lunes, marzo 07, 2011

Ética futura




Deduzco de la Matemática una ética, en la estela de Pitágoras. La filosofía es la alternativa racional a la moral religiosa, que puede realimentarse de ella o seguir un itinerario propio y exento.

Europa, España, en 2011, han llegado a un dualismo extremo, en el que la moral religiosa ha quedado sola frente a la amoralidad laica, que gravita únicamente hacia los mecanicismos del placer y el poder.

La genealogía de esta cultura se puede situar desde los alrededores de 1960, cuando surgió la contracultura, diferente de las antiguas culturas de derecha e izquierda. “On the road”, Elvis Presley y los Beatles, la “flowers culture” o cultura hippy, las sex-pol, Mayo del 68, el ecologismo, etcétera

La diferencia entre esa cultura y la anterior se dibujó en las conciencias de aquel momento como una línea nítida.

Cincuenta años después, la cultura de la transgresión y el placer ha sustituido de hecho a la cultura de izquierda. En España, Zapatero compatibiliza el neoliberalismo económico de fondo con un barniz de “progresismo” arraigado en el 68.

¿Esta historia es un fenómeno superestructural, inconsciente, surgido de nuevas relaciones de producción, que aflorarían en aquellos años?

Esta hipótesis de una cultura de masas, vinculada al Estado de bienestar y al final de las antiguas relaciones de la clase obrera en las naciones de vanguardia, corresponde ciertamente a una realidad social profunda, infraestructural, lo que explica su perduración a lo largo de este medio siglo.

Sin embargo, Daniel Estulin ofrece una explicación que no tiene que ser contraria, sino complementaria: un apoyo consistente a la nueva cultura pudo proceder de los órganos de poder económico de nuestras sociedades, interesados en apartar a la mayoría de los ciudadanos jóvenes de una verdadera lucha política que pudiera llegar a ser revolucionaria o perturbar por lo menos las estructuras de la sociedad.

¿Pretendían poderes como Skull and Bones, Bilderberg o los niveles más altos de la Masonería Regular distraer a los ciudadanos jóvenes de la participación política, con el fin de asegurarse sin demasiadas interferencias la victoria en la Guerra Fría?

Si era eso lo que pretendían, se ha conseguido. Lo que en nuestra cultura radical se llama “transgresión”, no deja de ser simple retórica y estética, minada además por la drogadicción, el alcohol y la obsesión sexual de los “combatientes”. Pero, sea por intención deliberada de esos poderes, o por una mera deriva inconsciente, la contracultura ha sido y es en gran medida corruptora.

Una nueva conciencia ética es ahora posible y necesaria. Millones de personas jóvenes han perecido en la amoralidad de este cincuentenio.

Ahora tenemos, además, señales de que está produciéndose un nuevo cambio infraestructural. La generalización de la técnica informática y las telecomunicaciones, la profunda crisis económica de las naciones hasta ahora de vanguardia, la arrolladora emergencia de China y la India, el despertar popular de los árabes, están produciendo una nueva cultura de masas, de un nuevo equilibrio socioeconómico que está todavía por definir.

Ciertos otros indicios (“el conservadurismo de los jóvenes”) harían ver en realidad una actitud crítica frente a la moda permisivista de nuestra generación, la de sus padres. Los terremotos políticos van a ser desconcertantes. En esta situación, o no hay una ética nueva, y simplemente se acude a la moral tradicional para colmar el vacío, o hay una ética racional, válida para todos, tan arraigada en la historia de la filosofía como abierta a las nuevas dimensiones de una sociedad que conoce la física cuántica y la salida al espacio exterior.


En particular me interesa muchísimo la aplicación de la ética a las personas intertransexuales y a las homosexuales, para garantizar que la oleada de las nuevas actitudes no nos devuelva a la clandestinidad en la que hemos vivido durante milenios.

Esto se conseguirá en la medida en que la nueva racionalidad sea respetuosa de nuestra realidad, y nuestra realidad sea respetuosa de la racionalidad. Éste querría que fuera mi trabajo.

Artículos sobre Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero ( I )

Por Kim Pérez




(Licencia Creative Commons. Se puede difundir libremente haciendo constar el nombre de la autora)




FUNDAMENTOS MATEMÁTICOS



Anoche, viernes, [25 de febrero de 2011], estaba redactando de nuevo este texto [que recoge el centro de mi pensamiento desde hace más de veinticinco años, me parece] , cuando pensé que podía enviarlo al Diario Digital Transexual [http://CarlaAntonelli.com] Quienes no estén especializados en estas cuestiones, tendrán que leerlo despacio; pero confío en que se entienda por todos los que quieran leerlo.

En el siglo XXI, estudio Matemáticas.


En el siglo XXI, estudio Matemáticas (o hago teoría de las Matemáticas: reflexiono sobre lo que son las Matemáticas en relación con el resto de la realidad)

Son una actividad lógica; lógica quiere decir que se puede hablar de ellas coherentemente, consistentemente.

La coherencia o consistencia constituye el centro de la actividad mental que se construye sobre la suposición de que la realidad sobre la que se aplica es igualmente coherente o consistente: si no lo fuera, no podríamos hablar coherentemente.

El postulado de la coherencia es también el del sentido; todo debe de tener sentido, puesto que podemos hablar de ello coherentemente.

Y la coherencia crea un sistema único, pues cualquier incoherencia del sistema equivaldría a la dispersión de la realidad y haría imposible un discurso unificado; la ciencia abre el cuadro racional del Uno teísta.

El mayor grado de coherencia en el conocimiento subjetivo se da en las Matemáticas.

Me pregunto sobre si las Matemáticas están
=fuera de mi mente (clásicas)
=o dentro (constructivistas)

Veo, empíricamente, mirando la Naturaleza, que

=1. Las abejas trazan hexagonoides (para ahorrar cera)
=2. Los astros son esferoides (por la gravedad)
=3. Aquí y allá se observa una tendencia al número de oro o “divina proporción” (especialmente en formas vegetales)

(Un grupo de la Real Sociedad Matemática Española ha presentado en Cosmocaixa una exposición en la que exponen la forma de la ecuación (X2 + y2 +z2)2 = X2 +y2, que es la de una manzana perfecta, y la de X2 +z2 = y3 (1 – y), que es la de un limón arquetípico (El Semanal, 27 de febrero de 2011). Por supuesto, esas líneas pensables pero no visibles, exactas, no pueden coincidir con las irregularidades o rugosidades de las frutas materiales, que se acercan a ellas sin llegar a ellas)

Concluyo:

Las Matemáticas clásicas (cuyas relaciones son exactas) definen unos límites o atractores a los que tiende la materia, sin llegar a ellos (Veo el parecido de esta idea con Platón)

Como todo ello sucede desde antes de que hubiera humanos, las Matemáticas están fuera de la mente humana y organizan o gobiernan las formas de la materia.

Pero quedan unos márgenes o diferencias entre las formas materiales y las formas matemáticas exactas.

Si los seres materiales (como los humanos) fuéramos matemáticos exactamente, todos seríamos

=iguales
=invariables
=eternos

Lo que no es el caso.

Este margen objetivo entre Matemáticas exactas y materia se descubre también en el estudio de la abstracción subjetiva o razonamiento.

Formamos nuestros conceptos

=hallando lo que hay de común entre realidades distintas y
=dándole nombre.

Por tanto, lo que no hay de común, lo único, lo que nos hace únicos, lo singular, lo no-matemático-exacto de cada realidad material, es

=inconceptuable
=pero accesible a la intuición, que empíricamente sabemos que ve su unicidad; la intuición es la clase de pensamiento o representación que se practica en el arte y el amor o el odio.

(El margen de inconceptuable y no matematizable exactamente es lo que funda las diferencias humanas y, entre ellas, la intertransexualidad o la homosexualidad)

Profundizo:

Newton elaboró la fórmula matemática-exacta de la ley de la gravedad.

De acuerdo con lo anterior, se podría haber predicho

=que la realidad material de la gravedad se acercará a esas relaciones matemáticas exactas, pero nunca llegará a ellas;
= y esto es lo que la experimentación empírica comprueba constantemente.

(Lo mismo se puede decir de Einstein: a partir de deducciones matemáticas exactas, sobre el papel, dedujo que en las grandes distancias rige una geometría no euclidiana, pero la investigación comprueba que no es ni puede ser de manera exacta)

Por tanto,

=los seres materiales tienden a la perfección matemática exacta de sus formas
=que no llegan a ella, porque dejarían de ser materiales, convirtiéndose en teoremas.

Ésta es la justificación de nuestra existencia individual, como seres distintos de la perfección racional, pero que tendemos a ella.

También esto ocurre en nuestras relaciones: esto explica la diferencia entre la justicia material y posible y la justicia perfecta o exacta o imposible.

Esta distancia insalvable entre las Matemáticas (exactas) y la materia hace pensar que las Matemáticas (exactas) no son de este mundo material; que no sólo están fuera de la mente humana sino fuera de la materia.


La proximidad-distancia entre la realidad material y la perfección lógicomatemática exacta hace preguntarse si

=¿la realidad material, no las formas matemáticas a las que tiende, es suficientemente lógica como para ser
=suficientemente coherente (o consistente), es decir,
=tener suficiente sentido lógico?

La respuesta dentro de la lógica cerrada es “no”; en ella, las afirmaciones son lógicas o no; pero dentro de la lógica difusa, la respuesta es “más o menos”.

=Existe en efecto una lógica cerrada, que forma sus conjuntos matemáticos sobre un “sí o no” (anotados como “igual-desigual”)

=Y una lógica difusa que forma sus conjuntos matemáticos sobre un “más o menos” (descubierta por Lotfi Asker Zadeh, Doctor honoris causa por Granada, entre otras muchas distinciones)

=La lógica difusa se aplica con más o menos coherencia o consistencia (no absoluta) a los seres materiales y a sus relaciones materiales.

Examinemos como ejemplo un proceso material, el de la sexuación humana.

En él aparecen empíricamente, no necesariamente (podría ser de otra forma, como la división ternaria de las abejas), dos atractores que parecen cualitativos, no cuantitativos, el de masculinidad (M) y feminidad (F)

Pero los seres humanos nos diferenciamos en la gestación por medio de un proceso cuantitativo, la androgenización, que puede ir de 0 hasta N (máximo empírico)

Este proceso numérico forma por tanto un continuo, en el que la feminidad se define por los valores cercanos a 0, la masculinidad por los valores cercanos a N y la intersexualidad por los valores cercanos al punto medio.

Se forman así conjuntos difusos de sexo de los que se puede hablar coherentemente y son por tanto lógicamente consistentes aunque en términos difusos, caracterizados porque los elementos de los conjuntos lo son por “más o menos”, no por “sí o no”.

Estos conjuntos difusos guardan relación por tanto con un continuo numérico, matemáticamente consistente en sí mismo. Pero,

=Las divisiones materiales M, I y F no se pueden establecer en puntos intermedios exactamente determinados de ese conjunto por un “sí o no”, sino en zonas difusas caracterizadas por un “más o menos”. Y

=Aunque cada realidad material determinada tenga una determinada forma numérica de andrógenos, ésta no se puede calcular exactamente para insertarla con absoluta precisión en el continuo. Por lo que

=Sigue existiendo una distancia entre la forma material y la forma matemática que la rige.

En general, al considerar las formas materiales que aparecen ante nosotros, constatamos:

=No les es aplicable una lógica cerrada, de “sí o no”.

=Les es aplicable una lógica difusa, de “más o menos”. Por lo que, consideradas espaciotemporalmente,

=La forma lógica difusa que mejor las describe es la historia.

La historia no es exacta, pero tiende a ser exacta sólo en la correspondencia menor o mayor de su narración con los hechos que quiere referir.



CONJUNTOS DIFUSOS DE SEXOGÉNERO



Hoy 7 de marzo de 2011 he reescrito este artículo que terminé de escribir en su primera versión el 4 de agosto de 2009, dentro de la dinámica del grupo de Conjuntos Difusos, cuando nos reuníamos en el bar Botánico, de Granada.




(La lógica binaria no corresponde a la materialidad del sexogénero)

Los conjuntos difusos son un concepto lógicomatemático de Lotfi A. Zadeh, publicado en 1963-65, que se refiere a realidades que se pueden agrupar sobre un criterio de más o menos y no de sí o no.

La lógica que se desarrolla a partir de este concepto es una lógica multivaluada, en la que hay muchos valores de verdad, mientras que la lógica que se desarrolla a partir del concepto binario de sí o no (o 1,0) es una lógica bivaluada.

No es que la primera sea verdadera y la segunda falsa. Es que la primera es la que corresponde a ciertas realidades y la segunda a otras.

Por ejemplo, si clasificamos los paisajes que conocemos según su belleza o su fealdad, estaremos situándolos en conjuntos difusos de bellísimos, muy bellos, bellos, corrientes, feos, muy feos, feísimos. No es una operación mental puramente subjetiva ni especulativa: sobre ella se montan de hecho estrategias de viajes, desde los tiempos del Grand Tour de los ingleses, que tienen las consecuencias económicas que conocemos,

Por otra parte, toda la informática está fundada sobre un sistema binario de 1,0, o de lógica bivaluada, cuyos valores de sí o no resultan imprescindibles para conseguir los propósitos a los que responden los ordenadores.

El binarismo no es por tanto el uso de la lógica binaria, sino la pretensión, errónea y de resultados calamitosos, de tratar binariamente realidades que no lo son ni lo pueden ser conceptualmente.

Pero la distinción entre binario y difuso no es binaria. Quiero decir que no hay sólo realidades binarias y realidades difusas. Hay realidades no binarias que no son difusas, y cuando se está en una práctica no binarista hace falta distinguir entre unas y otras. Es preciso tomar en consideración lo no binario, pero no difuso, y lo no binario y difuso como lo que son.

Partimos de que la lógica binaria aparece a nuestros ojos con un prestigio y una radicalidad que nos incita a querer que sea binario lo que no lo es. Queremos que haya una belleza (1) y una fealdad (0), un bien (1) y un mal (0), al que coherentemente se ha definido como “la falta de bien”, pero sabemos que en estas realidades existe verdaderamente una amplia zona de grisuras.

Lo mismo se puede decir de la pretensión de que sólo existan hombres y mujeres. Esta frase es binaria (1,0) si partimos de una definición rigurosa, por ejemplo basada sobre el sexo cromosómico: ¿Es persona XY? Entonces, contamos el valor sí; ¿no es persona XY? Entonces, contamos el valor no. También podemos hacer la misma operación con las personas XX.

Encontramos entonces la definición de hombre como no XX y la de mujer como no XY. Pero la frase que consideramos empieza diciendo “sólo”, es decir, que supone que “todos los humanos somos XX o XY”, lo que sabemos empíricamente que es falso, puesto que existen personas que no son XX ni XY. Por tanto, el sexo cromosómico no es una realidad binaria y empeñarse en que lo sea es binarista. Más adelante veremos que el sexo cromosómico, no siendo una realidad binaria, tampoco es difusa.

Lo mismo, o más, sucede si usamos otro criterio para definir hombre y mujer, por ejemplo, la forma de la región genital, en la que nos encontramos todas las variaciones de la intersexualidad en una proporción relativamente elevada, de alrededor de un 2% de los nacidos. La realidad es por tanto no binaria, y la negación de la realidad conduce por ejemplo a imponer reasignaciones quirúrgicas para ajustar a la persona intersexo a los dos únicos conjuntos supuestamente existentes.

En cambio, alcanzamos lo no binario o difuso cuando se trata del género como conducta, y se trata de definir lo masculino y lo femenino. Sabemos que esto, que a simple vista resulta inasible, se convierte en los sistemas binaristas (objetivamente erróneos en cuanto a los sexos, tal como se ha visto) necesariamente en un Código de Género autoritario, puesto que no corresponde a la realidad y sólo se puede imponer por miedo.

De hecho, el Código de Género de nuestra sociedad, de manera no escrita, enumera cuidadosamente las profesiones, conductas, ropas, arreglos, gestos, posturas, maneras de hablar, etc que se consideran masculinas o femeninas, e impone a quien lo contravenga penas que van desde la irrisión pública al destierro familiar, la pérdida de empleo, la cárcel o la de muerte, impuesta por linchamiento o crimen de odio, o por ley escrita.

Mientras que la estructura no binaria y no difusa, en el dominio somático, es cuestión de mayorías/minorías, en el terreno del género la estructura no binaria y difusa afecta a todas las personas, como una liberación de la falsedad, puesto que en un sistema binarista todas se ven obligadas a ceñirse a los preceptos del Código de Género binarista, unas convirtiéndose en opresores, incluso contra su voluntad, y otras en oprimidas, incluso aunque no lo sepan.

La comprensión de la realidad no-binaria en cuestiones de sexo y de género va a menudo acompañada por una sensación de alivio, que surge de la distensión de las rigideces interiorizadas del Código de Género todavía vigente.

(Los conjuntos difusos de sexogénero)

Puesto que la realidad sexual y de género no es binaria, cabe preguntarse por qué no forma un continuo indiferenciado, un más o menos infinitamente gradual, sino conjuntos o núcleos.

En parte es por razones objetivas, según el elemento definidor que usemos. Existen verdaderamente conjuntos de personas XY, o de personas XX, o de personas X0, o de personas XXY, etcétera. No hay un continuo de más o menos, sino de diferencias cualitativas. En este caso hay que hablar de una realidad que no es binaria, pero tampoco difusa.

La realidad difusa se encuentra cuando se puede definir por un más o menos, y esto es lo que ocurre precisamente con el proceso de androgenación de 0 a N que experimentamos o no los humanos prenatalmente.
Partiendo de una morfología común, que incluye dos tetillas y un órgano clitorideopeniano, los seres humanos, siguiendo los cromosomas X o Y, permanecemos en una forma femenina, que es la básica, o nos masculinizamos más o menos.

Como se verá, hemos tenido que recurrir a un “más o menos”, con lo que estamos definiendo conjuntos difusos de sexo, formados sobre un continuo de no-androgenación o androgenación. Al tratarse de una formación de andrógenos que forma un flujo, éste no se puede calcular en cantidades materialmente exactas para todos los humanos.

La existencia de dos atractores estadísticos (también llamados extraños), masculino y femenino, forma parte de la realidad; sin embargo, al ser sólo estadísticos, y por tanto abstractos e inmateriales, los seres humanos materiales estamos más o menos cerca o lejos de su cuantificación mayoritaria, encontrándonos una minoría lejos de ellos.

Esta minoría puede experimentar su situación intermedia en las formas fenotípicas más visibles y entonces se llama, con criterios más pragmáticos que lógicos, intersexual; en algunas personas, esta fuerte intermediariedad parece ser que interviene en las estructuras cerebrales y entonces suele resonar en la sexualidad, o conducta biológicamente ligada al sexo.

Todo ello forma conjuntos difusos de sexo. Sin embargo, en los humanos hay que distinguir también la consciencia de estas realidades.

Se trata de las representaciones y los sentimientos ligados a la propia realidad sexual, más los elementos aportados por la superestructura cultural, que pueden ser aceptados o rechazados por cada cual, y que constituyen su identidad de género.

La identidad de género es por tanto un proceso cognitivo, referido a la propia posición en cuanto a los dos atractores estadísticos. Puede ser lineal, cuando está más o menos de acuerdo con el atractor asignado, o cruzada, cuando está más que menos en desacuerdo. En este caso, se habla de transexualidad, también con la misma intención más pragmática que lógica que se ha usado con la palabra intersexualidad.

De hecho, no está muy lejos de la realidad usar un término común para la una y la otra, que puede ser el de intertransexualidad.

Es claro que la identidad de género también constituye un nuevo plano, el consciente, de conjuntos difusos en torno a los dos atractores. Es el más o menos lo que los forma.

En los humanos, las materialidades difusas del sexo más las consciencias difusas de la identidad, forman el género, en el que las conductas se pueden definir fácilmente con un más o menos masculinas o femeninas (hay un verdadero continuo que va de lo extremadamente masculino a lo extremadamente femenino) y hay una amplia zona más o menos indefinida entre los dos extremos.


El género es por tanto el resultante de todos los elementos biológicos, biográficos y de consciencia de los humanos en relación con los dos atractores estadísticos de la sexualidad. Por eso, prefiero decir sexogénero, a la vez que observo que las variaciones constituyen un continuo no-binario en el que se forman conjuntos difusos.

Estos conjuntos difusos de sexogénero tienen una función de consciencia. Actúan como simplificadores de la realidad, por un mecanismo de abstracción que registra las afinidades de sexogénero (afinidades: semejanzas, simpatías, no igualdades, matemáticamente imposibles en la realidad material)

Si no fuera por la existencia de las afinidades, existirían miles de millones de géneros, tantos como personas. Las afinidades centran la conciencia en mayorías que se identifican en torno a los atractores estadísticos (mayorías que pueden estar formadas también por personas intertransexuales, que tienen una identidad definida por uno de los atractores) y minorías que se sitúen más bien al margen de los atractores (personas intertransexuales con identidad inter o trans, que en este caso suelen tener como referencia su propia condición personal, más bien que un atractor, y que por tanto asumen identidades muy variables de unas a otras)

Todas ellas, objetivamente, dentro de conjuntos difusos de sexogénero.

domingo, marzo 06, 2011

Uno





Mi atención al Dios Único no viene de mi educación, ni de que sea una abstracción (culturalmente variable), ni de que sea una tradición histórica...

Todo eso viene de mi experiencia personal e individual.

El primer indicio fue cuando elegí, para mi Primera Comunión, con 7 años, de la jaculatoria “Que yo esté en Vos, Señor, y Vos en Mí”. Me atrajo de ella la sensación de un flujo seguido por un reflujo de amor. Todo cerrado, como un abrazo.

El segundo, más explícito, fue el deseo, sentado una tarde en el suelo del comedor al despachillo de mi padre, con nueve años, jugando con la tartana y su mulico de lata, de tener un juguete en el que pudiera poner toda mi atención (centrar excluyentemente mi pensamiento) y que valiera por todos. Me puse a buscarlo mentalmente, sabiendo que no lo encontraría, y permanecí así varios días.

=No fue una experiencia mística. Me la despertó el deseo de un juguete, que yo pudiera poseer.
=Representa una necesidad de la conciencia, subjetiva, no una visión objetiva. Pero era tan intensa, que parece que corresponde a la estructura de la realidad.
=Aunque nunca me hubieran hablado de Dios, esta necesidad habría surgido de mi manera de ser. Educarme en una sociedad politeísta o atea sólo me hubiera dejado sin desarrollarla.
=Ahora necesito que mi sentido de la vida tenga un centro, un uno, para que mi pensamiento no se disperse sin sentido y con la angustia de ser arrojado a un desierto en el que da lo mismo ir a cualquier parte.

Esta noche he experimentado la tendencia ahora frecuente a que mi mente se quede en blanco. La relaciono con la fascinación de los ordenadores, cuando acabo una tarea concreta.

En ese momento, mi conciencia me parece como un cristal blando, acuoso, ligeramente oscilante, que contempla una niebla blanca, de la que me cuesta trabajo salir. Más miedo que distensión.

Si quiero pensar en Dios, me encuentro con que no puedo imaginar nada, puesto que Dios es espiritual. Me quedo en esa situación de vacío. Los que han vuelto de un estado de premuerte hablan de la luz intensa que es amor. Bueno, ya tengo una imagen.

Por eso soy estrictamente monoteísta. No puedo poner a Cristo en el sitio del Uno porque necesito algo que no me disperse y que valga a la vez por todo y la imegen humana de Cristo me dispersaría: tendría que pensar en sus distintos hechos, en su figura... Necesitaría esa luz blanca fuerte y amante, y que en ella estuviere todo...<>

martes, febrero 22, 2011

Mirando hacia atrás y hacia delante




Escribo el balance de mi transexualidad de dos maneras. La primera es la que escribí hace varios días; estaba triste; es una forma triste de ver mi pasado; parece sólida, porque es convencional, corresponde a lo que estamos acostumbrados a pensar; la escribía desahogándome, era sincera, pero correspondía al estado de ánimo que me producen las convicciones todavía generalizadas sobre el sexo: que debe ser bien definido, que no debe ser ambiguo (¡incluso en las personas transexuales, cruzado, pero definido!) A medida que escribía, pensaba que esto era demasiado pesimista, que no nos ofrecía esperanza. Quería terminar con palabras de esperanza. No las encontraba. Es que en la versión tradicional del sexo no la hay.

Hoy, por fin, me acordé de lo que yo pienso, pero todavía no vemos, y por tanto se me olvida: que la realidad es que hay personas definidas e indefinidas y que, cuando toda la sociedad lo comprenda y lo respete, el resultado será mucho más fluido de lo que imaginamos. Ahora mismo, la transexualidad es extrema y compulsiva, porque la sociedad nos hace a todos extremos y compulsivos al no admitir la existencia de la ambigüedad. Cuando la admita verdaderamente, veremos nacer actitudes blandas, fluidas, adaptables.

Pongo aquí los dos textos, para ejemplificar la diferencia. Me da pena haber puesto hace unos días sólo el primero; le habrá dolido a las personas transexuales que lo hayan leído y sólo puedo alegar que era muy sincera y que necesitaba ser sincera; la base de la escritura es la sinceridad; para no ser tan negativa, intenté ponerle alegría y no lo conseguí.

Pero lo que veo ahora, en el segundo texto, es a la vez alegre y sincero.

(El texto del pasado)

Cuando ahora hago balance, me parece que hubiera sido mejor definido sexualmente. Sé que para mí, habiendo tenido mi madre que someterse a medicación de estrógenos para tenerme, la alternativa real hubiera sido no nacer, y esta reflexión es suficiente para responder a cualquier pregunta sobre mi condición. Pero si en el futuro fuera posible detectar y corregir la excesiva acentuación de la hipoandrogenia prenatal, responsable de mi transexualidad, yo lo apoyaría, porque me ha hecho sufrir demasiado, y no sólo socialmente, sino íntimamente, privándome de alegrías que las otras personas conocen.

Mi sexualidad es un desastre. Empecé pensando que tenían que atraerme las mujeres; me gustaban, pero no las deseaba. Esto quedó, naturalmente, en poco o nada. Poco después me empeñé en que tenían que gustarme los hombres, a los que en realidad rechazaba. Confundí amistad, ternura y deseo, pero lo he intentado una y otra vez, toda mi vida.

Mi estructura sexual es la de un heterosexual insuficiente. Le echo la culpa a la demasiado escasa definición cerebral que, a la vez, me salvó la vida. He encontrado a veces un empuje hacia la sumisión que se parece a la heterosexualidad femenina. Pero no llega a ser amoroso, se queda en parafilia.

Durante casi toda mi vida adulta, mi difusa inclinación hacia la mujer, estalló a solas en una Fascinación por la Imagen de la Mujer en el Espejo (la escribo con mayúsculas porque está bien identificada), que se llama también autoginefilia y es uno (uno) de los fundamentos de la transexualidad. Pero me avergonzaba, porque no me parecía un sentimiento femenino. Desapareció cuando empecé a hormonarme, y no lo eché de menos.

Desde que llegué a la pubertad, en cambio, desapareció también mi antigua condescendencia, casi ternura distraída, hacia mis genitales impúberes, bajo una piel clara, que sabía sólo que me servían para hacer pis. Una fimosis me los mostró feos. Y la pubertad, feísimos, extraños, postizos, incomprensibles. Simplemente, no correspondían con lo que mi cerebro estaba preparado para entender.

Hubiera querido que permanecieran en estado impúber. Puesto que no fue posible, he deseado y ha sido bueno extirpármelos. Ciertamente esto me ha dado bienestar y estabilidad. Y lo que puedo querer para mí, lo puedo querer para otras personas que son como yo. Una adaptación personal, un remedio in extremis.

Éste es el balance de mi sexualidad, que me ha dejado sin poder amar ni desear a nadie, y también sin hijos. No ha hecho de mí una mujer; soy un hombre menos cuarto, ni siquiera tres cuartos de mujer.

Pero tengo que defender el derecho a ser como soy, porque no puedo ser de otra manera, y a ser respetada tal como soy, porque ese respeto se debe basar también en el dolor que he sufrido. Las personas transexuales no somos seres frívolos; somos personas que intentamos adaptarnos a una condición que nos encontramos al nacer.

También estoy contenta de haber abierto la Seguridad Social para nuestras cirugías en España, porque esas cirugías suponen un alivio verdadero. Y recientemente, de haber llegado a la noción del No-binario de sexogénero que puede hacer que muchas personas descubran que no tienen que definirse tanto, o que la cirugía no las define tanto; que pueden ser transexuales y tener hijos, como Thomas Beatie, etcétera

El Orgullo GLBT tiene sentido para mí. Estoy orgullosa de haber sido fiel a mí misma, hasta el punto de romper los miedos sociales y llegar al quirófano que (yo) necesitaba; y ahora, por afirmar que todo eso no me hace mujer (a mí) o sólo una cuarta parte de mujer. Estoy también orgullosa de haber sobrevivido a quienes entienden la diferencia como motivo de burla y de opresión, sin pensar en los motivos de la diferencia.

Es decir, creo que, pese a mis constantes sentimientos de culpa, he gestionado aceptablemente la transexualidad en la que me encuentro como un hecho, aunque me parece que hubiera sido mejor no ser transexual.

(El texto del presente y del futuro)

Cuando ahora hago balance, me parece que hubiera sido mejor nacer en una sociedad que no hubiera exigido de mí definirme como hombre o como mujer; quizá, indefinido en un mundo de definidos y de indefinidos, hubiera amado y hubiera tenido hijos; hubiera amado, la palabra más grande para mí; hubiera tenido hijos, que habrían fluido con naturalidad de mi cuerpo como nacen las flores de las plantas

He nacido como persona ambigua y eso es bueno, porque la ambigüedad acentúa la sensibilidad en las personas XY y la asertividad en las personas XX, una variedad benéfica para la especie, pero he vivido en un mundo que no reconocía nuestra ambigüedad, lo que me ha dejado sin amor y sin hijos

Sé que para mí, habiendo tenido mi madre que someterse a medicación de estrógenos para tenerme, la alternativa real hubiera sido no nacer, y esta reflexión es suficiente para responder a cualquier pregunta sobre mi condición. Pero no me puedo casi imaginar un mundo en el que fuera normal que yo fuera como soy. En el que las mujeres no esperaran de mí que me comportase como un hombre, y eso fuera normal, y los varones no exigieran de mí una conducta de varón.

Las mujeres me agradaban, pero no las deseaba. Quise buscar novia, pero naturalmente no la encontré, siempre descubría un pretexto para alejarme. Pero me imagino ahora que yo hubiera podido ver reconocida mi ambigüedad vistiendo por ejemplo un vestido un poco soso como los de mi amiga Lorelei, que era alemana. Hubiéramos sido casi dos versiones del mismo ser. ¿Con qué naturalidad hubiera fluido nuestra amistad, si nadie esperase de mí que fuera un hombre?

Hubiéramos ido juntas al cine. Nos hubiéramos cogido las manos ¿No podríamos habernos casado? ¿No podríamos haber tenido hijos?

Sobre los hombres. Sabía que era diferente. Pero tenía que sentirlo calladamente, en silencio. Externamente, se suponía que era como ellos. La diferencia se tornaba inquina, aborrecimiento. ¿Cómo hubiera sido si, desde el primer momento, hubiera yo sabido que tenía el derecho de ser diferente? Los hubiera visto con curiosidad, como desde el otro lado de un cristal, hasta con admiración, con ternura y afecto, como se puede ver a los diferentes. Ojalá ellos también supieran que yo era diferente y me respetaran por ello, como una rara flor.

Quizá no hubiera aborrecido lo que me hacía semejante a ellos, los genitales. Quizá no hubiera sentido el apremio de liberarme de ellos, Quizá no hubiera tenido que operarme, simplemente, porque contase con que en mi documentación figurase un nombre ambiguo, que podría ser Kim, y una mención del sexo que dijera A, ambiguo, por ejemplo.

Quizá hubiera sido suficiente la ropa para proclamar mi ambigüedad. Ropa ambigua, que fuera entendida y respetada como ambigua, Seguramente, faldas ambiguas. Quizá una estética, unos cosméticos. Una consideración social. Unos hijos que pudieran estar orgullosos de que su padre fuera ambiguo.

miércoles, febrero 16, 2011

Quetzalcóatl o lo No-binario



Tener esta ascendencia me despierta el deseo de entenderla.

Tenerla: nadie es su ascendencia. Somos únicos, los primeros y los últimos cada cual. Son nuestros cuerpos los que vienen de alguna parte.

Entender esta ascendencia me parece relativamente fácil.

Venimos de Quetzalcóatl, el dios o el hombre. El dios Quetzálcóatl era el hermano de Tezcatlipoca, un concepto común en las mitologías o en el inconsciente colectivo, como lo llamó Jung, que afirma simbólicamente la existencia de contrarios, como el bien y el mal, y la necesidad de juntarlos en una unidad superior.

Pensando previamente, por otro lado, yo había pensado que si nuestro concepto de Dios expresa el "¿por qué?" final que puede parar las preguntas de los niños, la causa de todo, tendría que ser la causa del bien y del mal, y por tanto, hallarse más allá del bien y del mal, donde la lógica finaliza y colapsa.

O sea: Quetzalcóatl representa una parte de una dualidad, la dualidad moral. Se ve que, a su vez, es otra dualidad, la del ave quetzal y la serpiente, el espíritu y la materia, el hombre.

Ahora bien, en la historia-leyenda, el hombre Quetzalcóatl fue humillado y murió, pero anunció que volvería.

Es como si la historia de mi familia fuera la de la nostalgia de Quetzalcóatl y su ausencia.

Ausente Quetzalcóatl, quedó todo libre para Tezcatlipoca, para el mal. Expresado en Huitzilipoztli, el mal, como en todas partes, tiene sed de sangre humana. Durante generaciones se alimentó de sacrificios humanos.

Pero Netzahualcóyotl, el rey de Texcoco, también expresó la nostalgia de un mundo de paz, flores y belleza.

Motecuhzoma Xocoyotzin, su nieto, mi décimoquinto abuelo, cumplía con los sacrificios humanos, pero sabía que Quetzalcóatl retornaría un año Uno-Caña. Y así fue: el año Uno-Caña, 1519, llegaron los barbudos y terminaron con los sacrificios humanos, aunque también cometieron muchos crímenes (la llegada de Quetzalcóatl también se puede decir que fue la de la Virgen de Guadalupe en vez de Tonantzin en el Cerro de Tepeyac)

Tecuixpox, la hija de Motecuhzoma, era probablemente la titular de la soberanía, como bisnieta de Atotoztli, sobrina bisnieta a su vez de Ilancueitl, la estéril. Legitimó al casarse con ellos a mis dos últimos familiares que fueron Huey Tlatoani, Cuauhtláhuac y Cuauhtémoc y luego entró entre los nuevos Quetzalcóatl, al bautizarse, llamándose Isabel.

Tras otros tres matrimonios, con 22 años se casó con Juan Cano, y fueron mis décimocuartos abuelos. No es probable, pero no imposible, que Juan Cano fuera un Cohen, un Kahn, descendiente de Aaron, señalando la posible profundidad de ese matrimonio.

Es posible que esta sucesión por las bisnietas se repitiera otra vez cuando su bisnieta también llamada Isabel, se casó con su primo, Francisco de Moctezuma, legitimándolo acaso como sucesor. El padre de Isabel, Pedro de Toledo y Moctezuma, había renunciado a sus derechos españoles a favor de Felipe II, pero probablemente no renunciara a sus derechos mexicas.

Puede ser que la sucesión se renovara una vez más en su propia bisnieta, también llamada Isabel de Moctezuma; pero no sé si tuvo una bisnieta mujer.

¿Es la sucesión de Quetzalcóatl la que se ve en esta historia?

¿Soy yo la primera persona de nuestros tiempos que lo ha comprendido?

¿Yo, que por senderos distintos, llevo dándoles vueltas a los dualismos, pensando en que Dios tiene que estar más allá del Bien y del Mal, y que lo No-binario debe ser la razón final de la diferencia de sexogéneros?

¿Qué es lo que la historia de Quetzalcóatl me dice en el presente: que lo No-binario está por encima de la dualidad, en un esquema ternario, en el que haya una realidad distinta por encima de las distinciones binarias, tres realidades pues, o que lo No-binario está dentro de esa misma distinción, en la forma de un continuo cuyos extremos desde luego actúan como Atractores, pero en el que todas las realidades son infinitamente intermedias?

Esto es lo que sostengo últimamente como fundamento de mi vital, necesaria, reflexión sobre el sexogénero, que me lleva a pensar que es un continuo de realidades personales más o menos cercanas o intermedias a los dos grandes Atractores del Varón y la Mujer.
¿Y todo lo que he aprendido en mi vida como transexual significa que incluso el Bien y el Mal deben formar parte de un No-binario continuo, en el que cada hecho participa en más o menos de la atracción de los dos Atractores, ninguno de los cuales está separado por una fisura uno de otro, lo que significa que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son en el fondo los dos Atractores de ese continuo, no dos personalidades separadas, aunque estén enfrentadas y sean contrarias?
Como dicen simbólicamente otras tradiciones, esos Atractores, representados por hermanos gemelos, pelean entre sí desde el vientre de su madre, que sería la matriz común donde se han formado. El Bien y el Mal pelean; pero es posible buscar un plano superior en el que esas realidades binarias hallen una paz que sea más que el descanso entre la guerra.
Si los descendientes de Quetzalcóatl hemos llegado vivos en nuestros cuerpos al siglo XXI y sabiéndolo, esto es acaso lo que tendrían que aprender nuestras almas.

viernes, febrero 04, 2011

Coherencia o sentido (religión filosófica)



La noción fundamental que me inspira es la existencia de una matriz matemática que rige la materia (ver Pitágoras, Galileo, Kepler, Newton, Einstein, Planck, Heisenberg)

La atrae a sus formas, sin que nunca pueda llegar a ellas, inmóviles y exactas como teoremas. La distancia entre la matriz matemática y las realidades materiales atraídas por ella es la base de la historia, entendida como la tensión entre la realidad espaciotemporal y la racionalidad atemporal (historia natural inconsciente e historia humana consciente; la moral)

A su vez, esta distancia tiende a obedecer a otras matemáticas, no ya las matemáticas de las formas materiales, sino las matemáticas de su distancia a las formas matemáticas. Estas nuevas matemáticas contienen las de los conjuntos difusos (más o menos; Zadeh), las del caos, etcétera.

Todo ello se presenta subjetivamente a la conciencia humana como una angustia por el sentido, pues la distancia entre lo material y lo racional es temida a menudo como sinsentido.

Sin embargo, el hecho de que la racionalidad sea útil y práctica para entender y transformar la realidad, en planos de razón sucesivamente más profundos, permite entender el deseo de sentido como una esperanza de coherencia. A medida que entendemos los porqués, encontramos satisfacción emocional y paz intelectual. Desde nuestra niñez estamos preguntando y elaborando cadenas de porqués, framentarias, para entender la realidad. Estas respuestas sucesivas nos dan el sentido de nuestra realidad personal y de su distancia con la racionalidad perfecta.

Racionalidad que seguramente colapsará, como el espaciotiempo en el Gran Principio, en un punto sólo accesible como forma de conocimiento a la intuición, tal como nos muestra la experiencia diaria de la abstracción, que consiste en encontrar los elementos comunes entre las distintas realidades, lo que deja necesariamente un residuo de unicidad, de incomunicabilidad racional, que sólo se puede conocer por la intuición.

miércoles, febrero 02, 2011

No estamos solos




En http://Carla Antonelli.com he publicado "Imaginaciones transexuales", de la que esta entrada se puede considerar una continuación.


Decía que siento que la sexualidad humana no me gusta, como si fuera un extraterrestre, y que añoraba, en el vacío, una sexualidad distinta, que incluso me atrevía a imaginarme, más suave, más gentil, menos binaria.

Podía parecer que era una cuestión de ciencia ficción. Al fin y al cabo, no conocemos más especie racional que la humana, y por consiguiente, nuestras particularidades tendemos a suponerlas universales y naturales, lo que nos ha llevado a definir, por contraposición, lo que hemos llamado contra natura.

Sin embargo, es verdad que no estamos solos. En nuestro propio planeta, estamos comprendiendo que tenemos a nuestro lado poblaciones de capacidad equivalente a los antiguos Australopitecos, nuestros antepasados, homínidos primitivos.

Los más cercanos son los del género Pan, chimpancés y bonobos, a los que actualmente se discute si deberían ser incluidos en el género Homo, como el antiguo Homo habilis.

Mirando a los bonobos, de los que quizá sobreviven ahora unos 10.000, nos encontramos con que su sexualidad es muy distinta de la nuestra, y sin embargo, hay que observar que es plenamente natural.

Físicamente, son gráciles, finos y delicados. Es verdad que hay también bastante diferencia de estatura entre varones y mujeres, pero los varones bonobos suelen ser bastante individualistas, mientras que las mujeres tienden a asociarse, lo que hace que la sociedad esté de hecho gobernada por un grupo de mujeres.

(Y tengo una buena razón para llamarles varones y mujeres: si los investigadores humanos les ponen un espejo -o si en la naturaleza encuentran un charco quieto y transparente, supongo- se reconocen a sí mismos. Esto quiere decir que son capaces de sentir el concepto que funda nuestra humanidad: la intuición de que yo soy yo; es decir: yo estoy gozando; o yo estoy sufriendo...)

En sus pequeñas sociedades, de unas cien personas, el sexo es muy promiscuo, y casi continuo. Las mismas personas pueden practicar una sexualidad heterosexual, variable en sus formas, y en otras ocasiones una sexualidad homosexual, tanto entre varones como entre mujeres.

Existen familias, cuyas relaciones afectivas son más intensas y puras, formadas por las madres y sus hijos, fundadas en unos cuidados maternales que duran varios años, y en los lazos afectivos y de reconocimiento mutuo que se pueden crear así.

Los varones son poco o nada agresivos, y suelen resolver las situaciones de tensión mediante algunas formas de contacto sexual mutuo, pero lo mismo que puede resolverlas una mujer con un varón; el sexo tiene para ellos un valor distensor muy eficaz.

Tengo derecho por tanto a sentir que la sexualidad humana no me gusta; no es la única; no es la única forma de la sexualidad que sea lógica y natural.

No quiero decir que esta forma de sexualidad tenga que gustarnos a todos; pero sí que es menos peleona y dicotómica que la nuestra; tampoco quiero decir que me guste ni siquiera a mí, pero sí que contribuye a que yo reclame el privilegio de la plena racionalidad: que pueda imaginar lo que no veo, y que tenga derecho a que no me guste lo que veo.

Lo que me ha hecho transexual.

lunes, enero 31, 2011

Moral gaylesbitrans



Yo creo que la base de la moral está en la inocencia. Lo que veíamos como bueno y natural cuando éramos inocentes y el mal que nos horrorizó. Por cierto, muchas personas recordamos la inocencia de nuestros primeros amores o nuestras primeras identidades, no conformes como luego vimos con la norma.

Pero no voy a insistir en algo tan sólido pero amenazado como la inocencia. La moral también se funda en el sentido común. Si fuera bueno mentir, robar, matar o dañar corporalmente, no sería posible salir a la calle; ni permanecer seguro en la casa.

Lo digo sin fantasear, porque ésta es la realidad de ciertos territorios sin ley. O de ciertos ambientes de nuestra sociedad, en los que mentir, robar, hacer daño (por lo menos, no todavía matar), despreciar, ponerse ciego de placer egoísta, es normal. Se siente la necesidad de aire fresco frente a estas realidades! Por lo menos, a veces lo encontramos.

Demos un paso más. Por sentido común, es preciso que nazca un respeto a todas las personas. Quizá la inocencia nos pida una buena predisposición hacia todas, aunque luego la prudencia nos aconseje mantener los ojos abiertos.

Respeto en particular a los más cercanos. Y más a los más íntimos. Unas relaciones íntimas, con quienes hemos elegido para ellas, fundadas en el respeto mutuo, en la buena predisposición, en la confianza. Cualquier relación que no se base en estos principios, está condenada a su final, a la soledad, o a un infierno.

¿Por qué titulo esta entrada "Moral gaylesbitrans"? Simplemente, porque la moral para las personas gaylesbitrans es la misma que para cualquier persona, se funde en el sentido común o en la inocencia.

jueves, enero 27, 2011

Muerte de David Kato



He recibido ahora mismo, gracias a diversos flujos de militancia, como Reddespattrans, que a su vez remite a la Fundación Triángulo, que a su vez lo habrá recibido de Sexual Minorities Uganda, información de un hecho que sucedió en una casa de ese país:

"David Kato fue encontrado en su casa de Kampala con signos de haber sido golpeado hasta la muerte, testigos aledaños manifiestan que un hombre huyó de la casa en un coche que le esperaba a la salida. David Kato tras ser encontrado muy grave murió de camino al hospital.

El asesino no obró por sí mismo. El crimen fue incitado por otros:

"El asesinato ha ocurrido tras la publicación hace algunos meses de su foto en un diario de Uganda, acusándole de ser homosexual y con su fotografía y localización de su domicilio en portada, junto a la foto de otros activistas y personas a las que acusaba de promotores de la homosexualidad en Uganda."

Pero a su vez, los responsables del diario, autores morales del asesinato, fueron incitados por otros:

"Por su parte Val Kalende, Director de la organización Freedom and Roam Uganda declaró: “La muerte de David es el resultado del odio plantado en Uganda por los Evangélicos de Estados Unidos en 2009. El gobierno de Uganda y los auto-proclamados evangélicos deben asumir su responsabilidad por la sangre de David."

¡Pobre David! ¡Pobre compañero! ¡Pensar que te ha llegado la muerte!

¡Y pensar que te han matado en nombre de otro a quien otros mataron también!

¡Porque vivíais en este mundo, pero no teníais sitio en el mundo de ellos!

sábado, enero 22, 2011

Más allá del Bien y del Mal



La matriz matemática en la que se formaron los dinosaurios, devorándose, llenos de pavor, y los humanos con sus guerras, y todos con sus enfermedades y dolores no puede ser calificada como un paraíso, como un ejemplo del bien.

Es algo pensable que rige y organiza la materia, pero no es un buen pensamiento. La lógica biológica es implacable.

Éste es el Principio; ¿cuál será el Fin?

Sin embargo, Dios funda la Lógica de la lógica; es necesario lógicamente articular el pensamiento con el postulado de un Principio y un Fin que tengan sentido, que sean coherentes; que sean Uno, lógicamente, de manera que se justifique la realidad de que podemos construir, estamos construyendo de hecho, un discurso universalmente coherente, pues si no existiera ese principio de unidad, sólo quedaría la dispersión de los discursos, la incoherencia; o mejor dicho, no habría habido nunca un solo discurso; después del estallido inicial, las moléculas se habrían dispersado y deshecho.

Si hay esa necesidad de un Principio y Fin que sean Uno, discursivamente y físicamente, es que está más allá de las alegrías y las miserias de la materia; que la matriz matemática lo supone en una forma todavía no vista nunca; pero que, en todo caso, está más allá del Bien y del Mal material.

"Dios es Mayor," dice el Islam con sobrecogimiento, siempre Mayor, Mayor que todo. Dios es Gloria, más allá del Gozo y del Dolor. Dios es nuestra Ansia y nuestro Terror. Demasiado grande para soportarlo. "Todo viene de Dios y vuelve a Dios", dice también el Islam. El fundamento de la matriz matemática nos absorbe, queramos o no.

Más allá del género



Esta página se llama Outgender porque empecé queriendo decir que yo me sentía fuera del género.

Me doy cuenta de que ahora parece que se llama Outgender porque habla de cosas que siento con mucha fuerza pero que no son el género ni el sexo.

Sé que éste es el efecto de la transición. Gracias a haber transitado, soy ahora una persona equilibrada que puede pensar en otras cosas.

Sé que si no hubiera transitado... Dios mío, si no hubiera transitado estaría, en mi ancianidad, en la peor de las miserias. Mirando toda la existencia de las transexuales como una maravilla inalcanzable. Idealizándola hasta la irrealidad (está bien, pero no es para tanto)

La presencia en mi cuerpo de unos genitales que nunca he comprendido sería una cuestión obsesiva. Me acuerdo precisamente de dos amigas que todavía no han podido hacer la transición, que la ansían con todas sus fuerzas y que están en esa miseria. ¡Qué dolor lacerante!

Supongo que habría hecho el esfuerzo tremendo de olvidarme de todos estos sentimientos y de centrarme angustiadamente en las mismas cuestiones que ahora me interesan; lo habría conseguido pero al coste de una mutilación personal desgarradora y heroica: no poder ver mi cuerpo como deseaba verlo; no poder ser ante los otros quien soy.

¿Y quién soy? Pues, exteriormente, nadie muy definido. Ahora, en invierno, llevo pantalones, zapatazos de hombre (tengo una talla 46), un chaquetón de mujer pero gris e impreciso y eso sí, un pañuelo al cuello del arcoiris que me ha regalado un querido amigo. El cabello gris, más o menos en aureola rizada, y sin ningún maquillaje. Y mi muleta.

Supongo que, para quienes me miren con mi 1'87, no les pareceré siquiera una trans, sino un hombre ambiguo, o afeminado. Tampoco estarán muy lejos de como yo me veo, salvo en que de vez en cuando, también con total naturalidad, me pongo una falda.

Sé que, sin embargo, quedan detrás heridas incurables. He perdido mi juventud entera. Esto sólo se sabe lo que es, cuando se pierde definitivamente. Cuando lo recordaba, aun al principio de mi transición, el dolor me desgarraba, casi literalmente. Ya nunca conocería ciertas cosas. No las he conocido.

Hice mi cambio con más de cincuenta años. Pero lo que he conseguido, es que siento la seguridad, el bienestar, la despreocupación, de estar operada. Es algo en lo que no necesito pensar, pero que cuando me acuerdo, pasa por un momento con agrado por mi cabeza.

Y naturalmente, pienso en las otras cosas que me interesan, con absoluta relajación. Como cualquier otra persona interesada por ellas. Ahora sí que estoy más allá del género, porque puedo sencillamente no pensar en él.

Pienso en Genealogía, que me es un grandísimo entretenimiento (y me sirve para autoafirmarme en otras dimensiones) Pienso en otras cuestiones que sobrepasan el entretenimiento: en mis Filosofías, en mis Teologías, con las que profundizo en el sentido de la vida, ya que mi vida necesita tanto entender su sentido. En mis versos y mis narraciones, cuando los sentimientos alcanzan fuerza particular.

Escribo sobre ellas, me escribo con otras personas, algunas queridas, participo en foros. En general, me olvido de que soy transexual. Hablo por teléfono, con mi voz profunda, a veces se plantea un encuentro y sólo entonces tengo que pensar en lo que hago y si explico algo previamente, optando en general por la total despreocupación. ¡También tienen ellos derecho a conocer por fin a una persona transexual, y comprobar que es una persona como otra cualquiera!

Todo lo que acabo de contar hace de mí una privilegiada, que puede hasta bromear con su condición. Hace veinte años, no era éste el caso para mí, que me sentía obsesionada, tristísima, desequilibrada. Veinte años después, éste sigue siendo el caso de numerosas personas, de una manera u otra.

En general, ahora lo sé, son víctimas del binarismo de género. Es el binarismo el que supone que los cuerpos son inmutables y no entiende la transexualidad y la castiga con la irrisión, por si no fuera respetable el dolor que conlleva; es el binarismo el que no sabe que los géneros son culturales y construidos culturalmente, y supone la unión indisoluble entre cuerpos y géneros; es el binarismo el que nos fuerza a veces a elegir "entre hombre y mujer", cuando, si pudiéramos elegir de verdad, no elegiríamos ni lo uno ni lo otro; es el binarismo incluso lo que hace a los profesionales que quieren ayudarnos, proyectar sobre nosotras su binarismo y creer que, por nuestro bien, debemos ser mujeres estereotipadas u hombres supermachos.

En unas pocas palabras: yo estoy más allá del género y estoy a gusto. ¿Por qué todo lo relacionado con esto tiene que seguir siendo tan difícil y penoso para muchos seres humanos?

Les diría a mis compañeros, compañeras y compañeres que viven en la angustia, que la única manera de superar la angustia personal es convertirla en esfuerzo colectivo. Mucho es decir esto para personas tan encerradas en nosotras mismas como hemos sido obligadas a vivir las transexuales; pero es la única esperanza de paz, consigamos lo que consigamos o fracasemos en lo que fracasemos individualmente.

viernes, enero 21, 2011

España hidalga




Nací en ella y todavía existe, aunque profundamente en peligro. Estaba fundada en reglas muy sencillas y rectas. Los hombres eran nobles y considerados. Mi abuela (materna) decía que mi padre era un caballero. Contratar con un apretón de manos era más seguro que una firma. Las mujeres eran maternales y dirigían el día a día de la familia. Los recuerdos de la vida de los niños eran a menudo tan puros y felices que cuando se vienen a la cabeza hacen llorar.

Estaba fundada en una educación transparente y homogénea, la católica, que enseñaba a actuar moralmente bajo la mirada de Dios, que todo lo ve, y a esperar otra vida mejor después de las miserias de ésta.

La mayor parte de las personas se situaban cómodamente en aquel sistema y vivían en paz y honradamente.

Pero aquella manera de vida tan equilibrada tenía un solo defecto muy grave: era muy cerrada, como temerosa de que cualquier movimiento la desequilibrase.

Los sexualmente distintos no teníamos por delante nada más que el silencio total. No había ningún sitio para nosotros.

Pero tampoco había ningún sitio para nadie que quisiera pensar por su cuenta y que se hiciera sus propias preguntas. Luego, unos y otros, a menudo los unos siendo los mismos que los otros, nos hemos visto arrojados de nuestra patria natal, aunque la amáramos.

Y amándola mucho, y desde fuera, nos tenemos que preguntar: ¿No podría la España hidalga ser más abierta? ¿Y no podría la España abierta ser más hidalga?

miércoles, enero 19, 2011

Dios





Voy a decir cómo me acerco yo a Dios. Tengo una forma filosófica de ver lo invisible.

Primero, por la Lógica. Hace unos veinticinco años, pensé y no olvidé que la Lógica está por encima de nuestra voluntad. Las relaciones lógicas son invisibles en sí, pero están ahí, inmutables, eternas.

Esto es la Lógica que rige el Universo, como bien sabríamos si delinquiéramos y el fiscal descubriera la lógica de nuestro delito, aunque quisiéramos que esa lógica no existiera.

Segundo, más detalladamente, por las Matemáticas, que son una parte de la Lógica. Sigo a Pitágoras. Ya hace mucho tiempo, observó que la Música obedece a las Matemáticas, es decir, que la Materia obedece a una Idea.

Esto lo vieron de nuevo Galileo, Newton, Einstein, Planck, Heisenberg, los padres de la Física Moderna y de la Física Contemporánea.

Esto significa que las Matemáticas no son una obra de la mente humana; más bien, el ser humano es una obra de las Matemáticas.

Que están ahí, invisibles, pero reales, formando una matriz que organiza a la materia/energía (lo sabemos: E= mc2, la fórmula de Einstein)

En este orden lógico, previo a la conciencia y la voluntad humana, se organizan, con grados de complejidad creciente, la Física, la Biología, la Psicología...

Al llegar a ésta, llegamos a la libertad humana (capaz de decidir destruir el Universo, si pudiéramos)

Y tercero, en este punto, nos encontramos con un texto convergente con tal Cosmología, pues trata de la lógica y la libertad, el antiguo apólogo del Árbol del Bien y del Mal que nos recuerda que tener la libertad física de hacer algo no es lo mismo que tener libertad moral para hacerlo.

Todo ello pone una realidad invisible por encima del ser humano, que prevalece moralmente sobre todas nuestras rebeldías. Suficientemente grande, más grande que todo lo que suponemos en todo nuestro transgresionismo y liberacionismo, todo nuestro deseo febril de ser los Supremos.

sábado, enero 15, 2011

El Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal y la transexualidad





En el libro del Breishit (Génesis) casi al principio, hay un apólogo de gran valor filosófico y antropológico.

El Creador les concede a Adán y Eva que puedan comer de todos los árboles del jardín, menos del que está en el centro: el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

Entonces, el Enemigo del Hombre les engaña, diciéndoles que si comen, serán como dioses.

Ellos comen, y ven por primera vez con ojos turbios: sienten vergüenza de sus cuerpos. Y luego vienen todos los desastres.

Es fácil entenderlo: los humanos podemos usar toda la Naturaleza; de hecho la usamos en lo que está a nuestro alcance. Pero no podemos decidir lo que es bueno y malo; esto está por encima de nuestra voluntad, como la verdad está por encima de nuestra voluntad; o la lógica. ¡Cuántas veces, cuando hemos hecho algo mal, querríamos que la verdad y la lógica fueran lo que nos conviniera y no lo que son!

Los humanos querríamos ser como dioses, crear el mundo y sus leyes morales a nuestra conveniencia; pero con la inmensa fuerza que tenemos, eso no lo podemos; no podemos decidir el bien y el mal, aunque quisiéramos. Están ahí.

El Tanah (la Biblia) dice cuál es ese bien y mal. El Profeta Oseas lo decía muy claro:

“No existe ni verdad
ni cariño
ni conocimiento de Dios en esta tierra.
Perjuran
mienten
asesinan
roban
adulteran
violentan
sangre y más sangre”

Esto es horroroso. No podemos ni concebir que alguien decida que eso es "bueno", aunque algunos lo han intentado (materialistas dialécticos) Esa ley del bien y del mal está por encima de nuestra voluntad. Está ahí. El Tanah no razona cómo se justifica esta ley. Pero, en lenguaje filosófico, podemos encontrar una razón, válida para quienes creen en el Creador y para quienes no: el criterio de la práctica.

Sin embargo, muchas veces aborrecemos esto y desearíamos lo contrario. Nos figuramos que podemos conseguirlo. A esto le llamamos ética de la Liberación y la Transgresión. Por principio: Transgresión de todo; Rebeldía general, contra todo. Como dioses.

La ética de la transexualidad se presenta a veces, tanto por nuestros amigos (liberacionistas) como por nuestros enemigos (Dios mío, los cristianos que no saben ser cristianos) como una ética de la Transgresión.


No lo es; simplemente nos encontramos con una situación, un dolor, un desajuste, que en realidad no viene de nosotras, sino de que nuestra cultura es estrechamente binarista. No transgredimos por transgredir. No lo transgredimos todo.

Transgredimos un Código de Género, vigente en nuestras costumbres, que es binarista y por tanto injusto. Y en el Árbol del Bien y del Mal, una de las frutas que no podemos arrancar, que está por encima de nuestra voluntad, es la llamada a la justicia que provoca la injusticia.

Seguimos el orden del Bien y del Mal cuando hemos llorado o hemos sido maltratadas por nuestros enemigos y hemos deseado otra cosa.

viernes, enero 14, 2011

Contraeducación





Tienes razón; estoy sobrecogida.

Los muchachos y las muchachas están contraeducándose. Salen a la calle y el alcohol y el sexo son lo normal (no el amor)

Su mundo tiene colores sombríos; no colores limpios y sanos.

La criminalidad, la golfería de otro tiempo, antes marginal, llena calles y casas.

Nadie hace nada por detenerlo. Todos los políticos son cómplices de este estado de cosas, o por pereza o porque les complace este mal.

Sonrisas vacías, que parecen muecas.

En el cine, la fantasía del vampirismo, pero la realidad del bien y el mal confundidos.

Un joven o una joven trans tiene que vivir, nada más que por ser trans, una vida extraordinaria. ¿Qué sentirá, cuando salir a la calle es salir al vicio de los demás? En otro tiempo, una buena educación moral podía al menos sostenerlo como persona; si ahora cree que no hay más que placer, egoísmo, brutalidad, qué tristeza le amenaza?

Por lo menos, le digo esto: lo mismo que sólo dentro de ti puedes encontrar las razones para ser trans, y para ser trans a tu manera, sólo dentro de ti encontrarás lo que es digno de amar: la pureza, la rectitud, el respeto a ti y a todas las personas.

lunes, enero 10, 2011

Dieciséis años




El día 5 hizo 16 años que me operé. Me figuro que a algunas amigas les interesará cómo me ha ido.

Lo primero que voy a decir suena hoy raro: pero si yo hubiera conseguido vivir constantemente en el Mundo de la Santidad, el de la Rectitud o la Pureza, el de las personas que ven más allá de lo material, un mundo tan hermoso, no me hubieran preocupado demasiado las cuestiones de mi identidad de género, que son de tejas abajo.

Pero no lo conseguí. Tuve que vivir de tejas abajo.

En este terreno pegado al suelo, he visto cómo, en general, me alegraba de haberme operado. Precisaré que yo no quería tanto como una neovagina. Hubiera sido suficiente quitar los genitales masculinos y dejarme en un estado asexual.

También hubiera sido suficiente, quizá, conservar los genitales si hubiera podido conservar mi impotencia y que se supiera, como digo esta semana en el Comentario en http://CarlaAntonelli.com

Lo que yo no entendía, ni quería, era la funcionalidad masculina, ni que quienes me vieran creyeran que yo era un varón como cualquier otro. No lo era.

Lo que sí se ha disipado en estos años es la fascinación por la Imagen de la Mujer en el Espejo, lo que Blanchard ha llamado autoginefilia y Anne Lawrence ha admitido considerándola un motor de muchas transexualidades.

No lo es; te la encuentras en el camino y, mientras dura, es verdad que es un motor para tomar decisiones. Es como un reflejo fragmentario masculino que puede ofender el sentido de tu identidad. En mi experiencia, bastó con la hormonación para que se desvaneciera. Sin embargo, mi transexualidad siguió intacta porque se basaba en otros sentimientos.

El paso de las ideas binaristas a las no-binaristas me ha ayudado mucho a entenderme. Si no quiero ser varón, no tengo por qué ser mujer. Es suficiente que sea lo que siempre he sabido que soy, lánguido, ambiguo, sentimental, llorica, con estallidos de ira que no me gustan, admirando a las mujeres pero no deseándolas sexualmente, rechazando a los varones pero aceptándolos sexualmente...

Soy como soy, de tejas abajo. Ahora intento subir al tejado de la Pureza, aprovechando que tengo casi 70 años y que el borde de la vida se ve cada vez más cerca y que estoy sentimentalmente tranquilo o tranquila, nada más que ansioso de algo más, de la Hermosura que reina en las alturas.

sábado, enero 01, 2011

Uno de Enero



El Uno de Enero es una buena fecha para hacer declaraciones.

La primera es por qué llevo algún tiempo hablando de cosas que no son la transexualidad e intercalándolas con las cuestiones principales del blog.

Es porque me sentía dividida entre varios blogs, como con personalidades distintas, y ahora quiero juntarme yo misma en lo posible, que éste sea mi blog central, la mejor expresión de yo misma.

Y en esta voluntad, me encuentro con mi preocupación por la otra vida, si existe o no, si hay un Dios que organice la realidad o no. Ésta es la primera de mis preocupaciones, hasta el punto de que, por encontrar la respuesta, sería capaz de olvidarme de la segunda, las cuestiones de mi identidad.

Ayer fui demasiado pesimista, al hablar del gran hueco de la Ausencia que nos ha dejado Dios. No me acordaba de que tengo por lo menos una certidumbre, que viene de Pitágoras y Platón, sobre la matriz (matrix) que forman las Matemáticas para configurar el Universo material.

Es decir, algo que es razón, abstracción, es previo a la materia y la organiza. Eso es lo mismo que pensaron los Judíos cuando pusieron en el Santo de los Santos del Templo sólo tres objetos: una medida de longitud, una de volumen y un juego de medidas de peso (Encontré este dato en Robert Graves y no sé de dónde lo sacó) Es decir: Él es el Dios de la medida, el Dios de las Matemáticas (la Justicia es medida...)

Por tanto, cabe la esperanza racional, filosófica, de que la materia no sea la última realidad y que cuando se descomponga la nuestra no sea el final para nosotros.

Sobre mi segunda preocupación, mi identidad, también me voy aclarando cuando pienso que hasta hace poco, como todos o casi todos, he estado atrapada en el pensamiento binarista, del que empiezo a liberarme.

El no-binarismo me enseña que soy una persona ambigua, que existimos, que tenemos el derecho de ser reconocidas. Soy más bien masculina, pero no soy un hombre, y me desagrada que me consideren un hombre; sobre todo, no tengo una sexualidad de hombre, hubiera preferido no tener una pubertad masculina.

A la vez, tampoco soy una mujer. Hay muchas formas de ser de las mujeres que yo tengo que traducírmelas, porque no las comparto, en especial los fuertes, superfuertes sentimientos hacia los bebés.

En fin, que no me entendía ni como hombre ni como mujer, pero puedo entenderme como ambiguo, a mi manera, distinta de otras personas ambiguas, pero dentro de lo ambiguo.

viernes, diciembre 31, 2010

Presencia y Ausencia




Hasta el siglo XIX, Dios aparecía majestuoso, fuerte, terrible. Temor de Dios, real, después retórico: “Grande es Dios en el Sinaí”, Castelar en el Congreso de los Diputados. Una Presencia.

Avanza el estudio filológico e histórico de la Biblia, y en el siglo XX, incluso para los creyentes, todo se vuelve inseguro, dudoso, confuso, débil.

Hay un hueco infinito, una falta, una nostalgia, un clamor (nuestra Guerra Civil) Pero existe como Ausencia. Los hombres se dividen entre quienes saben que sienten el vacío y quienes viven como si no lo sintieran, y por eso zahieren e incluso persiguen a los que aceptan que lo sienten.


Todo estaría permitido si no hubiera Dios (Dostoievski) Pero quienes sentimos su Ausencia nos vemos invitados a actuar como si estuviera presente, por la fuerza de este Vacío que es la forma de Dios en el siglo XXI.

La Biblia era un Código y se convierte en un dato.

miércoles, diciembre 29, 2010

Mayor precisión gracias a la Biología





(Debo a ni amiga la Dra. Amalia Jiménez, de Granada, la incitación a leer sobre la biología de la diferenciación sexual, y a un texto muy claro del Dr. Rafael Rico García-Rojas, de la Universidad de México, algunas de las nociones que me han valido para fundamentar esta entrada)


La diferenciación sexual entre lo masculino y lo femenino sucede a partir de un embrión aparentemente indiferenciado, dotado al mismo tiempo de estructuras de Muller y estructuras de Wolff, que en el futuro serán propias de mujeres y varones respectivamente.

Sin embargo, el embrión está diferenciado en un nivel más profundo por los grupos de cromosomas XX, XY y otros más, y sobre todo, por una realidad binaria, la presencia o ausencia del gen SRY en la mayoría de los cromosomas Y, mas no en todos.

Cuando existe el gen SRY, a partir de la octava semana de la gestación, se sintetiza testosterona embrionaria y luego dihidrotestosterona que masculinizan al feto.

Si no existe ese gen SRY ni por tanto testosterona, el embrión se feminiza.

Quiero llamar la atención sobre el hecho de que esta formación de testosterona y dihidrotesterona es un flujo y, como tal, sujeto a un más o menos, y por tanto a una mayor o menor masculinización del feto, que origina una mayor o menor diferenciación, que en los grados menores, y también de forma graduada, puede llamarse intersexualidad.

Éste es el espacio en el que se crea un conjunto difuso de sexo, caracterizado por un más o menos. Mientras que la presencia o ausencia del gen SRY es binaria (sí o no), la diferenciación es no-binaria (más o menos)

Al considerarse la socialización ulterior y la conducta de los seres que somos, más o menos diferenciados, encontramos dos planos, que son la sexualidad, o conducta directamente asociada al sexo, y el género, o conducta culturalmente asociada al sexo, que pueden estar también más o menos diferenciados.

Seguimos por tanto en el ámbito del más o menos y por tanto de los conjuntos difusos o del no-binarismo de sexo-sexualidad-género.

Es verdad que, en esta conducta o actuación de las potencialidades sexuadas, volvemos a encontrar una realidad binaria al considerar la fertilidad. La mayoría de los seres sexuados son fértiles, pero hay una minoría de infértiles.

Se trata de nuevo de un “sí o no”, un binario. Pero la fertilidad no es un atributo necesario de todos los individuos de una especie –considérese el caso extremo de las abejas, una sola hembra fértil en cada comunidad acompañada por una gran mayoría de hembras infértiles y algunos machos fértiles. Por tanto, de los individuos infértiles pueden esperarse contribuciones a la especie distintas de las de su reproducción individual.

Las personas transexuales somos potencialmente fértiles y muchas procrean hijos, aunque parece ser que la transexualidad procede de una intersexualidad cerebral que no se manifiesta directamente en los genitales.

En algunos casos, se observa una tendencia a la incompatibilidad emocional entre cerebro y genitales; en otros, la intersexualidad cerebral tiene efectos en la identidad, la sexualidad o la conducta de género, sin afectar a los genitales. En todos ellos, se registra un “más o menos”, un conjunto difuso de la transexualidad que deja margen para la adaptación, para la transacción e incluso para la procreación.

domingo, diciembre 26, 2010

Transexualidad no-binaria




El binarismo es la creencia ideológica de que hay hombres y mujeres. "¡Y yastá!". Sabemos que la realidad es más variada. El binarismo la acepta a regañadientes, pero censura, patologiza, descalifica a todos los que estamos en sitios más o menos intermedios.

En términos binaristas, cuando no estabas a gusto al lado de los hombres, no te quedaba más que pasar al lado de las mujeres. Un barranco metafísico por medio. Un abismo de no ser, entre un ser dividido en dos.

Aun así, nosotras nos atrevimos a saltar ese foso. Por eso, fuimos llamadas trans-sexuales. De un llano al otro, barranco por medio.

Pero no comprendíamos que, por debajo de nuestras suposiciones, la realidad era no-binaria.

Ahora la vemos, vemos que hemos estado siempre en ella. Vemos que no hay conjuntos cerrados de hombres y mujeres, sino conjuntos difusos, de personas que son más o menos hombres, o más o menos mujeres.

Incluso hay conjuntos de personas que asumen que son más o menos intersexuales o más o menos transexuales...

Y para los homosexuales, lo mismo. Mucha gente es más o menos homosexual, más o menos hetera. Es decir, la mayoría son más o menos bisexuales.

Por tanto, las cosas cambian para la transexualidad.

Si se piensa que otra cosa es demasiado griálica, demasiado utópica, ya no es preciso saltar del todo al otro lado. Nos podemos quedar en alguna de las amplias llanuras intermedias que hay donde antiguamente se veía un imaginario barranco.

Entrando en ella, se puede hacer quirúrgicamente o no quirúrgicamente, hormonalmente o no hormonalmente, con un cambio de género espectacular, o con un cambio de género moderado, según lo que cada cual comprenda de sí y de lo que puede y lo que no puede.

Nos encontramos con una transexualidad mucho más relajada, de muchas formas. Pero antes, el binarismo, nos hacía pensar que hubiera una "transexualidad verdadera" y temer que la nuestra fuera errónea; un "sí o no", esencia del binarismo. Ahora sabemos que la transexualidad es cuestión de un "más o menos", fórmula del no-binarismo donde cada cual se encuentra donde está; dicho de otra manera, donde quiere estar.

Porque no-binaristamente, la transexualidad se puede definir como una intersexualidad cerebral que se expresa en términos hormonales, quirúrgicos o de género.

martes, diciembre 21, 2010

Mi historia en estado de revista




Con unos doce años, me emocionó leer una novela sobre unos guardiamarinas británicos que en el siglo XIX hacían un viaje en un gran bergantín por los mares del Sur.

Eran muchachillos muy disciplinados, ingenuos, buenos, nobles, buenos compañeros (me imagino, ya no me acuerdo bien), que llevaban uniformes inmaculadamente blancos que correspondían a su manera de ser.

Por eso lloré mucho, leyendo aquella historia y pensando que yo no podría ser uno de ellos.

Un año después llegó mi pubertad y no pude aceptar lo que significaba ser varón.

Viviendo en un medio binarista sin fisuras, en 1954, si yo no quería ser varón, no podía ser más que mujer.

Aquella perspectiva me atrapó. Era fascinante, superponer sobre mi figura una figura de mujer. Sería bella, querida, admirada, respetada (era un iluso de trece años)

Era tan fuerte, que durante años y años estuve persiguiendo aquel sueño.

Sin embargo, algo no encajaba y periódicamente me desengañaba de él, pasando a vivir una temporada en un estado de frialdad, impersonalidad y sentido del deber. Luego volvía la fase transexual, ardiente, apasionada, vital, loca...

De todas formas, cuando vi que esas vacilaciones se repetían en un ciclo, no pude decidirme a hacer ninguna transición, temiendo que volviera el desengaño. Incluso decidí, con treinta y dos años, renunciar del todo a mis sentimientos, que no me llevaban a ninguna parte.

Hasta que, al cabo de muchos años, el estado de ansiedad, casi frenesí y casi locura en el que llegué a encontrarme, me hizo decidirme y hacer la transición, en lo que acerté, pues a partir de entonces me estabilicé y hallé primero un estado de felicidad gracias a mis amigos, y luego un estado de bienestar en el fondo permanente.

Cuando me operé, de manera privada, pues no existía entonces la atención pública, me hubiera gustado decirle al cirujano que se limitara a quitar los genitales masculinos, que no me hacía falta que hiciera los femeninos, pero desistí, para que no fuera a denegarme la operación suponiendo que estaba trastornada.

Durante todos estos años, en tono menor, han reaparecido las antiguas vacilaciones, con el pensamiento de que yo no soy exactamente una mujer, aunque el haber dejado de ser varón las compensaba.

Sin embargo, gradualmente, fui tomando conciencia de la realidad del no-binarismo de género. Ya el año 2000 empecé a ver que lo de ser mujer, era ser "más o menos" mujer, lo que
me dejaba bastante campo para entenderme. Despertar fue lento y trabajoso, pero en 2009 ya estaba despierta del todo, aunque un poco desnuda, recordando mi antiguo entendimiento de mí mismo como distinto de los varones, como ambiguo, es la palabra exacta, un sentimiento ingenuo, inocente y limpio, de mis once o mis doce años, que ahora estoy dispuesta a mantener precisamente por la realidad de su inocencia, que puede acercarme a las lágrimas.

Resulta entonces que, en efecto, yo no podía y no quería ser varón, como lo eran todos los que me rodeaban, pero que eso no significaba que tuviera que ser mujer.

Podía ser ambiguo, o intersexual, ahora lo sé. Lo que era, lo que siempre he sido. Un ángel sin sexo, pero enérgico, decidido, San Miguel con la espada en la mano. Un guardiamarina con uniforme inmaculado.

Tenía que aprender a ser yo mismo. Como me dice mi amigo Pablo Vergara, he acabado por transitar de VaI, de varón a intersexual. Lo he aprendido del no-binarismo de género o, en términos positivos, de la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero. No hay sólo hombres y mujeres; también estamos los intersexuales. No hay sólo heteros; también hay los homos; y los bisexuales... Existimos, tenemos derecho a existir.

lunes, diciembre 20, 2010

Abajo el Test de la Vida Irreal



La lucha contra el Test de la Vida Irreal se convierte en la expresión concretísima y máxima de la lucha por la Autonomía Trans.

Cuando se consiga (porque es imparable, lo conseguiremos) será fruto de la lucha de las personas transexuales que combaten por su Vida Real.

No hay fórmulas prefijadas de género; no hay formas que pueda juzgar un profesional para la expresión de género de otra persona.

Sólo cada cual, en cualquier caso, en cualquier circunstancia, puede decidir su expresión de género, si ponerse ropa unisex o definida, falda o pantalón, maquillarse o no, o cómo maquillarse, atendiendo a lo que mejor le siente, lo que mejor sirva a sus intereses; imponerle otra cosa es sexista, que un extraño defina cómo debe vestir otra persona es alucinante.

Lo denunciamos ante el Movimiento Feminista, lo denunciamos ante las Unidades de Género para que tomen conciencia con espanto de lo que están haciendo, lo denunciaremos ante los organismos gubernamentales de Igualdad, lo denunciaremos ante los tribunales nacionales e internacionales.

¡Ganaremos!

¡El Test de la Vida Irreal humilla a personas reales!

domingo, diciembre 19, 2010

Ejecuciones de hipotecas

Publicado en mi blog http://econuestra.blogspot.com el 27 de octubre de 2010


El diario "Ideal" de Granada dice hoy que tres familias granadinas pierden sus casas cada día por razón de sus hipotecas.

Si multiplicamos por 50 (es práctico y suele funcionar), en España serán 150 familias al día.

600 personas... 3000 cada cinco días, los laborables de una semana... unas 12.000 al mes... 144.000 al año... Los padres, los hijos que aprenden desde pequeños lo que es un desahucio, los abuelos que vivieran con ellos...

Ésta es una de las consecuencias más dolorosas de la crisis. ¡Perder la casa!

En su columna, Melchor Sáiz-Pardo, Defensor del Ciudadano de Granada, dice que puede haber remedios de emergencia, como períodos de carencia, renegociaciones de la deuda, ejecutar la hipoteca, pero dejar a la familia vivir en la casa...

Las hipotecas, normalmente, tienen una dimensión privada, pero en esta crisis, tienen una dimensión pública. Requieren soluciones públicas: legislación coyuntural, apoyos...

¿No es con dinero público extraordinario con el que se ha atendido a las necesidades de los bancos? ¿No será con medidas públicas extraordinarias con las que habrá que atender a las víctimas de la crisis?

¿No las estamos dejando hasta ahora entregadas al "sálvese quien pueda", en total soledad, como si fueran problemas privados?

¿No sería, la búsqueda de esas soluciones de emergencia, la micropolítica que demostraría que se está pendiente de los más perjudicados?

viernes, diciembre 17, 2010

Manifiesto personal no-binarista






Publicado previamente en
http://arcoiris-difuso.blogspot.com

Por Kim Pérez


Todos sabemos que somos hombres y mujeres. Éste es un dato básico de nuestra cultura. Y de nuestras leyes. Cuando nace un niño, tiene que ser dado de alta como hombre o como mujer. Y en los documentos de identidad, hay sólo dos alternativas: hombre o mujer.

Sin embargo, todos sabemos también que nacen niños intersexuales. Pero se considera que esa es la excepción que confirma la regla, y hay que meterlos, aunque sea a empujones, en una de las dos casillas, hombre o mujer.

También sabemos que, cuando crecen, hay hombres que no están a gusto siendo hombres, y mujeres que no querrían ser mujeres. Se nos llama transexuales, y también tenemos muy claro que, si no somos lo uno, tenemos que ser lo otro. También, aunque sea a empujones, tenemos que ser mujeres u hombres.

Por tanto, la realidad cultural y legal es que hay hombres y mujeres, y quienes no se ajusten, tienen que ser hombres o mujeres.

Esto se llama “binarismo de sexogénero”. Significa que la realidad física y físicopsíquica, o mental, tiene que ajustarse aunque sea a empujones dentro de una supuesta realidad cultural y legal, que en el fondo, es una fantasía.

La realidad real, la verdadera, es mucho más variada, más difusa. Hay un No-binario. El universo natural del sexogénero es no-binario. Hay hombres, mujeres, hombres femeninos, mujeres masculinas, intersexuales, transexuales, todos en grado diverso. Lo sabemos verdaderamente, no hace falta más que abrir los ojos, sólo que la realidad virtual de nuestra cultura nos hace olvidarnos.

Es como una “matrix” que nos hace ver que sólo hay dos donde en realidad hay más clases. Cerramos los ojos después de abrirlos.

Lo interesante es que esta “matrix” es un sistema de dominación.

Sabemos que en la cultura tradicional hay sólo hombres y mujeres, y sabemos también que, en ella, los hombres son los dominadores y las mujeres las dominadas.

O sea, que la distinción entre dos, se transforma en voluntad de dominación; o la voluntad de dominación se transforma en distinción.


La dominación es binaria, desde luego. Quien quiere dominar, admite sólo dominados. Si admitiera terceros, personas libres, su dominación podría verse comprometida. Podría haber alianzas inesperadas, etc

¡Nada de eso! Dominador y dominados. Si acaso, dominadores y dominados.

La dominación primordial, la más básica: hombres y mujeres.

Sólo que “hombres” y “mujeres” se definen matricialmente, binaristamente, dejando a un lado a quienes convenga, o burlándose y apartándonos mediante la burla, o matándonos directamente, porque rompemos el esquema binarista.

(Ese esquema de dominación no ha existido siempre; no existió cuando la forma de vida era recolectora –por ejemplo, en “Los dioses deben de estar locos”- cuando en la práctica, hombres, mujeres y hasta niños aportaban alimentos por igual; existió cuando surgió la gran caza organizada, en la que los varones tenían que alejarse del campamento para cazar a los grandes animales, y las mujeres tenían que quedarse en él con los niños, etcétera...Es una larga historia)

A medida que rompemos la dominación, rompemos el binarismo.

Quien quiera, hoy, ir contra la dominación de unos humanos por otros, tiene que ir contra el binarismo, la primera y fundamental de las dominaciones, la que entrena en la dominación, uniéndola al placer sexual.

La que hace desear la dominación.

No se puede ser no-dominacionista y seguir siendo binarista.

El feminismo empezó en el siglo XIX siendo la mayor fuerza del liberacionismo o no-dominacionismo de sexogénero; a imagen suya, nació el movimiento gay a mediados del siglo XX; y poco a poco, en un movimiento y otro, fueron surgiendo los conceptos no-binaristas (teoría queer)

Pero ha hecho falta el nacimiento del movimiento trans para que, naturalmente, el movimiento no-binarista se defina y se universalice, ya en el siglo XXI.

Vemos con toda claridad que el feminismo, el movimiento gaylésbico, el movimiento trans, y bisexual, e intersexual, del siglo XXI, tienen que ser liberacionismos de sexogénero, cada uno en su ámbito, no-dominacionismos, no-binarismos, sabiendo que la realidad de sexogénero entera es No-binaria, difusa, como un arcoiris.

Yo en mi cuerpo




Miro mi muñeca derecha y veo sorprendida que, antes de llegar a la palma, hay tres venillas finas que entran o salen de ella. No tenía ni idea de que estaban ahí. Tres pequeños conductos en mi armazón.

Como siempre me ha pasado, me sorprende estar en mi cuerpo. Lo mismo me sorprendería ver de pronto que estoy en el de una extraterrestre, completamente distinto de la estructura humana.

Yo vivo en mi cuerpo; no soy mi cuerpo; ni siquiera es apropiado decir "mi cuerpo", este cuerpo no es mío.

Estoy yo en él, pero ni lo he hecho, ni sé cómo está hecho, funciona al margen de mi conocimiento y mi voluntad, y un día fallará sin que yo sepa ni cómo ni cuándo.

Éste es el sentimiento más profundo y antiguo que tengo respecto a mi corporalidad. Junto a él, es nada que me extrañe que haya habido en él genitales masculinos, que no me haya acostumbrado a ellos, etcétera. Si me sorprende que mi piel sea del color ocre claro que es, que sea casi lampiña, a diferencia de todos los mamíferos que conozco, que el pelo esté concentrado en partes de la cabeza como las cejas, etcétera!

Creo que la transexualidad es nada más que un aspecto menor y secundario de una extrañeza radical por vivir en este cuerpo. En él soy como un ángel metido en un armatoste de conductos, cables, músculos, etcétera...

(Escribo unos días después. Ayer hablé de esto con una recién conocida, y esta noche estuve recordando cuándo pensé en esto por primera vez. La primera vez que miré mi mano asombrándome de que fuera mía, fue el año que tuve por primera vez un suspenso en clase, que me humilló muchísimo y me hizo sentir un paria; eso pasó cuando tenía... catorce años, más o menos un año después de mi pubertad y de que se definiera mi transexualidad.

Encuentro que este dato es de la mayor importancia, pues significa que mi transexualidad no fue un sentimiento aislado, exclusivamente sexual, sino la parte más práctica y visible de una extrañeza general porque mi cuerpo fuera mi cuerpo, porque yo estuviera aquí y ahora, porque mis padres fueran mis padres, etcétera, que me parece común a todos los humanos adolescentes, pero que en mí fue particularmente fuerte, como manifiestan muchos otros recuerdos)

martes, diciembre 14, 2010

Religión y Crítica




O más exactamente, al volver sobre esta cuestión del pensamiento científico y el religioso, no quisiera que se me olvidara la experiencia de aquel adolescente que fui yo y sobre el que cayó una losa claustrofóbica que no podía siquiera ver pero que le ahogaba. ¡Una pesadilla que duró decenios, la más agobiante experiencia de su existencia!

En la turbulencia de las sensaciones y sentimientos de la pubertad, descubrió que no podía hablar con nadie que se los aclarase o que no le echase la culpa por principio. No podia hablar de ellos, tenía que callar y resolver aquella terrible confusión a solas, y aquello duró decenios.

Aquella cultura estaba fundada en el axioma de que la verdad se impone, no se discute. Por eso no encontraba a nadie que quisiera sencillamente hablar con naturalidad de aquellos deseos de cambio de sexo que estaban apareciendo en su corazón, de manera que pudiera empezar a entenderse.

Por eso, si yo hubiera tenido un hijo, no querría olvidar mi propia experiencia tan dolorosa, y empezaría por enseñarle que la verdad se encuentra más fácilmente cuando se discute, ya que era la verdad sobre mí lo que tuve que buscar con ansia sin que nadie me ayudara.

Por eso veo a Hesíodo como un aliviador maestro de la verdad religiosa, al que no quiero renunciar. Cuenta, en su "Teogonía", el "Origen de los Dioses", que vivía de niño junto al monte en que vivían las Musas, según la opinión común, y al que tenía que subir todos los días, porque era pastor, para guardar su ganado.

Tenía la esperanza de verlas, dada esa circunstancia única, pero nunca las vio.

Entonces, al escribir su libro, se inventa que se le aparecieron, y que se burlaron amablemente de él, diciéndole se supone que con voces cantarinas:

"¡Nosotras sabemos decir mentiras que parecen verdades y verdades que parecen mentiras!"

Y ésa es la actitud que hay que tener ante cualquier afirmación de lo sobrenatural. ¡Ojalá hubiese tenido yo, con catorce años, alquien que me hubiera hablado, no ya de transexualidad, sino de Hesíodo! ¡Que me hubiera enseñado que mi sentido religioso, mi deseo del Infinito, mi añoranza de la Pureza, mi muchísimo respeto, mi confianza, mi admiración (no mi adoración) a Jesús Nazareno tendrían que pasar, no por la libre discusión placentera y reveladora, sino por su imposición, hasta el punto de hacerme creer que eran una losa inmensa en la que no había sitio para mis sentimientos!

No he tenido hijos, pero he podido hablarles año tras año de Hesíodo a los adolescentes que he tenido como alumnos de Filosofía.

Ojalá ya fuera frecuente (todavía no lo es) encontrar a muchas personas que unan las intuiciones religiosas a fondo con una reflexión crítica incesante!

domingo, diciembre 05, 2010

La busca de la Verdad





Si yo tuviera un hijo, al tener que educarlo, movida por el amor hacia él, querría que aprendiera el pensamiento científico crítico, analítico, metódico, antes que el religioso, que toca planos muy profundos de la vida humana, pero que está demasiado lleno de emociones y dogmatismos. Al enseñarle ese orden de las afirmaciones, le estaría dando seguridad para el futuro y confianza en mí.

Sólo una preparación crítica permite seguir con fundamento las afirmaciones religiosas, distinguiendo lo que aprendió a distinguir Hesíodo ya en el siglo VIII aC, las mentiras que parecen verdades y las verdades que parecen mentiras.

Esto quiere decir que le enseñaría a respetar por encima de todo la verdad, de manera absoluta para sí mismo, puesto que mentirse o no atreverse a afrontar la verdad es ponerse en peligro de un desastre.

Le enseñaría que del respeto a la absoluta verdad para sí mismo nacen la necesidad del estudio, la conveniencia del diálogo para hallarla, la humildad ante los propios errores, la honradez o rectitud, que es actuar conforme a la verdad, la sinceridad para los otros, que es decirla en la medida de lo que sea posible.

¡Tantas buenas cualidades dependen del respeto a la verdad! En realidad, los humanos nacemos y vivimos para la verdad. Para ella debemos desarrollar nuestros cuerpos, que son como un escalón para nuestras almas, ávidas de conocimiento. El desarrollo de la salud y de la inteligencia y todo lo que lo favorece es bueno, lo que lo impide, o lo estorba, es malo.