estilizadoras e hipervisibilizadoras del género) , de las +/- cibergenéricas (integradoras de las nuevas tecnologías en la definición personal) y cualquier otro concebible.

Curiosamente, todo ello existe en nuestra sociedad actual, que sin embargo tiene dificultades para reconocerlo, por su binarismo básico. Todavía intersexos y transexuales recibimos como mucho la reasignación en uno de los dos sexos legales, no el reconocimiento normal y pleno de nuestra singularidad. No es ajeno a este problema que las mismas personas intersexuales, transexuales, etcétera, estemos impregnadas de la cultura binarista, y si pensamos en normalizarnos, pensamos en incorporarnos al sistema binario. Precisaré que no se trata de multiplicar los sexos legales (que incluso dejarán de mencionarse pronto en el estado civil) sino de multiplicar las formas de expresión del género, como forma cultural asociada al sexo y la sexualidad.

Desde el momento en que la realidad social se concibe como no compuesta por dos conjuntos cerrados de sexo, sino por diversos conjuntos de género, abiertos y fluidos, éstos de hecho funcionarán en régimen de alianzas libres y variables, y el Estado democrático deberá regular las relaciones entre todos ellos en términos de libertad e igualdad.

En cuanto al régimen de alianzas, la concepción binarista no las permite en el interior del sistema de sexogénero. Al entender que hay sólo dos sexos, dos géneros, instaura una posibilidad de confrontación entre ambos. Dos, o conviven o luchan (o se equilibran o se desequilibran) Tres, o más de tres, inauguran nuevas formas de convivencia que pueden incluir la alianza circunstancial y variable frente a uno indeterminado, pero también la alianza de todos frente a un enemigo exterior (por ejemplo, el neobinarismo fascista o integrista)

Las dimensiones que pueden alcanzar los nuevos conjuntos difusos son impredecibles. De momento, parecen muy minoritarios, pero es que seguimos viviendo en régimen de represión, marginación y pauperización. ¿Cuáles son las dimensiones del armario, como efecto del miedo?

¿Qué puede ocurrir cuando el conjunto social acepte gradualmente la existencia en libertad, igualdad y garantía de todos estos otros conjuntos difusos de género? ¿Qué proporción de personas se expresarían más o menos siguiendo sus líneas cuando sea verdaderamente libre hacerlo?

Suprimido el sexo como dato del estado civil, hecho inminente en el que hay consenso incluso de los juristas conservadores, puesto que ya no es fuente de diferencia de derechos alguna, quedan las expresiones simbólicas en forma de arreglo, ropas, nombre, trato, con una variedad y creatividad análoga a la de las tribus urbanas, todo ello unido a formas de acceso no binario a los aseos públicos y régimen de hospitalización y encarcelamiento, que ya se están experimentando, con la ayuda deseable del sentido común.

La expresión de género dentro de cualquiera de esos conjuntos difusos deberá ser libre y permanecer libre. Las relaciones entre las personas identificadas con ellos deben permanecer libres. Si alguien del conjunto de los +/- hombres entendiere su relación con una +/- mujer en términos de dominación de género, atacaría a las reglas de convivencia del conjunto de la sociedad, en la que no puede haber dominación que impida la libertad.

Esto significa que el conjunto difuso de los +/- hombres puede cultivar un género difusamente masculino y el conjunto de las +/- mujeres puede cultivar un género difusamente femenino. Algunos pueden seguir incluso una forma de expresión conservadora. Pero si el binarismo está roto, estas formas son realmente distintas, pues se entienden en un conjunto no-binarista. La concepción no dualista implica que no se ven como opciones únicas y obligatorias, sino como voluntarias, como expresión de preferencias personales con alternativas abiertas a la experimentación personal.

Esta sociedad profundamente diversa, en la que las expresiones de género se crean y se recrean continuamente, que las acepta como formas de la creatividad y la adaptabilidad humanas, presenta junto a las formas más conservadoras las más innovadoras, todas en un conjunto gobernado por reglas comunes de respeto mutuo democrático. Esta variabilidad debe ser considerada como uno de sus valores; es un bien biológico y es un bien social.

Estas propuestas configuran ciertamente un liberacionismo de género, que empieza históricamente por el feminismo pero lo supera al integrar a otros movimientos liberacionistas. Sin embargo, paradójicamente, al superarlo, pone al feminismo frente a su auténtica naturaleza. El feminismo aparece como el liberacionismo de género realizado por las mujeres con su fuerza demográfica y su conciencia de conjunto. No ha sido un simple corporativismo o sindicalismo de mujeres, dedicado a tirar de la manta de las propias conveniencias, sino que se ha planteado un futuro mejor para los dos conjuntos que concebía, tanto para las mujeres como para los hombres. Su verdadera fuerza histórica ha sido plantearse como un no sexismo, como un liberacionismo de las opresiones de género tanto para las oprimidas como para los opresores, crear un mundo en el que los humanos, las relaciones humanas, se vean libres de la opresión de género.

Pero el feminismo futuro es el feminismo integrado en el liberacionismo de género más general, no binarista, al descubrirse que la opresión de género incluye la opresión de la multiplicidad de las expresiones de género.

Está claro que, por tanto, y en general, deberá superar la herencia binarista en la que se ha visto envuelto como toda nuestra cultura, salvo excepciones clarividentes. Cualquier binarismo feminista, como el del feminismo de la diferencia, estalla literalmente con estas propuestas. Se trata de diferencias, pero ya no es la diferencia entre dos, sino la diferencia entre tres, cuatro, cinco, seis, siete…., una cantidad indefinida, tendencialmente infinita, “cada persona, un género”, es decir, un modo cultural de administrar su sexo y su sexualidad.

Como en otros hechos que hemos considerado, este estallido ya se ha producido, concretamente con la Teoría Queer, y su posible prolongación en el sentido de que “todos somos queer”, correlato lógico de “cada persona, un género”

Pero también estas propuestas superan el feminismo de la igualdad, que parte del supuesto de una estructura dialéctica del género, dual por tanto como base, que tendería a una abolición del género, al mostrar que este esquema binarista es una estilización, y que en la realidad material existe una pluralidad de sexos, realmente más de dos, de sexualidades y de expresiones culturales de género, lo que deshace los esquemas dialécticos. Sin embargo, son afines al feminismo de la igualdad en cuanto que son liberacionistas, aunque no “del” género (superándolo) sino “de los” géneros (expresándolos en régimen de igualdad de derechos)

El nuevo feminismo practicará conscientemente alianzas con los conjuntos difusos emergentes y hasta, eventualmente, con el conjunto difuso de los hombres, o con partes significativas del mismo. Se trata de nuevo solamente de tomar conciencia de la dimensión de una práctica que en España se remonta a la alianza con el movimiento gaylésbico (por tanto con una parte del conjunto de los varones) y con el movimiento transexual, datada en 1993.

El sistema de alianzas ya está vivo, por consiguiente, y la única diferencia con la situación actual es que los conjuntos aliados ya no se entenderán como relativamente marginales ante el activismo feminista, sino como conjuntos en un plano de igualdad y como una alianza estratégica.

En el conjunto de la vida de la polis, esta propuesta se inserta dentro de la tradición libertaria, como manifiestamente individualista, concibiéndose las relaciones humanas como un sistema de alianzas libres entre conjuntos libres de personas libres, autónomas y que se autodeterminan. No está muy lejos por tanto del federalismo ácrata fundado a su vez en la razón y en el respeto a la subjetividad autónoma, y por tanto, en Kant. El cooperativismo no le es ajeno, ni el principio de subsidiaridad. El no binarismo muestra en la práctica contemporánea una considerable fuerza de transformación de todas las relaciones sociales y de la autocomprensión humana.

Estatuto epistemológico del binarismo y el no-binarismo de género

Por Kim Pérez

Publicado previamente en http://conjuntosdifusos.blogspot.com


Estamos usando intuitivamente las palabras binarismo y no-binarismo, refiriéndolas al sistema sexo/sexualidad/género, y debemos llegar a usarlas de manera racional.

En cualquier discusión, es conveniente comenzar poniéndose de acuerdo en las definiciones y de esto se trata.

Sabemos que nos referimos a algo dividido conceptualmente en dos y a la convicción de que tal división en dos es incorrecta.

Lo binario es una forma de representación matemática que usa un sistema de numeración 1,0, que también corresponde a un organigrama “sí, no”, o a un concepto de “presencia, ausencia” de una cualidad determinada.

Estos sistemas binarios se han mostrado utilísimos para la informática, hasta el punto de que con ellos se pueden codificar universos enteros (véase la película “Matrix”)

Por tanto, lo binario es una dimensión de la representación lógica/matemática de la realidad que merece todo respeto. Decir que somos antibinaristas en este sentido equivaldría a decir que estamos en contra del sistema métrico decimal.

Yendo a la realidad física, nos encontramos con estructuras duales que no son sin embargo binarias,sino que forman pares de elementos que se requieren el uno al otro, en los que existen a la vez A y B, y sólo A y B (y no A y 0, o 1,0)

La más fundamental es la de los polos electromagnéticos, positivo y negativo. No es binaria porque no se puede describir como “presencia, ausencia”. No es que el polo negativo se pueda definir como “ausencia del positivo”. Al contrario, es que el campo electromagnético está formado a la vez por la presencia de esos dos polos. La presencia de uno de los polos, no presupone la ausencia del otro, sino su presencia. Y no es posible separarlos. Si se parte en dos un cuerpo magnético, sólo se consiguen otros dos campos polarizados.

¡Y nada más que por ellos! No hay tercera polaridad, ni formas intermedias entre las polaridades.

Esto se puede expresar diciendo que lo binario no es lo dual. Lo binario es un sistema matemático, el juego entre presencia y ausencia, 1,0, muy apropiado para la representación de la realidad, y que corresponde a algunas realidades físicas, pero no a todas, y lo dual es otra determinada estructura de algunas realidades físicas, no de todas.

Por ejemplo, es binario el juego Luz/Oscuridad, que corresponde a una presencia/ausencia, y que es por cierto la base del funcionamiento físico de los ordenadores (electricidad/no electricidad, 1,0)

En cambio no es binaria, sino dual la estructura Polo Norte/Polo Sur, y los dos Hemisferios correspondientes, puesto que se basa en el campo magnético de la Tierra.

También podemos considerar realmente dual la estructura espacial izquierda/derecha, que divide algunas partículas en levógiras/dextrógiras o determina la simetría bilateral de muchos seres vivos.

Es verdad que la estructura binaria Luz/Oscuridad tiene un efecto muy considerable en nuestra vida, pues es la base de la experiencia Día/Noche, tan fundamental para nuestra supervivencia, que ha dado lugar metafóricamente a la evaluación Bien/Mal.

Quizá debido a esto, al valor de adaptación trascendental, que experimentamos cada noche desde que somos pequeños, con los terrores nocturnos, nuestra mente tiende a funcionar con criterios binarios y, por confusión, duales, convirtiendo toda la realidad en sistemas de pares, e integrando en nuestros pares representacionales lo que es y lo que no lo es.

Formamos estos pares para representarnos la realidad social (Ricos y Pobres) omitiendo a las Clases Medias, o no considerándolas a efectos teóricos (Burguesía/Proletariado)

Es como si cualquier consideración de lo intermedio perdiese fuerza estética. O como si valorásemos la economía de dicción que supone hablar sólo de dos (“Ricos y Pobres”) y no de tres (“Ricos, Pobres y ¿cuál es la palabra?”)

Esta economía nos lleva, en la política contemporánea, a hablar de Izquierdas/Derechas, omitiendo el Centro, aunque sea determinante para las unas y para las otras.

Y en el fondo, es una estética o una economía similar lo que nos lleva a definir los sexos (Macho y Hembra) o los géneros (Masculino y Femenino), fundándonos en las grandes mayorías estadísticas, pero omitiendo que sabemos que hay personas extrasexuales o extragenéricas

La realidad, fuera de nuestras representaciones, es compleja. Existen estructuras binarias, estructuras duales y estructuras ni binarias ni duales.

En la materia, no sólo existen los protones, con carga positiva, y los electrones, con negativa, sino los neutrones y los neutrinos, sin carga. Y las mismas partículas que se definen por su posición recíproca, en el núcleo u orbitándolo, pueden tener las cargas invertidas (antimateria)

La realidad biológica parte de seres asexuados, que se reproducen por mitosis o mera división celular, pasando todo su ADN de una generación a otra, y llega a la formación de seres que puedan aportar partes de sus ADNs para formar la siguiente generación.

Pero en cada generación, puede haber seres habilitados para aportar sus ADNs y seres no habilitados para ello sino para otras funciones, como en el caso de las abejas y las hormigas, de las que la inmensa mayoría de la población pertenece a esta tercera categoría.

En otras especies, como la humana, la gran mayoría puede aportar sus ADNs pero hay una considerable proporción de seres que no pueden aportarlos y que, de acuerdo con el esquema anterior, deben ser considerados como variantes biológicas y no como hombres o mujeres deficientes. No hay sólo, por ejemplo, personas XX y personas XY, sino personas X0, XXY, etcétera.

Entre los hipocampos o caballitos de mar es conocido que, una vez producida la fecundación en el cuerpo de la hembra, ésta transfiere los zigotos con una verga al cuerpo del macho, al que corresponde la incubación y el parto.

No hay nada metafísico, por tanto, en la distinción Hombre/Mujer, nada que corresponda a una especie de división de la naturaleza entre arquetipos de Masculinidad y Feminidad, sino una mera división funcional que no excluye otras funciones, y hasta variaciones no funcionales, todo lo cual se filtra y bracea en la historia biológica con resultados adaptativos.

Cuando simplemente constatamos con llaneza que junto a los niños y las niñas nacen otras criaturas distintas, y que esto es natural, puesto que es la naturaleza quien lo hace, estamos empezando a liberarnos de una representación simplista que no nos dejaba ver nada más que a los dos grupos primeros y empeñarnos en subsumir al tercero en los dos mayoritarios.

El sistema sexual no es binario, en primer lugar, porque Macho no es no-Hembra, ni viceversa. Ontogénicamente, se puede decir que Macho es Hembra+Andrógenos (simplificando) Como el flujo individual de andrógenos en hembras y machos es diferencial, se puede hablar legítimamente de diversos grados de masculinización en cada individuo, hembra o macho.

Ni siquiera Macho y Hembra son duales, es decir, dos aspectos de una sola realidad, lo mismo que el polo positivo y el negativo (llamados así porque se ha querido llamarlos así, no porque cada uno suponga ausencia del otro) son partes inseparables y siempre presentes a la vez en el campo electromagnético.

Biológicamente, Macho y Hembra son dos funciones relacionadas con la aportación de ADN para formar nuevos seres, que además incluyen muchas variaciones de unas especies a otras, como la inversión del sexo en algunas de ellas y en determinadas ocasiones.

Llegamos entonces a la conclusión de que el binarismo es la tendencia a dividir toda la realidad en dos formas contrapuestas, corresponda o no esta división a las estructuras de la realidad.

Se trata por tanto de una representación no justificada racionalmente del todo, aunque contenga razonamientos fragmentarios y otras nociones impulsadas por distintos factores emocionales, insuficientemente analizados.

En resumen, es lo que se llama una ideología, o racionalización, diferenciando estos conceptos del verdadero estudio racional.

Como ideología no correspondiente a la realidad, el binarismo produce distintos efectos nocivos, como el maniqueísmo Bien/Mal o la distinción radical entre Macho/Hembra o Masculino/Femenino.

Se puede decir que su nocividad consiste en que impone fisuras tajantes donde no las hay, sino más bien un continuo entre las distintas formaciones.

El binarismo intenta representar las realidades no-binarias mediante formas binarias o duales, sin distinguir tampoco entre unas y otras. Estas formas (1,0 y A,B) están caracterizadas sin embargo por ser excluyentes de otros elementos, por lo que el binarismo no consigue dar cuenta de las realidades difusas.

Emplea una lógica booleana o excluyente, apropiada para una parte de la realidad, pero no sabe usar una lógica difusa ni informal, apropiada para otra gran parte de la realidad.

La razón por la que empleamos adecuadamente en nuestra posición la palabra binarismo es porque contiene el sufijo –ismo, muchas veces empleado para designar escuelas, estilos o ideologías, es decir, sistemas de representaciones artísticas, o políticas, más o menos voluntaristas e insuficientemente justificadas racionalmente.

En cambio, cuando nos planteamos fundar un conocimiento en la mayor racionalidad que nos sea posible, solemos usar el sufijo –logía (aunque no siempre: Astrología frente a Astronomía)

Por eso, el uso de la expresión no-binarismo también es correcto, porque no pretende ser ninguna construcción ideológica, como lo expresa la partícula “no”.

Niega en cambio una ideología, como una tachadura lógica, y es la pretensión de acercarse a la realidad, percibiéndola, describiéndola y ordenándola racionalmente.

Esta visión teórica es distinta de cualquier política, excepto de la reclamación del derecho a existir.

El no-binarismo sexual constata que el binarismo ha afectado hasta ahora a los conceptos de intersexualidad (viéndola como inter, no como extra), transexualidad (trans, o paso de A a B, sin pensar en AB ni en C ni en D) e incluso al feminismo (los objetivos de liberación de la opresión de género y en particular, de las imposiciones de género, no requieren una polarización dualista Varón/Mujer; también hay opresiones e imposiciones de género Varón heterosexual/Varón homosexual)

Sin embargo, el no-binarismo yerraría si pretendiera crear una política precisamente no-binarista, como una contradicción en los términos. Su expresión debe centrarse en el terreno de la Sexología, y criticarla y corregirla racionalmente donde sea menester, a la vez que espera que el tránsito de la Teoría a la Praxis genere ahora nuevas políticas intersexuales (o extrasexuales), transexuales (o extragenéricas) y feministas (o no-sexistas)

De la misma manera, existe una Ecología y muchos ecologismos. La transición de la Teoría a la Praxis es inmensamente compleja, admite matizaciones “usque ad infinitum”, diversas prioridades y voluntarismos no siempre racionalizables, muchas veces intuitivos, en los que se ven otros campos de la realidad.

El no-binarismo sexual, como método que puede usar la Sexología, generando en ella un giro copernicano, sólo debe pretender señalar hechos y justificarlos racionalmente, para que la praxis no-binarista los tenga en cuenta y cree formas actualmente no existentes.

EL BINARISMO COMO IDEOLOGÍA


En estos tiempos postmarxistas podemos reconocer mejor lo que sobrevive del análisis marxiano.

Estudiar marxianamente el sistema sexo /sexualidad/ género es necesario, porque este análisis corresponde adecuadamente a la realidad social, pero no debe hacerse asimilando los sexos a las clases, lo que sólo puede ser una metáfora, que conduce además al imposible de la desaparición de los sexos, por analogía con la desaparición de las clases, sino mediante la siguiente pregunta:

Puesto que el binarismo sexual es ideológico, por tanto superestructural, ¿a qué infraestructura corresponde?

Si las dos clases dominantes últimamente (durante los últimos mil quinientos años) han sido sucesivamente la nobleza y el empresariado, ¿a cuál de ellas se puede deber la formación del binarismo?

En los siglos de la nobleza, la riqueza/poder se acumulaba y se transmitía sólo matrimonialmente. Por tanto, en los sectores altos de la sociedad, los creadores de ideología, sólo contaba ser hombre y mujer.

Motivo suficiente para crear o mantener una representación binarista. Si sólo cuenta ser hombre o mujer, sólo hay hombre y mujer (y heterosexuales, aunque no existiera el concepto)

¿Y por qué la concepción binarista era también de dominación, no de igualdad, sino de supremacía del hombre sobre la mujer? ¿O lo que es lo mismo, por qué la transmisión de la riqueza se hacía por la línea de varón, mediante los mayorazgos, abiertos sólo ocasionalmente a la mujer?

Porque la creación de riqueza, durante toda la Edad Media, se hacía básicamente mediante la guerra y la conquista. El noble era básicamente guerrero, aquella guerra dependía de la fuerza corporal, y la fuerza corporal del hombre aventaja a la de la mujer. Se podía ser un bruto, guerrear como un héroe, y ganar un señorío. No había más complicación intelectual.

Por tanto así se reunía la riqueza patrimonial, que luego se transmitía matrimonialmente, en forma de mayorazgo.

Cuando, en la Edad Moderna, el empresariado empieza a sustituir gradualmente a la nobleza como clase dirigente, empiezan a desaparecer las condiciones que daban lugar a la ideología binarista.

La creación de riqueza abandona el sistema de suma cero de la economía agraria (lo que los nobles consiguen de más sus vasallos lo tienen de menos) y se crean las espirales de crecimiento propias de la industria y el comercio.

Esta creación de riqueza, basada en la organización y el trabajo asalariado, está abierta en principio a todos, puesto que cada vez depende menos de la fuerza corporal.

Sin embargo, durante mucho tiempo subsiste la inercia binarista (trabajo asalariado, trabajo en casa) y sólo durante y después de la I Guerra Mundial se generaliza el trabajo asalariado de la mujer, paradójicamente por la absorción de los varones en la guerra.

A igualdad económica, igualdad de derechos: el feminismo se vuelve socialmente fundamental, por lo que empieza a desaparecer la desigualdad unida al binarismo.

¿Pero por qué no desaparece el binarismo en sí, por qué durante mucho tiempo la sociedad sigue viéndose como formada sólo por hombres y mujeres?

Porque mientras económicamente pudo subsistir el sistema trabajo asalariado/trabajo en casa, sobrevivió la dominación varonil y su placer en la dominación; únicamente cuando fue insuficiente para mantener esa casa, y fue preciso que los dos trabajasen fuera y tuviesen ingresos propios, desaparecieron las condiciones de dominación.

Y al hacerlo, emergieron con vida autónoma y voz propia todos los sujetos que habían estado ocultos bajo el fantasma o voluntad fantasmática de la dominación: no sólo las mujeres, sino los propios hombres homosexuales, que hasta entonces habían visto negado su mismo derecho a la existencia por la represión más feroz, pena de muerte incluída.

Incluso, el régimen empresarial, al permitir toda clase de pequeños negocios, propició la aparición de formas de trabajo propias para personas no-binaristas, al principio en una marginación muy fuerte pero ya con derecho a la existencia: los cabarets en que actuaban transformistas y travestis permitieron por primera vez su visualización.

Mientras los intersexuales seguían todavía férreamente ocultos por la disciplina familiar, algunas audaces trans salieron por primera vez a la luz pública, con todas las letras en los anuncios, en las pequeñas empresas del espectáculo. La sociedad entera supo y vio que había personas distintas de los hombres y mujeres.

En estos momentos, como en todas las transiciones, un invento técnico transforma de abajo arriba la sociedad entera. Ahora es la informática, que nos da voz a todos, y nos organiza en redes que nos dan poder.

Por otra parte, el trabajo informático es igual para hombres, mujeres, transexuales, intersexuales o extrasexuales. Sólo cuenta la capacidad, las diferencias de fuerza corporal han sido reabsorbidas por una tecnología abierta a quien la maneje.

En estas condiciones, las personas que nos consideramos no-binarias, nos agrupamos espontáneamente en conjuntos difusos; y de hecho, transmitimos esa difusividad a los propios conjuntos de hombres y mujeres, antes cerrados.


No se terminan los sexos, sino que se acaban las condiciones de dominación de género, y de la imposición del género contra la que ha luchado siempre el feminismo; al acabarse, se ve la multiplicidad de los sexos, que corresponde a la realidad biológica, y la todavía mayor de los géneros, su correlato cultural.

Hasta el punto de que nuestros conjuntos difusos ya nos son tan necesarios como el aire que vivimos, y tan dignos de defensa frente a cualquier amenaza como cualquier otro de los derechos fundamentales de la persona; una vez que los hemos conocido, las personas que nos afirmamos no-binaristamente, ya no podemos renunciar a ellos, y esto lo afirmamos con pasión.

Los conjuntos difusos son uniones de afines, muchas veces sostenidas por la red, de personas que más o menos nos reconocemos como semejantes, y como militantes en la misma causa, aun salvando el principio de individualidad, que se puede enunciar en rigor como “una persona, un género”, y que nos lleva en último análisis a los conceptos de “yo” y de “persona”, última raíz del no-binarismo.

Esto sucede cuando se cumplen las predicciones de Marx, aunque de momento de manera nada épica (concentración monopolista del capital, nacionalización de grandes bancos o de grandes empresas industriales pedida por ellas mismas, capital público dominando sobre el privado en grandes economías emergentes)

Estamos entrando en un mundo nuevo.